<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Revista Estudos Políticos</title>
	<atom:link href="http://revistaestudospoliticos.com/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://revistaestudospoliticos.com</link>
	<description>Núcleo de Estudos em Teoria Política (NUTEP) da UFRJ</description>
	<lastBuildDate>Mon, 17 Jun 2013 15:21:56 +0000</lastBuildDate>
	<language>pt-BR</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.1</generator>
		<item>
		<title>O argumento do conhecimento criador e o ceticismo moderno, por Danilo Marcondes</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/o-argumento-do-conhecimento-criador-e-o-ceticismo-moderno/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/o-argumento-do-conhecimento-criador-e-o-ceticismo-moderno/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 23 Jan 2013 17:48:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1734</guid>
		<description><![CDATA[O argumento do conhecimento criador e o ceticismo moderno Danilo Marcondes Esta Conferência do Professor Danilo Marcondes foi apresentada como abertura ao I Colóquio sobre Ceticismo, comemorativo dos 10 anos do do Laboratório de Estudos Hum(e)anos, na Universidade Federal Fluminense.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h5>O argumento do conhecimento criador e o ceticismo moderno</h5>
<h6>Danilo Marcondes</h6>
<div style="height: 22px; overflow: hidden;"></div>
<h4></h4>
<p>Esta Conferência do Professor Danilo Marcondes foi apresentada como abertura ao I Colóquio sobre Ceticismo, comemorativo dos 10 anos do do Laboratório de Estudos Hum(e)anos, na Universidade Federal Fluminense.</p>
<p><iframe width="450" height="253" src="http://www.youtube.com/embed/0wzSUw_lnL8" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/o-argumento-do-conhecimento-criador-e-o-ceticismo-moderno/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Neoliberalismo y el problema de “cómo vivir juntos”: la comunidad en la obra de Friedrich Hayek, por Victoria Haidar</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/el-neoliberalismo-y-el-problema-de-como-vivir-juntos-la-comunidad-en-la-obra-de-friedrich-hayek-por-victoria-haidar/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/el-neoliberalismo-y-el-problema-de-como-vivir-juntos-la-comunidad-en-la-obra-de-friedrich-hayek-por-victoria-haidar/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 17:48:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1570</guid>
		<description><![CDATA[Este artigo em PDF El Neoliberalismo y el problema de “cómo vivir juntos”: la comunidad en la obra de Friedrich Hayek Victoria Haidar 1 [102-123] 1Victoria Haidar é bolsista de pós-doutorado do Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas e professora e pesquisadora da Facultad de Humanidades y Ciencias e da Facultad de Ciencias Jurídicas [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" target="_blank" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p102-123.pdf">Este artigo em PDF</a></p>
<h5>El Neoliberalismo y el problema de “cómo vivir juntos”:<br />
la comunidad en la obra de Friedrich Hayek</h5>
<h6>Victoria Haidar <sup>1</sup> [102-123]</h6>
<p><strong><sup>1</sup>Victoria Haidar</strong> é bolsista de pós-doutorado do Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas e professora e pesquisadora da Facultad de Humanidades y Ciencias e da Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales da Universidad Nacional del Litoral, na Argentina. </p>
<div style="height:18px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Resumo</h3>
<p>A tendência de identificar o liberalismo com o individualismo conduziu à associação,<br />
de maneira quase excludente, entre a presença marcante de semânticas comunitárias nos regimes neoliberais e a influência de racionalidades políticas conservadoras. Contra essa leitura reducionista, ao mesmo tempo do neoliberalismo e da comunidade, este artigo contribui para discutir a problematização do “social” no liberalismo, mostrando que na obra de Friedrich Hayek se formula uma teoria multidimensional da comunidade, compreendida ao mesmo tempo como núcleo da Grande Sociedade, como uma forma histórica (ainda que espectral) da sociabilidade e como uma tecnologia de governo. </p>
<p>Palavras-chave: Friedrich Hayek, neoliberalismo, comunidade, individualismo. </p>
<div style="height:20px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Resumén</h3>
<p>La tendencia a identificar el liberalismo con el individualismo ha conducido a asociar, de manera casi excluyente, la intensa presencia de semánticas comunitarias en los regímenes neoliberales, con la influencia de racionalidades políticas conservadoras. Contra esa lectura reduccionista, a la vez del neoliberalismo y de la comunidad, este artículo contribuye a la discutir la problematización de “lo social” en el liberalismo, mostrando que en la obra de Friedrich Hayek se formula una teoría multidimensional de la comunidad, que aparece connotada a la vez como núcleo de la Gran Sociedad, como una forma histórica (aunque espectral) de la sociabilidad y como una tecnología de gobierno. </p>
<p>Palabras clave: Friedrich Hayek, neoliberalismo, comunidad, individualismo.</p>
<div style="height:15px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Abstract</h3>
<p>The trend to identify liberalism with individualism has led to associate, in a way almost exclusive, the intense presence of communitarism semantics within neoliberalism regimes, with the influence of conservatism political rationalities. Against this reductionist interpretation, at the same time of neoliberalism and community, this article contribute to discuss the problematization of the social within liberalism, showing that Friedrich Hayek’s work formulates a multidimensional theory of community, which appears connoted at the same time as the core of the Great Society, as a historical (althougt spectral) form of sociability and as a technology of government.</p>
<p>Keywords: Friedrich Hayek, neoliberalism, community, individualism.</p>
<div style="height:15px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Introdución</h3>
<p>En los años últimos asistimos a una reverberación del vocabulario de la comunidad y de las estrategias de intervención que movilizan ese espacio “cálido” como lugar privilegiado para la elaboración de sentidos, experiencias y prácticas comunes; así como de respuestas “eficaces” frente a los más variados problemas. Frente a los procesos de transformación que ha experimentado esa gran invención teórico-político de la Modernidad que es la “sociedad” (Donzelot, 2007), interpretados en términos de “desconversión” y de “destotalización” de “la Sociedad” (de Marinis, 2011), constatamos que la comunidad prolifera en el campo de las políticas sociales, educativas, sanitarias, ambientales, culturales, de seguridad urbana; en el discurso político, los <em>slogans</em> publicitarios y las agendas de las organizaciones internacionales, por mencionar sólo algunos de los múltiples dominios de enunciación y de acción en donde se registran muchas de las apelaciones<br />
a lo comunitario.</p>
<p>Para el enfoque de los <em>governmentality studies</em> [1] (Burchell, Gordon y Miller, 1991; Barry, Osborne y Rose, 1996; Dean, 1999; Rose, 1999) el <em>revival</em> de la comunidad (de Marinis, 2005) constituiría una de las expresiones más visibles de un cambio en los regímenes de gobierno, caracterizado por la disolución de los regímenes <em>welfaristas</em> -en términos de N. Rose (1996) por “la muerte de lo social”- y la consolidación de un nuevo esquema “liberal avanzado” o “neoliberal”, en el que prima la responsabilización individual, por un lado, y el llamado a hacer de las comunidades el espacio de sociabilidad moral, por el otro. </p>
<p>Esos estudios suelen asociar la insistente apelación que, en las “sociedades liberales avanzadas” se realiza a lo comunitario, a la influencia de una racionalidad política conservadora. Esto explica que, en momento de trazar las filiaciones de su aparición contemporánea, de identificar la procedencia, la “historia local” (Hacking, 1990) del concepto, esa literatura se remonta a filosofías y teorías sociales de orientación comunitarista del más amplio espectro, afines o al menos tácticamente movilizadas por posiciones políticas conservadoras [2].</p>
<p>Por otra parte, cierto sentido común sociológico que asimila de manera casi automática liberalismo e individualismo, acostumbra a expulsar todo vocabulario relativo a lo colectivo de la tradición liberal para resignarse a atribuir la “temperatura moral” del neoliberalismo a la impronta conservadora. A tal punto que a la hora de analizar fenómenos tales como la “Nueva Derecha” es común que se los describa como el resultado contingente de la articulación de dos formaciones discursivas en principio antagónicas: el individualismo liberal, que interpela a los sujetos a asumir el gobierno de sí de modo responsable y autónomo, por un lado, y la convocatoria neoconservadora a “revivir” la comunidad como espacio de inclusión y de gestión del conflicto, del otro [3] (Grondona y Haidar, 2010).</p>
<p>Más allá de las limitaciones que se atribuyen a esos enfoques para comprender tanto las formas particulares que asumió el gobierno social en América Latina (llámense “Estados de Bienestar”, “populismos” o “desarrollismos”) como la configuración, en ese mismo contexto, de otros regímenes de inspiración neoliberal, así como su insuficiencia explicativa frente a los procesos políticos que se vienen desarrollando en los últimos años en algunas sociedades latinoamericanas [4], este artículo apunta a desestabilizar la asociación excluyente de la comunidad con el pensamiento conservador, explicando que, al menos al interior de la tradición liberal que expresa F. Hayek [5], también existe una problematización de la comunidad. </p>
<p>Así, contra la sobre-identificación del liberalismo con el individualismo y el descuido que tanto los <em>governmentality studies</em> como cierta sociología han manifestado respecto de la problematización liberal del lazo social, nos proponemos mostrar que el planteo neoliberal de F. Hayek encierra un conjunto de ideas y sugerencias que delinean una teorización acerca de la comunidad. </p>
<p>Dicho argumento se desarrolla de manera progresiva. En el apartado II se contextualiza el problema de la comunidad al interior de la literatura más amplia consagrada al análisis del pensamiento de Hayek para, en los apartados subsiguientes, avanzar en la desagregación de los diversos sentidos que asume la comunidad al interior del pensamiento de este autor. En el apartado III defendemos la idea de que, tal como ha sido planteado anteriormente por A. Galeotti (1987), la obra de Hayek aloja una idea de “comunidad tradicional” de naturaleza espontánea. Pero a diferencia de lo sugerido por dicha autora, esta no es la única valencia de comunidad que emerge de la obra del economista austríaco. Por el contrario, en la sección IV explicamos que la comunidad se identifica, también, con una etapa pre-civilizatoria de un proceso de evolutivo que culmina con la emergencia de la Gran Sociedad. Como se argumenta en el apartado V, aun es posible detectar otro uso de la comunidad en este pensamiento ya que, contra la ficción del <em>homo economicus</em>, Hayek reconoce la coexistencia, al interior de la Sociedad Abierta, de “pequeños grupos” que emergen de la cooperación voluntaria de los individuos. El artículo concluye con una breve recapitulación final (apartado VI), en la que se retoman las principales líneas argumentales.</p>
<p><strong>La discusión del problema de la comunidad al interior de la obra de F. Hayek</strong><br />
La obra de F. Hayek ha sido intensamente problematizada en el campo de la filosofía política y social, la epistemología y la filosofía de la ciencia. Se ha estudiado su vínculo con la Escuela Austríaca y el pensamiento de K. Popper (Vernon, 1976), así como sus esfuerzos por fundar la teoría política y social en una teoría psicológica (Horwitz, 1997). Se discutió la procedencia, el alcance y los límites de los tres modelos en los que Hayek ancla su visión de la reproducción y el cambio social: los órdenes espontáneos, el evolucionismo cultural y la tesis de la radical ignorancia de los individuos (Barry, 1985, Lagueux, 1989, Witt, 1994). Sus principales enemigos &#8211; el “racionalismo constructivista”, el “utilitarismo”, el “cientificismo”, el “socialismo” &#8211; se encuentran nítidamente identificados (Barry, 1985, Yeager, 1985). Se han dedicado varios libros y artículos a problematizar su visión del derecho, la justicia, el gobierno y la democracia (Nemo, 1988, Gray, 1981, Dostaler, 2001). Su crítica la “Razón” se ha discutido ampliamente, así como la relativa marginación que sufre en su obra la política, entendida en un sentido sustancial (Papaioannou, 2003). Asimismo, se ha señalado cómo su devoción por el mercado, la libertad en un sentido negativo y la limitación del Estado convive no sólo con una inclinación conservadora hacia la tradición, sino con la subestimación de los derechos humanos (Losurdo, 2003).</p>
<p>Sin embargo, la cuestión de la comunidad ha sido prácticamente desconsiderada. De la multiplicidad de <em>papers </em>dedicados a la discusión de diversas aristas de la obra de Hayek, sólo A. Galeotti se ocupó en un artículo del año 1987 del problema de la comunidad y su abordaje sólo fue recuperado en un breve comentario crítico (Heath, 1989).</p>
<p>La tesis de aquel artículo se estructura sobre el interrogante relativo a la posibilidad de una teoría política que prescinda de una noción de comunidad y de membrecía. Galeotti afirma que, aun en una propuesta como la de Hayek -en la que la política se encuentra privada de toda referencia a la cooperación- existe una idea “tradicional” de comunidad.</p>
<p>Para arribar a tal conclusión, la autora establece una fructífera demarcación entre la “teoría política” y la “teoría social” en el pensamiento del economista y filósofo. La primera es identificada con la forma del “Estado mínimo”, es decir por el gobierno limitado por las normas de derecho (Galeotti, 1987, p.165). La segunda postula la existencia de un orden espontáneo fundado en la interacción de los individuos, quienes persiguiendo libremente sus propios fines y actuando de conformidad con un conjunto de normas sociales de carácter tradicional, generarían de manera “no intencionada” un orden, una estructura, en la que sus legítimas expectativas se complementan y coordinan. </p>
<p>De acuerdo a la teoría social de Hayek, los individuos no aparecen como entidades aisladas (…). La filosofía social de Hayek describe a los individuos viviendo en un contexto de reglas tradicionales que constituyen la base para la identidad individual, el entendimiento común y el sentido compartido. (…). En una palabra, la versión de la comunidad de Hayek es la tradición (Galeotti, 1987: 173) [6].</p>
<p>Así, la concepción estrecha de la política, que impide toda acción gubernamental encaminada a brindar a los individuos oportunidades para su desarrollo, resulta complementada con una filosofía social que explica la cohesión social. Hayek intenta reconciliar la “espontaneidad” del orden del mercado con la “tradición” y la “libertad” con el “conservadurismo” (Galeotti, 1987: 179). El orden político parasita, desde esta mirada, el orden social, ya que el Estado sólo puede ser mínimo si el orden social ha alcanzado un nivel de auto-regulación muy complejo, que ha resuelto por la vía tradicional, el problema de “cómo vivir juntos” (Galeotti, 1987: 173).</p>
<p>Compartimos con la autora italiana la idea de que la “Gran Sociedad” [7] en la que piensa Hayek involucra una “comunidad tradicional” que impregna todos los intercambios de mercado, desempeñándose como el soporte que asegura el orden social. </p>
<p>No obstante, mientras Galeotti atribuye a los individuos y al Estado una posición “pasiva” respecto de las normas e instituciones tradicionales, asociando esa pasividad con el conservadurismo de Hayek y la imposibilidad del cambio social, entendemos que la perspectiva que emerge de su obra es más compleja. Esto es así porque, más allá de la inclinación anti-racionalista, el propio autor echa mano, en algunas ocasiones, a un constructivismo dosificado y deposita expectativas transformativas en la capacidad de experimentación de los individuos, tal como explicaremos en el apartado V.</p>
<p>Pero, además, sin entrar a discutir la consistencia de la respuesta que el neoliberalismo austríaco provee a la cuestión de la integración en la Sociedad Abierta, consideramos que la solución “tradicional” no sólo no consigue dar respuesta al problema del conflicto entre capital-trabajo, sino que funciona como un mecanismo de exclusión, que obtura preventivamente la posibilidad de integración de todas aquellas expresiones que no se corresponden con lo que el autor entiende por “civilización”. A la comunidad como núcleo de la Gran Sociedad y sus mecanismos de exclusión nos referimos en el próximo apartado.</p>
<p><strong>La comunidad como núclo de la gran sociedad</strong><br />
Distanciándose del presupuesto del <em>homo economicus</em> que configura el sentido común económico [8] y de las concepciones esencialistas de la persona, para Hayek el individualismo es una construcción intelectual que sólo tiene sentido en conexión con la sociedad. La acción, si bien orientada por finalidades individuales y por un conocimiento siempre singular sobre el mundo, se encuentra modelada por la sociedad. La idea de que no existe oposición ni hiato alguno entre la “libertad” y la “ley”, explica que la identidad de los individuos se encuentre configurada por reglas sociales, que ni siquiera pueden ser articuladas en la conciencia individual. </p>
<p>Ante la necesidad de adaptarse al entorno, el individuo está abierto a la experimentación, pero, a la vez actúa siguiendo inconscientemente unas reglas sociales. La función esencial que desempeñan estas reglas es extender los estrechos límites impuestos a la razón individual por la condición ontológica de ignorancia radical (Kerstenetzky, 2000: 166 y 169) que afecta a los hombres. En cierto sentido, actuar conforme a reglas o principios ayuda a superar la ignorancia de la gente respecto del comportamiento probable de los otros, aumentando con ello las chances de la coordinación entre las actividades de diversos individuos (Yeager, 1985: 74).</p>
<p>Las reglas poseen una serie de atributos que las distingue: son observadas en la acción sin que sean conocidas en forma articuladas (así, no resultan “verbalizadas”), se manifiestan en una regularidad de acción, se observan porque “de hecho dan al grupo en que se practican una fuerza” y se transmiten a través de procedimientos implícitos de aprendizaje.</p>
<p>La acción es el <em>locus </em>de una disputa entre los “impulsos inmediatos” o “instintos” de los individuos y las reglas, dónde la razón sólo desempeña un lugar intersticial: “ser guiados [exclusivamente] por lo que Max Weber llama ‘racionalidad respecto al fin’ es de todo punto imposible” (Hayek, 2006: 83). Las normas no son medios para la acción instrumental porque los individuos las cumplen de manera inconsciente (saben “cómo” pero no “qué”), sino que, de manera más relevante, son “constitutivas” de las prácticas sociales, los significados compartidos, el entendimiento común y la identidad personal<br />
(Galeotti, 1987: 171). </p>
<p>Todos los intercambios sociales se inscriben en el espacio (que todo lo impregna) de esta comunidad tradicional, una comunidad que carece de un “fin común”, o en una versión minimalista del utilitarismo, su fin es hacer posible la vida social. Se trata de una comunidad formada por una dotación tradicional de costumbres morales, por una serie de prácticas sociales evolutivamente probadas y no diseñadas por la inteligencia que los individuos repiten mecánicamente y constituyen el núcleo “tácito”, “presupuesto”, “inarticulado” de toda acción social. En palabras del autor,</p>
<blockquote><p>No es cierto que nuestros actos deban su efectividad exclusiva o principalmente al conocimiento que podemos formular en palabras (…). Muchas de las instituciones sociales imprescindibles para alcanzar nuestros objetivos conscientes son de hecho fruto de ciertas costumbres, hábitos o prácticas que ni han sido inventadas ni se han practicado con semejante propósito<br />
(Hayek, 2006: 29).</p></blockquote>
<p>La filosofía social de Hayek se inscribe, así, en la larga estirpe de las filosofías de la tradición y del conocimiento tácito. Su aproximación a las reglas se ha asociado con los “conjuntos de presuposiciones” y el “conocimiento inarticulado o inespecífico” de M. Polanyi y las “reglas del lenguaje” del primer Wittgenstein (Kerstenetzky, 2000). El intercambio consciente en el mercado se apoya sobre un nivel sobre-conciente que no puede ser articulado; sobre unas “verdades evidentes que actúan como presupuestos tácitos” (Hayek, 2006: 95).</p>
<p>Resulta relevante destacar, no obstante, que los modos de hacer, opiniones y sentimientos genéricos que integran esta comunidad no conocen un origen deliberativo ni una instancia original de semantización (así no nacen de un “contrato social” ni de convención social explícita alguna) sino que presuponen un fondo preexistente de reglas sociales fácticas que se transmiten a través del aprendizaje implícito. Sólo en la hipótesis de que la “certeza instintiva” que asegura la observación de las reglas, se pierda, es preciso recuperar esa guía a través de su formulación explícita.</p>
<p>Ese núcleo tradicional -un flujo de costumbres, valores, convenciones- se desarrolla lentamente, al calor de un proceso evolutivo en el que, gracias a la capacidad de experimentación de los individuos, se exploran posibilidades, seleccionándose algunos cursos de acción y excluyéndose otros. Ese mecanismo exploratorio, fuertemente ligado a las dotes emprendedoras de los individuos y al principio de la competencia, acontece bajo la mirada fiscalizadora de los poderes gubernamentales, cuya “función positiva” consiste en intervenir los desarrollos evolutivos que enturbien el juego de la competencia y contradigan las reglas de justa conducta. </p>
<p>Así, la intervención constructivista, la “mano del jardinero”, encargado de crear las condiciones más favorables para el desarrollo de la planta (Hayek, 2010b: 48), se encuentra justificada en la hipótesis de que los procedimientos evolutivos sean dictados por el “uso de una fuerza que excluye desarrollos alternativos”; en todo caso, la interferencia sólo podría consistir en “experimentar con una alternativa sin excluir lo que de hecho está ocurriendo” (Hayek, 2010a: 214).</p>
<p>En contra de las ideas de Galeotti, las reglas tradicionales no resultan impermeables a toda acción transformadora. La posibilidad de transformarlas recae, a decir del economista, sobre ciertos grupos que, sobre la base de las normas preexistentes (y de su moral cívica, de su apego a esas reglas), “experimentan” en relación a ellas, las reproducen recreándolas, las cuestionan e inventan otras. No se sostiene que la tradición, por el simple hecho de serlo, sea sagrada y esté libre de crítica sino “que el criterio para cuestionar cualquier producto de la tradición debe ser siempre otros productos de tradición que no podemos o bien no queremos cuestionar” (Hayek, 2006: 212). Así, al interior de esta teoría, la crítica sólo puede ser inmanente a cada cultura.</p>
<p>Al igual que Burke, al economista le parece un horror sociológico, un verdadero supuesto anti-social, la posibilidad de construir desde cero o reexaminar en forma completa la estructura que hace a la coordinación de las acciones. Si al <em>whing</em>, la “sola idea de fabricar un nuevo tipo de gobierno” lo llenaba de “disgusto” y de “horror” (Burke, 2003: 211), un desprecio similar expresa Hayek por la pretensión del reformista radical de reducir la sociedad a “[un] objeto manipulable a su gusto” (Losurdo, 2003: 291). Con Burke y Popper, se inclina, en cambio, por la “ingeniería a trozos” [<em>piecemeal engineering</em>] (Hayek, 2006: 213), es decir, con la idea de preservar la tradición <em>in totum</em> y corregir sus productos. </p>
<p>Ese trabajo de ingeniería está guiado por una idea de eficacia, las reglas que se mantienen, se imitan y se generalizan, en la medida de que aseguran la sobrevivencia del grupo que comenzó a usarlas. Las “estructuras formadas por las prácticas humanas tradicionales no son ni naturales, en el sentido de genéticamente determinadas, ni artificiales, en el sentido de obedecer a un plan racional, sino que son fruto de un proceso de criba y aventado, seleccionadas a través de las diferentes ventajas que obtienen los distintos grupos” (Hayek, 2006: 525). </p>
<p>Aunque el autor admite que nada garantiza que del proceso de evolución cultural emerja un resultado “civilizatorio”, sostiene, sin embargo, que existe un conjunto específico de reglas de conducta -aquellas abstractas y generales- que resulta seleccionado porque conduce a la formación de un orden en las actividades del grupo. En la medida en que las normas y los valores morales transmitidos por la cultura e incorporados en los psiquismos individuales bajo la forma de esquemas comunes de comportamiento, sirven para asegurar el ajuste mutuo de acciones en una sociedad compleja, la paz, la prosperidad y la moral, son útiles. Así “facilitar la cooperación social” (Yeager, 1985) constituye el único criterio que permite evaluar comparativamente las acciones individuales, las políticas públicas<br />
y las tradiciones.</p>
<p>Dada la complejidad que caracteriza a la Gran Sociedad, solo puede existir acuerdo en torno a unas “reglas aplicables a un número desconocido e indeterminable de personas y situaciones [siendo su aplicación] independiente de cualquier fin común” (Hayek, 2006: 72). Así, lo que tenemos en común en la sociedad moderna no es “la querencia de cosas particulares, sino la adhesión a las normas abstractas” y ello constituye a su vez el atributivo distintivo de la “peculiar civilización” de esa sociedad: “Lo que llamamos la <em>tradición </em>o el <em>carácter </em>nacional de un pueblo (…) no son aspectos particulares, sino manifestaciones de normas por las que se rigen tanto las acciones como las percepciones de la gente” (Hayek, 2006: 198).</p>
<p>Identificada con una urdimbre de reglas abstractas, la comunidad funciona como: a) el descriptor sociológico (o, de manera más laxa, “socio-histórico”) de la moral del mercado, a través del cual es posible caracterizar y explicar el funcionamiento de las sociedades comerciales, tales como la sociedad inglesa [9], b) como un “principio normativo” que califica la existencia de la civilización, es decir de una sociedad “humanista en la que cada persona cuenta como tal y no sólo como un miembro de un grupo particular” (Hayek, 2006: 215) y proporciona un criterio para distinguir entre lo “social y lo no social” y c) como un “programa” [10]. </p>
<p>Es esta última valencia “programática” la que convierte a esa comunidad en un sistema moral superior a otros: “sólo si aceptamos un orden universal tal como un objetivo, es decir, si queremos avanzar por la senda que caracteriza la civilización occidental desde los antiguos estoicos y el cristianismo, podremos argumentar que este sistema moral es superior a otros y, al mismo tiempo, intentar perfeccionarlo mediante una incesante crítica inmanente” (Hayek, 2006: 215). </p>
<p>Así, la peculiar “civilización” de la Sociedad Abierta se define tanto por lo que incluye como por lo que excluye. Incluye el repertorio de prácticas, costumbres, opiniones, valores y sentimientos morales que constituyen la sociedad capitalista, cristiana, liberal y Occidental; una “moral viable”, capaz de producir orden social y de hacer que los grupos sociales prosperen. En ese repertorio el autor inscribe: el auténtico individualismo, que reconoce al individuo como supremo juez de sus fines; la “actitud liberal” frente a la sociedad, que consiste en percibirla como fruto de un proceso evolutivo espontáneo que simplemente “acontece” y no resulta totalmente inteligible para los hombres que se encuentran impedidos de controlarlo. Incluye también un sistema de competencia que minimiza el poder que los hombres pueden ejercer sobre otros, una ética de la elección y del riesgo, la igualdad formal ante la ley y la propiedad privada. Libera a los hombres de la obligación general de mutua asistencia y les exige, en cambio, el cultivo de un repertorio de virtudes individualistas: la tolerancia, la independencia de juicio, la voluntad para soportar el riesgo y el sano desprecio y desagrado respecto del poder. Les impone el respeto de la costumbre y la tradición y el desarrollo de cualidades que facilitan el trato entre los hombres en una sociedad libre (cortesía y sentido del humor, modestia personal, respeto a la vida privada de los demás y confianza en las buenas intenciones del vecino). </p>
<p>La identificación de ese conjunto de virtudes y cualidades “liberales” que definen la sociedad comercial, supone concebir al mercado como el lugar de asiento de la “virtud cívica”; una visión que el neoliberalismo de Hayek comparte con cierta vertiente del republicanismo. Como señala Kacenelenbogeh (2009: 461) la coincidencia con la posición republicana se encuentra en la insistencia del economista sobre los “hábitos” y las “virtudes”, así como en la forma en que piensa la adquisición del “civismo”. </p>
<p>Al mismo tiempo, esa comunidad tradicional, privada de toda finalidad común, opaca frente al ideal de la justicia social excluye a todo hombre a quien el “hombre moderno” no considere como un igual, ya que la aplicación de reglas abstractas y generales es incapaz de extenderse “más allá de lo que el sentimiento general está dispuesto a soportar” (Hayek, 2006: 255). Excluye, particularmente, a quiénes emprenden la construcción de una “contra-cultura” que, a decir del autor, “son el producto lógico de la educación permisiva que no es capaz de transmitir la responsabilidad de la cultura y se abandona a <em>los instintos naturales que son los instintos del salvaje</em>” (Hayek, 2006: 459). Repele el igualitarismo, porque la civilización se forma a partir de la selección de grupos y de la utilización máxima de la infinita variedad de individuos de la especie humana. Permite que el pequeño grupo que ha prosperado gracias a la aplicación de ciertas opiniones y procedimientos racionales imponga a la mayoría lo que ésta no desea “trabajar más duro, cambiar los hábitos o prestar cierta atención y aplicación continua y regular a su trabajo” (Hayek, 2006: 445). Y, simultáneamente, niega la existencia de “derecho universal” alguno que garantice a los individuos la provisión social de determinados bienes como el trabajo, la salud, la educación, el desarrollo cultural, etcétera, al tiempo que sanciona como “antisocial” toda acción común de un grupo (trátese de trabajadores, mujeres, homosexuales, etcétera) orientada a asegurar una renta o posición, porque crea un obstáculo para la integración. En ausencia de ideales y sentimientos comunes nadie puede esperar que exista un derecho universal “que garantice al campesino, al esquimal y acaso también al Abominable Hombre de la Nieves ‘vacaciones periódicas pagadas’ (Hayek, 2006: 307).</p>
<p>Esos valores específicos de la “sociedad comercial” que en numerosas oportunidades Hayek identificó con el pueblo británico y que constituían -más allá de la retórica cosmopolita y pluralista de su neoliberalismo- la cifra de una “buena sociedad”, debían ser defendidos frente al riesgo de verse carcomidos por el avance de orientaciones colectivistas provenientes del modelo de sociedad “espiritual” alemana. Como veremos en el apartado siguiente, a Hayek lo preocupaba la amenaza de una reverberación de los sentimientos y la moralidad del pequeño grupo, que caracterizaban a una etapa ya superada en la evolución de las sociedades.</p>
<p><strong>La comunidad como etapa histórica y contrapunto de la sociedad abierta</strong><br />
Una de las amenazas que se ciernen de manera permanente contra la Gran Sociedad, es, a decir de Hayek, la tendencia de los hombres a inclinarse por el racionalismo constructivista (a “planificar” la sociedad en la que viven), a pretender la “justicia” de instituciones que, como el mercado, no pueden ser ni justas ni injustas, así como la resistencia a reconocer que el orden social emerge de la coordinación no-intencionada de acciones.</p>
<p>Para explicar esas inclinaciones, el autor alude a la ultra-actividad de los “instintos” y “sentimientos morales” ligados a fases más antiguas de la evolución de las sociedades -la tribu, los grupos más amplios de clanes y las posteriores etapas hasta llegar a la Sociedad Abierta-, que constituyen “residuos” de la moralidad del pequeño grupo.</p>
<p>En este caso, otra noción de comunidad es utilizada para connotar un estadio evolutivo de la sociedad, caracterizado por la escasa división del trabajo, los contactos “cara a cara”, los lazos personales, los vínculos mediados por el sentimiento concreto del amor, la integración de la acciones a través de fines comunes, la existencia de una multiplicidad de deberes morales para con los miembros del grupo, el desigual tratamiento respecto de los “extraños” y los “extranjeros”, los sentimientos de lealtad personal y la “justicia sectorial” basada en fines comunes tangibles.</p>
<p>Tanto la descripción histórico-antropológica que Hayek ofrece de la “pequeña comunidad”, como el contrapunto que traza con la Sociedad Abierta -conectada por normas abstractas y generales- se sirven de motivos éticos y cognitivos. De manera explícita, Hayek comparte con H. Spencer (1947 [1877]) la tesis de que el cambio social se debe al aumento de la diferenciación funcional y sostiene -aun sin reconocer su deuda con E. Durkheim (1993 [1893]- que la unidad valorativa que caracteriza a las sociedades pre-modernas se relaja con la emergencia del individualismo moral. </p>
<p>Pero el énfasis de su visión del cambio social está colocado en el hecho de que la complejización de la sociedad produce un decrecimiento progresivo de la capacidad de los grupos sociales para planificar su existencia, explicable por la imposibilidad de disponer de conocimiento que torne comprensible la totalidad, por la participación de “extraños” en la vida social y el consecuente debilitamiento de la “comunidad de criterio”<br />
(Hayek, 2010b: 267). </p>
<p>El pasaje de las sociedades primitivas a la Gran Sociedad no viene dado solamente por el aumento en la división del trabajo, sino, asimismo, por la “fragmentación del conocimiento” y la emergencia del individualismo moral, que exige “tratar a cada persona como ser humano más bien que como amigo o enemigo” (Hayek, 2006: 292). La ausencia de fines concretos comunes, no sólo no constituye un factor de inestabilidad social ya que, como vimos, la integración se produce en el plano “abstracto” de las reglas de conducta, sino que, por lo contrario, es una de las condiciones del progreso. </p>
<p>Claro que la difusión de las normas abstractas y generales, de una “justicia impersonal”, no se produjo pacíficamente, sino como el resultado de una lucha contra las reivindicaciones de la justicia sectorial basada en fines comunes tangibles.</p>
<p>La institucionalización en el plano de las normas abstractas y generales de la idea moral de individuo, ocasiona, simultáneamente, una reducción de la gama de deberes morales para con los otros. De esta manera, los pasos desde el pequeño grupo hacia la Sociedad Abierta son interpretados, todos, como “violaciones de la ‘solidaridad’”<br />
(Hayek, 2006: 533).</p>
<p>Desde esta perspectiva, el altruismo es epistemológicamente imposible -ya que los hábitos y las formas de pensar de los individuos que integran esa sociedad son muy disímiles- e, incluso, perjudicial para el mantenimiento de la paz y el progreso. En esta dirección, aquello a lo que el autor más teme es al resurgimiento de las moralidades instintivas que contradicen la moral universal y las reglas aprendidas de la sociedad de mercado<br />
(Rowland, 1988: 238).</p>
<p>Así, la identidad individual resulta constituida por el conflicto entre emociones espontáneas y naturales -profundamente arraigadas en la naturaleza humana-, y la exigencia de principios abstractos. Aquellos sentimientos constituyen una “rebelión del espíritu tribal contra los requisitos abstractos de cohesión de la Gran Sociedad”, un “<em>atavismo </em>basado en emociones primordiales” (Hayek, 2006: 537), explicable por un déficit en el aprendizaje de los “principios de la civilización”. Son esos instintos espontáneos, que satisfacen las necesidades emocionales de los individuos, produciendo el placer que la Gran Sociedad no proporciona, los que inspiran las peligrosas reivindicaciones<br />
de justicia social. </p>
<p>Frente a la tensión entre aquel atavismo emocional y las normas culturales abstractas requeridas para asegurar la integración sistémica, se apela a que la “percepción racional” (la identificación de lo que “a largo plazo” es bueno) domine las concepciones<br />
instintivas naturales.</p>
<p>Aquí, la dicotomía “natural-cultural” es utilizada estratégicamente para emplazar a los grupos sociales que se auto-presentan como marginados y que articulan reclamos de justicia social fuera del umbral de lo cultural-social, en el territorio a-social de la naturaleza. </p>
<p>En la Sociedad Abierta, coagulada por la moral abstracta del mercado, la pretensión de modelar las relaciones sociales según el modelo de la familia, dirigiendo a los individuos a fines comunes y tangibles, no constituye una “huida hacia delante” (Sasín, 2008) sino una retroversión histórica que conduce inevitablemente al totalitarismo.</p>
<p>Sin bien en dicha sociedad no es posible imponer una obligación de asistencia, es factible que exista una obligación moral hacia personas libremente elegidas por el actor. Incluso, en hipótesis de emergencia, cuando es preciso que un pequeño grupo actúe de manera concertada, la persistencia de un resto de solidaridad, entendida como la persecución mancomunada de objetivos comunes conocidos, resulta una ventaja. Asimismo, la guerra constituye una ocasión propicia para satisfacer el “fuerte deseo de tener un propósito común” (Hayek, 2006: 314). </p>
<p>Más allá de estos funcionamientos subsidiarios en situaciones excepcionales, la ultra-actividad de los sentimientos del pequeño grupo, constituye una fuente de amenaza siempre abierta ya que el “vacío emotivo” que produce la desaparición de los deberes específicos hacia con el prójimo, puede ser movilizado estratégicamente por los nacionalismos y los socialismos.</p>
<p>El diagnóstico sombrío respecto de los sentimientos y actitudes humanas que, en tanto resabio de la sociabilidad del pequeño grupo, constituyen una resistencia contra los órdenes espontáneos y la coordinación fundada en reglas abstractas, encierra, asimismo una exhortación a modelar las instituciones, las reglas de conductas y las actitudes de las personas de forma de alinearlas con las modernas condiciones de la Gran Sociedad. Esta posibilidad y, en términos más generales, la “actitud del jardinero” que se atribuye al gobierno, ha conducido a señalar que, a pesar de las críticas, Hayek es, en algunos aspectos, un “constructivista”, si bien su compromiso con la intervención se reduce siempre a la “ingeniería por trozos” (Yeager, 1985: 78).</p>
<p>Ese sesgo constructivista de su obra se deja ver, aun de manera más intensa, cuando moviliza la noción de comunidad en vistas a proporcionar una respuesta<br />
a las crisis políticas.</p>
<p><strong>La comunidad como tecnología para la activación “espíritu público”</strong><br />
Finalmente, la comunidad también encuentra un lugar en el marco de la teoría del gobierno del autor bajo la forma de una organización, es decir de una asociación voluntaria entre individuos que coinciden en sus fines, concertándose para su consecución. Nada niega la posibilidad de unos “fines sociales” pero entendidos como “fines idénticos” o “fines a cuyo logro los individuos están dispuestos a contribuir en pago de la asistencia que reciben para la satisfacción de sus propios deseos” (Hayek, 2010b: 92). </p>
<p>El individualismo nunca es puesto en cuestión, ni como principio metodológico ni como principio moral. Por una parte, porque la mancomunación de esfuerzos y fines se juzga como un medio para la realización de los deseos individuales, no hay posibilidad alguna de disolución de la individualidad que constituye la <em>ultima ratio</em> de la organización. Los fines comunes no son nunca “fines últimos” sino los medios que las personas emplean para satisfacer múltiples propósitos. Y, por otra parte, porque al igual que Simmel, Hayek observa que la participación del individuo en múltiples sociedades parciales (ninguna de las cuales agota la totalidad de sus fines) es una garantía de libertad. “Por suerte, cada uno es miembro de muchas sociedades superpuestas y relacionadas entre sí a las que pertenece con mayor o menor intensidad y por un período más o menos largo. La sociedad es una red de relaciones voluntarias entre individuos y entre grupos organizados y, rigurosamente hablando, no existe una sociedad a la que alguien pertenezca en forma exclusiva”<br />
(Hayek, 2006: 508).</p>
<p>De una manera que, a juzgar por la influencia que sobre su obra ha ejercido el pensamiento de Tocqueville, no debe sorprendernos entre las virtudes liberales el autor alista la “disposición a cooperar voluntariamente con el prójimo” y la “eficaz predilección por la actividad voluntaria” (Hayek, 2010b: 257-259). </p>
<p>Contra las malas interpretaciones del liberalismo, que piensan al actor como un individuo aislado y egoísta [11], el verdadero individualismo “afirma el valor de la familia y de todos los esfuerzos comunes de la pequeña comunidad y grupo, y que cree en la autonomía local y las asociaciones voluntarias (&#8230;). No puede haber mayor contraste con esto que el falso individualismo que quiere disolver todos esos pequeños grupos en átomos que no tienen otra cohesión que las reglas coercitivas impuestas por el Estado” (Hayek, 1949: 23). </p>
<p>Mientras la agrupación para la defensa de una renta o posición en la sociedad (así, por ejemplo, un sindicato o agrupación profesional) resulta tachada de “antisocial”, las asociaciones voluntarias que se dedican a perseguir fines públicos, restringiendo con ello la injerencia del Estado, son bienvenidas. En esta dirección, se auspicia la formación de sociedades particulares porque, al igual que Tocqueville, dichas formas de sociabilidad se piensan como antídotos contra el desarrollo del Estado de Bienestar, la obstaculización estatal de la competencia y la tiranía de la mayoría (Grondona y Haidar, 2010). </p>
<p>No obstante, dichas asociaciones deben ser celosamente vigiladas para evitar que perturben el principio de la competencia (no deben ser exclusivas) y la libertad individual (no deben ser obligatorias). Hayek piensa la relación entre las esferas de la acción común y las esferas individuales como una suerte de diafragma: no es posible extender indefinidamente la esfera de la acción común y mantener la libertad de cada uno en su propia esfera. </p>
<p>El escepticismo del autor respecto del conocimiento individual y el poder de la autoridad centralizada, se corresponde con su exhortación a “empoderar” a los actores locales para perseguir estrategias experimentales que respondan a circunstancias particulares (Kacenelebogen, 2009). Esta propuesta es compatible con la idea de que lo público no es co-extensivo con lo gubernamental, sino que puede ser asumido por organizaciones de la sociedad civil: “En una sociedad sana es importante preservar, entre sector privado y sector estatal, un tercer <em>sector independiente</em> [cuyo desarrollo] es (…) el único modo de evitar el peligro de un control completo del gobierno sobre la vida social” (Hayek, 2006: 418).</p>
<p>La idea de que el conocimiento que disponen los individuos es sólo fragmentado, justifica su participación en la política local, la focalización del <em>civismo</em> sobre los asuntos domésticos, locales y, en cambio la exclusión de toda vocación para discutir los resultados de un ente que, como el mercado, sólo puede ser abstracto e impersonal. Las asociaciones locales deben encarar los problemas públicos a partir del “conocimiento del vecino” y no de la disposición de una <em>expertise</em> particular o de medios burocráticos.</p>
<p>La “deshumanización” atribuida a la sociedad moderna es, desde la perspectiva de Hayek, un resultado adverso de la centralización. Es posible restituir al hombre las emociones cívicas (de las que gozaba ampliamente en el contexto de la sociedad pre-moderna) permitiéndole participar en los asuntos locales. Así, en las esferas que los individuos conocen resulta beneficioso inducirlos a aportar sus conocimientos y opiniones, ya que “devolver la dirección de las actividades de muchos servicios que actualmente presta el gobierno a unidades más pequeñas provocaría probablemente el renacimiento de aquel espíritu comunitario que tan sofocado ha sido por la centralización.” (Hayek, 2006: 514).</p>
<p>Si bien estas asociaciones reticulan el tejido de la Gran Sociedad, el autor les atribuye un sentido político, al vincularlas con el desarrollo del “verdadero espíritu público” (Hayek, 2006: 356): “Sólo donde la responsabilidad puede aprenderse y practicarse en los asuntos que son familiares a la mayoría de las personas, donde lo que guía la acción es el íntimo conocimiento del vecino más que un saber teórico sobre las necesidades de otras gentes, puede realmente el hombre común tomar parte en los negocios públicos, porque éstos conciernen al mundo que él conoce” (Hayek, 2010b: 282).</p>
<p>A pesar del énfasis en la mancomunación “espontánea” de esfuerzos, la valencia política que asumen en el pensamiento del autor, aproxima a estas “comunidades” (organizaciones o sociedades espontáneas menores) que emergen en el ámbito de la Gran Sociedad, a una “tecnología de gobierno”, es decir a una forma socialmente organizada de conducir (orientar, incidir sobre, guiar) las acciones humanas, con la con la finalidad de aumentar, intensificar y optimizar las capacidades, las aptitudes y/o el estado, de individuos, grupos y poblaciones (Dean, 1996).</p>
<p>Como tecnologías, las comunidades asumen la forma de ejercicio cooperativo de la agencia y lejos de destituir al individuo, activan la participación y la responsabilización individual y familiar en los asuntos públicos.</p>
<p>Este sentido “tecnológico” de la comunidad que abraza, sin dudas, un propósito constructivista, resulta hiper-explotado en lo que constituye el “momento prescriptivo” de esta teoría neoliberal. Como señalamos antes, cuando las sociedades “pierden la guía” de la tradición liberal o bien, carecen de tradición liberal alguna, Hayek reconoce la posibilidad de corregir tal situación mediante la formulación de reglas de conducta explícitas. Circunvalando las restricciones derivadas de la crítica al racionalismo y del evolucionismo, en <em>Derecho, Legislación y Libertad</em>, el autor ensayó un “modelo de Constitución” destinado a ser aplicado en los países sin tradiciones constitucionales, que carecen de las creencias y convicciones tácitas que, en otros contextos, permitieron el desarrollo<br />
de instituciones liberales.</p>
<p>Más allá de las particularidades de este modelo ideal de Constitución y de las contradicciones que involucra tal propuesta normativa en relación al evolucionismo de la teoría (Rowland, 1988), resulta relevante destacar que, a los efectos evitar los peligros de los métodos representativos (fundamentalmente su sumisión a intereses sectoriales) y de promover el desarrollo “sano” de instituciones democráticas, se apela a la formación de “clubes locales de coetáneos”, una suerte de asociaciones de formación y discusión política, compuestos de diferentes franjas etarias y de carácter local. </p>
<p>La forma “comunitaria” y el valor programático que el autor atribuye a estos clubes son indudables. Se trata de fomentar el espíritu cívico y el interés de los individuos por los temas públicos y de ensayar prácticas deliberativas entre personas de diferentes clases sociales. Su contribución a integración social no es menor: además de funcionar como escuelas de civismo y simulacros de parlamentos, los clubes de coetáneos “introducirían un importante elemento de coherencia social, especialmente en la estructura de la sociedad urbana, y contribuirían grandemente a reducir la distinción por clases y profesiones<br />
(Hayek, 2010: 485).</p>
<p><strong>Recapitulación final</strong><br />
A modo de recapitulación final proponemos recuperar el diálogo con la hipótesis de<br />
A. Galeotti, para, a partir de allí, volver a la apuesta inicial este artículo, esto es, mostrar que, contra el descuido que tanto los <em>governmentality studies</em> como cierta sociología han manifestado respecto de la problematización liberal del “cómo vivir juntos”, el pensamiento liberal aloja una idea de comunidad.</p>
<p>En su artículo del año 1987, Galeotti sostiene la existencia de una noción “tradicional” de comunidad en la obra de Hayek, emplazada exclusivamente en el ámbito de su teoría social y a la que el autor le habría atribuido (en ausencia de una concepción cooperativa de la política) la función de producir consenso, resolviendo los problemas de integración inherentes a la “cuestión social”.</p>
<p>Sin negar la existencia de ese concepto “tradicional” de comunidad ni dejar de asociarlo con la producción del orden social, a lo largo de este artículo señalamos que los usos de la comunidad en la teoría de Hayek exceden con creces la caracterización ensayada por la autora italiana. </p>
<p>Además de núcleo “tradicional” de la Gran Sociedad, la comunidad es una etapa histórica cuyos sentimientos y actitudes todavía se alojan en el corazón humano, emergiendo continuamente bajo la forma de reivindicaciones de justicia social, emprendimientos “contraculturales”, expresiones nacionalistas y prácticas asociadas a una ética del placer. Es, asimismo, una tecnología específica de gobierno, aplicada a la activación del “espíritu público”, la limitación del Estado y la socialización en las tradiciones.</p>
<p>Ciertamente, la comunidad constituye una urdiembre de prácticas, valores, actitudes y sentimientos tradicionales que permite el entendimiento y el sentido compartido. Pero, en relación al problema del consenso, ese sentido tradicional de comunidad no sólo es formulado en tanto “concepto sociológico” que permite describir y explicar la integración. Al mismo tiempo, la comunidad tradicional funciona como principio normativo que, en cuanto produce consenso, permite distinguir lo “civilizatorio” de lo “no civilizatorio”, lo “social” de lo “asocial”. Y, asimismo, se desempeña como un programa, un objetivo ideal a alcanzar por vía de la evolución espontánea y de la labor de jardinería atribuida al Estado.</p>
<p>Por otro lado, mostramos que la reducción del problema de la integración a la “cuestión social” que emerge del artículo de Galeotti, conduce a una valoración restringida de los efectos derivados de la comunidad tradicional. La autora se ocupa de argumentar porqué dicha comunidad, fundada sobre la tradición, no es capaz de producir integración y porqué no constituye, así, un substituto eficaz de la política. Sintéticamente afirma que en ningún caso la interacción guiada por reglas tradicionales y coordinada por el mercado puede resolver, por sí misma, el problema de “cómo vivir juntos”. Pero, en cambio, prescinde de mostrar qué efectos positivos, de exclusión, se encuentran ligados a ese sentido tradicional de comunidad.</p>
<p>Como vimos, dicha comunidad no sólo “no incluye” por su incapacidad para absorber los problemas atinentes a la desigualdad material, sino que efectivamente “excluye”, porque instituye un concepto restringido de “nosotros”, circunscrito a lo Hayek entiende como la civilización peculiar de la Sociedad Abierta: la urdimbre de prácticas, valores, opiniones, sentimientos que vincula con la sociedad capitalista, liberal, cristiana y Occidental.</p>
<p>Esta última operación de exclusión, que no sólo expulsa del horizonte del entendimiento, sino que emplaza a quienes no pueden ser reconocidos como iguales (hasta tanto el sentimiento común no avance en esa dirección) a la exterioridad de un espacio “a-social”, peligrosamente “natural”, no puede ser visibilizada con el registro limitado de la<br />
cuestión social. </p>
<p>Este registro, eficaz para formular los problemas de la inclusión cuando el recurso a la ciudadanía social constituye no sólo una solución disponible, sino además deseable, margina toda una serie de agendas sensibles al problema sociológico de la integración en el escenario contemporáneo, como los tópicos ligados al multiculturalismo<br />
y la inmigración.</p>
<p>Asimismo, al interior de este discurso neoliberal, el problema del “vivir juntos” no se abandona sin más a la espontaneidad del mercado. Hayek confía en el rol correctivo del gobierno y en la experimentación de los grupos para transformar la tradición, ajustando con ello los problemas de integración. De manera más artefactual, aun, puesta al cultivo de las asociaciones (como los “clubes etarios”) para atender fines públicos y fomentar la discusión entre personas de diferentes clases sociales.</p>
<p>Volviendo a la hipótesis que planteamos en la introducción, entendemos que el énfasis que depositan los <em>governmentalities studies</em> y cierto sentido común sociológico, en definir al liberalismo por las notas del auto-gobierno a través de la libertad, el estilo de conducción frugal y el individualismo, ha obturado la atención sobre los múltiples sentidos que la comunidad asume al interior del pensamiento neoliberal como el de F. Hayek.</p>
<p>El movimiento por el cual se colocan “por fuera” del neoliberalismo algunas de las aristas que parecen ir a contrapelo del núcleo “sagrado” de esa tradición (es decir, contra la idea misma de la libertad), conspira contra una reflexión teórico-crítica que, al tiempo que lo diferencie de “otras derechas”, dé cuenta de sus múltiples pliegues internos. </p>
<p>Entendemos que una reflexión tal debe apuntar a identificar las formas particulares en que los discursos neoliberales definen y demarcan el sujeto colectivo del auto-gobierno, aquella comunidad de hombres libres que, tal como vimos en relación a F. Hayek, constituye el fundamento del orden social. Sólo a través de tal clase de análisis estaremos en condición de hacer visibles los criterios más o menos “universalistas” y “abstractos” y/o “históricos” y “concretos” que las comunidades liberales presuponen. Sólo así estaremos en condición de enumerar las numerosas “cláusulas de exclusión” (Losurdo, 2005: 130) que definen las relaciones de “no pertenencia” a la Sociedad Abierta. Este artículo pretendió, en alguna medida, contribuir al desarrollo de tal clase de reflexión.</p>
<h3>Cite este artigo</h3>
<p>HAIDAR, Victoria. El neoliberalismo y el problema de “como vivir juntos”: la comunidad en la obra de Friedrich Hayek. <strong>Revista Estudos Políticos</strong>: a publicação eletrônica semestral do Laboratório de Estudos Hum(e)anos (UFF) e do Núcleo de Estudos em Teoria Política (UFRJ). Rio de Janeiro, nº 5, pp.102–123, Dezembro 2012. Disponível em: http://revistaestudospoliticos.com/.</p>
<h3>Notas</h3>
<p>[1] Estos estudios constituyen un conjunto de planteamientos bastante heterogéneos, desarrollados mayormente en el campo anglosajón, que retoman de manera recreativa y crítica los conceptos foucaultianos de “gobierno” y “gubernamentalidad”, proponiendo a partir de allí, reconstrucciones de corte genealógico de diversas problematizaciones. Para un panorama general de las actividades del grupo, Vid. de Marinis, 1999, O’Malley, 2006 y Vásquez García, 2005.</p>
<p>[2] Así en la reconstrucción del discurso contemporáneo sobre la comunidad en la filosofía, las ciencias humanas y sociales, N. Rose (1999) se refiere a G. Himmelfarb, A. Etzioni, R.Bellah, F. Fukuyama,<br />
J. Coleman y R. Putnam, entre otros autores.</p>
<p>[3] Verbigracia, Berstein, 1998.</p>
<p>[4] Sobre las limitaciones del enfoque de los <em>governmentality studies</em> para dar cuenta de las formas de gobierno social en la Argentina, así como de desmontaje en el marco de regímenes neoliberales vid. Grondona, 2011 y Haidar, 2011a.</p>
<p>[5] Un ejercicio similar ha sido ensayado en relación a Edmund Burke (Haidar, 2011b) -una figura que suele incluirse tanto en el panteón del conservadurismo como del liberalismo-, así como en relación a A. de Tocqueville (Grondona y Haidar, 2010).</p>
<p>[6] En este caso y en adelante la traducción desde el inglés corresponde a la autora.</p>
<p>[7] El propio Hayek señala que el término “Gran Sociedad” alude a la “Sociedad Abierta” teorizada por K. Popper (2006 [1943]) en <em>La Sociedad Abierta y sus enemigos</em>. Para una discusión de esta idea de sociedad vid. Vernont, 1976.</p>
<p>[8] Para la discusión de la recepción que la sociología económica ha efectuado de este presupuesto y los matices del individualismo metodológico en la obra de Weber, Hayek y von Mises, vid. Boettke y Storr, 2002.</p>
<p>[9] El modelo de Sociedad Abierta, amalgamada por reglas sociales abstractas y generales que el economista austriaco tiene siempre presente es la sociedad inglesa, donde la fortaleza de las convenciones sociales hace que la gente comprenda cuáles son las necesidades de cada cual sin tener que mencionarlas.</p>
<p>[10] La organización una serie de apariciones de la comunidad en la obra de Hayek se corresponde, en términos generales, con el objetivo de clasificar, sistematizar y discutir las diversas nociones de comunidad presentes en las teorías sociológicas que viene siendo desarrollado por el Proyecto “Teorías sociológicas sobre la comunidad” (Instituto de Investigaciones Gino Germani, Universidad de Buenos Aires) que la autora integra.</p>
<p>[11] De acuerdo a la reconstrucción que ensaya el autor, la “ficción” del <em>homo economicus</em> no hacía parte originalmente de la tradición evolutiva británica, sino que fue explícitamente introducida por el joven Mill (Hayek, 1958).</p>
<h3>Referências bibliográficas</h3>
<p>BARRY, Andrew, OSBORNE, Thomas y ROSE, Nikolas (eds.). <em>Foucault and political reason. Liberalism, neo-liberalism and rationalities of government</em>. London: UCL Press, 1996.</p>
<p>BARRY, Norman. <em>Hayek’s social and economic philosophy</em>. Macmillan: London, 1985 [1979].</p>
<p>BERNSTEIN, Basil. <em>Pedagogía, control simbólico e identidad</em>. Madrid: Morata, 1998.</p>
<p>BOETTKE, Peter y STORR, Virgil. Post-Classical Political Economy: Polity, Society and Economy in Weber, Mises and Hayek, <em>American Journal of Economics and Sociology</em>, 61 (1), 2002, p. 161-191. </p>
<p>BURCHELL, Graham, GORDON, Colin y MILLER, Peter. <em>The Foucault effect. Studies in Governmentality</em>. Chicago: University of Chicago<br />
Press, 1991.</p>
<p>BURKE, Edmund. <em>Reflexiones sobre la Revolución en Francia</em>. Madrid: Alianza, 2003 [1790].</p>
<p>DEAN, Mitchell. Putting the technological into government, <em>History of the human sciences</em> 9 (3), 1996, p. 47-68.</p>
<p>DEAN, Mitchell. <em>Governmentality. Power and Rule in Modern Society</em>. London: Sage, 1999.</p>
<p>MARINIS, Pablo de. Gobierno, gubernamentalidad, Foucault y los anglofoucaultianos (Un ensayo sobre la racionalidad política del neoliberalismo), en Fernando García Selgas y Ramón Ramos Torre (Eds.), <em>Globalización, riesgo, reflexividad. Tres temas de la teoría social contemporánea</em>. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 1999.</p>
<p>____. 16 comentarios sobre la(s) sociología(s) y la(s) comunidad(es), Papeles del CEIC # 15, 2005.</p>
<p>____. Sociología clásica y comunidad: entre la nostalgia exacerbada, la proyección utópica y la sobria conceptualización, ponencia presentada en el Seminario <em>Comunidad, identidad y políticas de gobierno en la sociedad del conocimiento</em>, Centro de Estudios sobre la Identidad Colectiva, Departamento de Sociología, Universidad del País Vasco, 2008.</p>
<p>____. La teoría sociológica y la comunidad: clásicos y contemporáneos tras las huellas de la “buena sociedad”, <em>Revista de la Carrera de Sociología</em>, Vol.1, Nº1. Buenos Aires: Aurelia Libros, 2011, p.127-164.</p>
<p>DONZELOT, Jacques, <em>La invención de lo social. Ensayo sobre la declinación de las pasiones políticas</em>, Buenos Aires, Nueva Visión,<br />
2007 [1984].</p>
<p>DOSTALER, Gilles. <em>Le libéralisme de Hayek</em>. La Découverte: Paris, 2001.</p>
<p>DURKHEIM, Emile. <em>La división del Trabajo Social</em>. España: Planeta-Agostini, 1993[1893].</p>
<p>GALEOTTI, Anna. Individualism, social rules, tradition. The case of Friedrich A. Hayek, <em>Political Theory</em>, 15 (2), 1987, p. 163-181.</p>
<p>GRONDONA, Ana. <em>‘Tradición’ y ‘traducción’: un estudio de las formas contemporáneas del gobierno de las poblaciones desempleadas en la Argentina</em>. Tesis de Doctorado, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, 2011. Inédita.</p>
<p>GRONDONA, Ana y HAIDAR, Victoria. La comunidad, dispositivo de reforma: de Tocqueville al neoliberalismo y la Progressive Reform; Primeras Jornadas de Investigaciones Socioculturales sobre Moralidades, Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín, 27-28 de mayo del 2010. Inédita.</p>
<p>GRAY, John. Hayek on Liberty, Rights and Justice, <em>Ethics</em>, 92 (1), 1981, p. 73-84.</p>
<p>HACKING, Ian. Two kinds of ‘new historicism’ for philosophers, <em>New Literary History</em>, 21 (2), 1990, p. 343-364.</p>
<p>HAIDAR, Victoria. <em>Hacer vivir, hacer producir: Racionalidades y tecnologías para el gobierno de la salud y la enfermedad laboral (Argentina, 1995-2007)</em>. Tesis de Doctorado, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, 2011a. Inédita.</p>
<p>HAIDAR, Victoria. La comunidad contra el proyecto de <em>hacer sociedad</em>. Una aproximación a su problematización en <em>Reflexiones sobre la Revolución en Francia</em> de Edmund Burke (1870) en Diego Domínguez, Gerado Halpern, Gabriela Rodríguez y Segio Tonkonoff (compiladores), <em>Construyendo la investigación social. Artículos seleccionados de las V Jornadas de Jóvenes Investigadores del Instituto de Investigaciones Gino Germani</em>. Buenos Aires: Instituto de Investigaciones Gino Germani y CLACSO, 2011b.</p>
<p>HAYEK, Friedrich. Individualism: True and False, en Friedrich Hayek, <em>Individualism and Economic Order</em>. London: Routledge &#038; Kegan Paul Ltd, 1949 [1945], p. 1-32.</p>
<p>____. Freedom, Reason, and Tradition, <em>Ethics</em>, 68 (4), 1958, p. 229-245</p>
<p>____. <em>Derecho, Legislación y Libertad</em>. Madrid: Unión Editorial, 2006 [1973-1976].</p>
<p>____. <em>Camino de servidumbre</em>. Alianza: Madrid, 2010b [1944].</p>
<p>HAYEK, Friedrich, en S. Kresge y Leif Wenan (eds.) <em>Hayek sobre Hayek</em>. Unión Editorial: Madrid, 2010a, [1994].</p>
<p>HEATH, Eugene. « How to understand liberalism as gardening ». Galeotti on Hayek, <em>Political Theory</em>, 17 (1), 107-113, 1989.</p>
<p>HORWITZ, Steven.  From <em>The Sensory Orden</em> to the Liberal Order: Hayek’s non- rationalism liberalism, Cahier Nº 9711, <em>Cahiers d’épistémologie</em>, Université de Québec à Montréal, 1997. Disponible en http://www.unites.uqam.ca/philo/pdf/9711.pdf.Horwitz. Fecha de acceso 19/00/2010.</p>
<p>KACENELENBOGEN, Edwige. Epistemological modesty within contemporary political thought: A link between Hayek’s Neoliberalism and Pettit’s Republicanism, <em>European Journal of Political Theory</em>, 8 (4), 2009, p. 449-471. </p>
<p>KERSTENETZKY, Celia. Hayek : the evolutionary and the evolutionist, <em>Rationality and Society</em>, 12 (2), 2000, p. 163-184.</p>
<p>KRESGE, Stephen. Introducción, en S. Kresge y Leif Wenan (eds.) <em>Hayek sobre Hayek</em>. Unión Editorial: Madrid, 2010 [1994].</p>
<p>LAGUEUX, Maurice. “Ordre spontané” et darwinismo méthodologique chez Hayek, Pilles Dostaler et Diane Ehier (dir) <em>Philosophie, économie et politique</em>. Economica: Paris, 1989.</p>
<p>LOSURDO, Domenico. <em>La comunidad, la muerte, Occidente</em>. Buenos Aires: Losada, 2003.</p>
<p>____. <em>La contrahistoria del liberalismo</em>. España: El viejo topo, 2005.</p>
<p>NEMO, Philippe. <em>La société de droit selon F. A. Hayek</em>. PUF : Paris, 1988.</p>
<p>O’MALLEY, Pat. <em>Riesgo, neoliberalismo y justicia penal</em>. Buenos Aires: Ad-hoc, 2006.</p>
<p>PAPAIOANNOU, Theodorus. Market order and justicein Hayek’s political theory : the exclusion and requirement of substantive politics, <em>Theory and Methods</em>, 42 (2), 2003, p. 229-253.</p>
<p>POPPER, Karl. <em>La sociedad abierta y sus enemigos</em>. Barcelona: Paidós, 2006 [1943].</p>
<p>ROWLAND, Barbara. Beyond Hayek’s Pessimism: Reason, Tradition and Bounded Constructivist Rationalism. <em>British Journal of Political Science</em>, 18 (2), 1988, p. 221-241. </p>
<p>ROSE, Nikolas. The death of the social? Re-figuring the territory of government, <em>Economy and Society</em>, 25 (3), 1996.</p>
<p>____. <em>Powers of freedom. Reframing political thought</em>.Cambridge: Cambridge University Press, 1999.</p>
<p>SASÍN, Mariano. La Comunidad Estéril. El sentido trágico en la autodescripción social. Ponencia presentada en las V Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata, 11 de diciembre<br />
de 2008.</p>
<p>SPENCER, Herbert. <em>Principios de Sociología</em>. Buenos Aires: Revista de Occidente, 1947 [1877].</p>
<p>GARCÍA, Francisco Vázquez. <em>Tras la autoestima. Variaciones sobre el yo expresivo en la modernidad tardía</em>. San Sebastián: Tercera Prensa-Hirugarren Prentsa S.L, 2005.</p>
<p>VERNON, Richard. The “Great Society” and the “Open Society”: Liberalism in Hayek and Popper, <em>Canadian Journal of Political Science</em>, 9 (2), 1976, p. 261-276.</p>
<p>YEAGER, Leland. Utility, Rights, and Contract: Some Reflections on Hayek’s Work, <em>The Political Economy of freedom. Essays in honor of F.A. Hayek</em>. Philosophia Verlag Gmbh : München, 1985.</p>
<p>WITT, Ulrich. Theory of social evolution: Hayek’s unfinished legacy, In: Jack Birner et Rudy Van Zijp, dir., Hayek, Co-ordination and Evolution; His Legacy in Philosophy, Politics, Economics, and the History of Ideas, London &#038; New York, N.Y.: Routledge, p. 178-189.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/el-neoliberalismo-y-el-problema-de-como-vivir-juntos-la-comunidad-en-la-obra-de-friedrich-hayek-por-victoria-haidar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>A sociedade civil organizada e a administração governamental dos interesses: o exemplo dos conselhos paritários, por Jean-François Deluchey</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/a-sociedade-civil-organizada-e-a-administracao-governamental-dos-interesses-o-exemplo-dos-conselhos-paritarios-por-jean-francois-deluchey/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/a-sociedade-civil-organizada-e-a-administracao-governamental-dos-interesses-o-exemplo-dos-conselhos-paritarios-por-jean-francois-deluchey/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 17:47:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1568</guid>
		<description><![CDATA[Este artigo em PDF A sociedade civil organizada e a administração governamental dos interesses: o exemplo dos conselhos paritários Jean-Fraçois Deluchey 1 [77-101] 1 Jean-François Deluchey é professor adjunto da Universidade Federal do Pará, coordenador do LADIS (Laboratório de Análise das Políticas Públicas de Segurança e Direitos Humanos) e do CESIP (Centro de Estudos sobre [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" target="_blank" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p77-101.pdf">Este artigo em PDF</a></p>
<h5>A sociedade civil organizada e a<br />
administração governamental dos interesses:<br />
o exemplo dos conselhos paritários</h5>
<h6>Jean-Fraçois Deluchey <sup>1</sup> [77-101]</h6>
<p><strong><sup>1</sup> Jean-François Deluchey</strong> é professor adjunto da Universidade Federal do Pará, coordenador do LADIS (Laboratório de Análise das Políticas Públicas de Segurança e Direitos Humanos) e do CESIP (Centro de Estudos sobre Intervenção Penal), grupos de pesquisa registrados<br />
no CNPq.</p>
<div style="height:19px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Resumo</h3>
<p>Este artigo tem como objeto particular a participação da sociedade civil organizada em novas institucionalidades da democracia brasileira, como os Conselhos paritários. Observando os vetores de legitimidade e de representatividade dos membros de tais Conselhos, o estudo identifica certa dissimetria política interna, e analisa as condições de (des)qualificação dos discursos dos membros da sociedade civil. O autor faz a hipótese que, apesar de esses Conselhos paritários se apresentarem como arenas políticas inovadoras capazes de consolidar o debate democrático, eles têm maior possibilidade de se tornarem espaços de controle e de desqualificação da participação da sociedade civil organizada, através da lógica própria à governamentalidade neoliberal, a qual visa ao confinamento do debate na esfera da administração governamental dos interesses e, logo, à certa negação da política.</p>
<p>Palavras-chave: sociedade civil, participação, conselhos, democracia, governamentalidade, neoliberalismo.</p>
<h3>Abstract</h3>
<p>This article addresses the issue of civil society participation in new institutions of Brazilian democracy, such as the Joint Councils. Taking into account the legitimacy and representativeness of the members of such Councils, this study identifies some internal political asymmetry and analyzes the conditions of the (dis)qualification of the discourse of civil society members. The author assumes that, despite the fact that these Councils present themselves as innovative policy arenas capable of consolidating democratic debate, they are more likely to become spaces of control and disqualification of civil society paricipation, through the logics of neoliberal governmentality, which aims to confine the debate in the sphere of interests and deny politics.</p>
<p>Keywords: civil society, participation, Councils, democracy, governmentality, neoliberalism.</p>
<h3></h3>
<p>O atual ordenamento do Estado Democrático de Direito do Brasil, construído a partir da promulgação da Constituição da República Federativa do Brasil, no dia 05 de outubro de 1988, tem a participação popular como um dos eixos de transformação e de consolidação da nova institucionalidade política. Na época, entendia-se que tal participação poderia nortear a construção de novas arenas políticas suscetíveis de renovar e consolidar a representação democrática. Desde então, foram experimentados vários canais de participação da população e da sociedade civil organizada às decisões políticas, desde a proposição de normas jurídicas de iniciativa popular, até o orçamento participativo, passando pela organização de audiências públicas, conferências de políticas públicas e, enfim, pela criação de conselhos paritários, fóruns de diálogo, ou colegiados gestores setoriais da coisa pública, nos quais a sociedade civil organizada ganhou um espaço significativo para contribuir de forma mais direta nas decisões políticas em vários campos de atuação governamental. </p>
<p>Entre essas novas arenas, encontram-se os Conselhos paritários, que se caracterizam pela presença conjunta de representantes do Estado e da sociedade civil organizada. Aparentemente, o diagnóstico preliminar que levou à fundação desses Conselhos foi o mesmo para os atores governamentais e não governamentais: o reconhecimento de<br />
que a participação da sociedade civil organizada na gestão governamental devia ser aumentada e institucionalizada, colocando em perspectiva o argumento da existência de uma crise &#8211; talvez estrutural, no caso brasileiro -, da representação política qualificada pelo processo eleitoral.</p>
<p>Vale lembrar que a “sociedade civil” convidada a compor os Conselhos paritários do Brasil é mais ligada à definição proposta por Jürgen Habermas: </p>
<blockquote><p>A sociedade civil compõe-se de movimentos, organizações e associações, os quais captam os ecos dos problemas sociais que ressoam nas esferas privadas, condensam-nos e os transmitem, a seguir, para a esfera pública política. O núcleo da sociedade civil forma uma espécie de associação que institucionaliza os discursos capazes de solucionar problemas, transformando-os em questões de interesse geral no quadro de esferas públicas (Habermas, 1997b: 99).</p></blockquote>
<p>Veremos adiante que o fato de a sociedade civil presente nos Conselhos ter a capacidade de “institucionalizar os discursos” está justamente no cerne dos problemas ligados a essa nova institucionalidade política, a qual se propõe a enquadrar esta institucionalização em espaços paritários compartilhados com agentes governamentais. Lembra Laurence Weerts que a inclusão da “sociedade civil” nos Conselhos paritários provém de uma lógica extraída do modelo cognitivo da sociedade civil, qualificando atores sociais autônomos a integrar “fóruns híbridos” ou “<em>problem solving units</em>” a partir do reconhecimento da complexidade dos assuntos em pauta e da contribuição que certos membros da sociedade civil poderiam trazer para o debate, visando à criação de políticas adequadas aos problemas enfrentados (Cf. Weerts, 2005: 14). Nessa ótica, estaríamos longe de presenciar, através dos Conselhos paritários, a criação de novas arenas políticas, mas sim de comissões técnicas cujos trabalhos podem ou não servir de insumos para a formulação das políticas públicas. Nossa hipótese é justamente que a institucionalização da participação da sociedade civil organizada em Conselhos paritários, cujo objetivo principal é formular políticas públicas, não significa automaticamente o reconhecimento da relevância dos discursos expressos pela sociedade civil. Logo, esses Conselhos não se configurariam automaticamente como arenas políticas suscetíveis de institucionalizar práticas democráticas. Os Conselhos, ao invés de se constituir em fóruns políticos, possibilitando a institucionalização de conflitos entre representações do mundo divergentes e/ou concorrenciais, poderiam se desenvolver como meras arenas técnicas, cujo produto seria apenas a legitimação da política formulada pela administração governamental.</p>
<p>Isso considerado, podemos tentar observar como se caracteriza essa participação da sociedade civil, em especial através da criação de Conselhos paritários como, por exemplo, os de Segurança Pública ou de Direitos Humanos – os quais constituíram a base empírica do presente estudo, e em que medida a criação dos mesmos constitui uma oportunidade de consolidação de novas institucionalidades democráticas. Por isso, propomos iniciar nossa reflexão com a análise da legitimidade e da representatividade dos membros da sociedade civil nesses Conselhos. Depois, poderemos proceder à análise de outros problemas atinentes a essa nova institucionalidade, em especial à qualificação dos discursos “não governamentais” nas arenas paritárias de deliberação.</p>
<p><strong>Qual representação e qual legitimidades para que tipo de democracia?</strong><br />
O reconhecimento da necessidade de uma participação crescente da sociedade civil organizada na gestão pública poderia se relacionar com algumas características singulares do sistema político brasileiro e, em primeiro lugar, com a fragilidade do sistema partidário e com o sistema de representação decorrente desta fragilidade. O cientista político Stéphane Monclaire, no seu estudo sobre os autores da Constituição brasileira de 1988, lembrou bem essa qualidade peculiar do sistema partidário brasileiro.</p>
<blockquote><p>Tradicionalmente [os partidos políticos brasileiros] (com exceção dos partidos designados como da esquerda radical – PT, PCB, PCdoB – quais contavam apenas com 5% de deputados na Assembleia Nacional Constituinte) são agregados de microempresas políticas locais, caracterizados pela multi-posicionalidade [ideológica] dos seus dirigentes, fundadas em fortes redes de clientela, alimentadas pelos lucros extraídos dos financiamentos públicos ou de apadrinhamentos, e levadas a associar-se, claro para tirar o maior proveito da divisão do mercado político, mas também sob a pressão da lei. A ineficiência das estruturas partidárias de adesão, de socialização e de integração agravam uma heterogeneidade doutrinal que já se encontrava incentivada por importantes disparidades sócio profissionais entre os eleitos, e por lógicas de distinção ligadas à competição política. Fica até muito complicado classificar esses partidos segundo um eixo esquerda-direita [...]. Essa dificuldade resulta menos da fragilidade científica das categorias esquerda-direita, e mais de um auto posicionamento dos atores, qual varia a todo instante segundo os lucros que eles esperam retirar desse trabalho de apresentação de si-mesmos (Cf. Monclaire, 1991: 74-75, tradução nossa).</p></blockquote>
<p>Nesta configuração do sistema político, não somente a representação partidária, mas também a dificuldade dos cidadãos em pautar uma esfera governamental não alimentada por propostas ideológicas coerentes imanentes dos partidos políticos, criariam certo vácuo na relação governo / sociedade civil em relação à representação de interesses. Segundo o cientista político argentino Guillermo O’Donnell, o Brasil seria um dos casos mais “puros” do modelo de democracia que ele descreveu, a democracia “delegativa”, na qual o sistema de representação se aparenta mais com uma delegação de poder: “quem ganha uma eleição presidencial é autorizado a governar o país como lhe parecer conveniente, e na medida em que as relações de poder existentes permitam, até o final de seu mandato” (O’Donnel, 1991: 30). Acrescenta O’Donnell que no Brasil, como na Argentina e no Peru,<br />
o governo</p>
<blockquote><p>é um « governo de salvadores » (salvadores de la patria). Isso, por sua vez, leva a um estilo mágico de elaboração de políticas: o « mandato » delegativo para governar supostamente emanado da maioria, forte vontade política e um conhecimento técnico apropriado seriam suficientes para cumprir a missão de salvador [...]. O estilo e a concepção resultante de elaboração de políticas públicas só pode ignorar os partidos (inclusive os partidos que apoiaram a eleição do presidente), o Congresso, o Judiciário, e praticamente todos os órgãos de representação de interesses (O’Donnel, 1991: 36).</p></blockquote>
<p>Nessas condições, vale perguntar qual é o interesse dos governantes de fundar e ocupar novos cenários políticos de natureza paritária. Seguindo a hipótese formulada por O’Donnell, existiria no sistema político brasileiro um vácuo em termos de representação dos eleitores que não conseguem, por meio do voto, garantir a adoção de medidas políticas referentes aos seus principais interesses. Essa característica imprimiria certos hábitos políticos dos cidadãos em sua relação com o poder, seja através da negociação direta e pessoal com candidatos aos cargos políticos (aproveitando do período eleitoral para firmar acordos pessoais, a maioria dos quais não tendo nenhuma dimensão político-ideológica por serem desligados de preocupações atinentes às escolhas políticas referentes às políticas públicas prioritárias que deveriam ser implementadas), seja através de atividades de <em>lobbying</em> junto às autoridades para a criação de novas arenas políticas de deliberação ou de consulta popular nos quais eles poderiam corrigir, mesmo que às margens do sistema político, a carência de representação de interesses que não conseguem integrar a agenda das principais arenas políticas da democracia brasileira.</p>
<p>O caráter paritário dos Conselhos parece qualificar essa hipótese, considerando que existe um enfrentamento político “natural” entre atores governamentais e não governamentais, que legitimaria a atribuição de um número equivalente de assentos entre atores governamentais e não governamentais em cada Conselho. Do ponto de vista governamental, a participação da sociedade civil corresponde ao reconhecimento de uma competência técnica de associações que defendem pautas específicas, em nome de uma pluralidade política difusa, como se as organizações que a compõem, e que se dispõem a participar da gestão da coisa pública nos Conselhos, não fossem portadoras de projetos políticos próprios. Portanto, a legitimidade conferida pelos governantes à sociedade civil organizada não é de representação popular, mas bem fundada na tecnicidade da mesma, negando desta forma a competência e a legitimidade da mesma em adentrar o campo político. Podemos também pensar que, através dos Conselhos paritários, os governantes buscam aumentar a legitimidade das políticas públicas por eles implementadas; legitimidade essa que aparece enfraquecida pelas características do sistema partidário acima mencionadas, que fazem com que uma base aliada de governo não apoie sistematicamente, a partir de uma lógica de acordos partidários pré-estabelecidos, as políticas formuladas pelos governos eleitos. A tentativa de despolitização das organizações da sociedade civil serve aos governantes na medida em que estes, de um lado, têm interesse em limitar a ingerência da sociedade civil organizada na formulação das políticas governamentais e, por outro lado, também se aproveitam da competência socialmente reconhecida dessas organizações para aumentar a legitimidade dos projetos políticos governamentais. A estratégia dos governantes estaria, nesta hipótese, fundamentada na obtenção do maior apoio possível por parte das organizações da sociedade civil aos seus programas governamentais e, ao mesmo tempo, na tentativa de reduzir ao máximo a capacidade dessas organizações de reformar ou reformular<br />
os programas de ação projetados pelo governo eleito. Inserido na lógica neoliberal, o mercado político responde aos mesmos moldes do mercado econômico : potencializar os benefícios e reduzir os custos. Nossa hipótese é que essa estratégia passa por movimentos de qualificação / desqualificação dos discursos das organizações não governamentais presentes nos Conselhos, cuja direção varia em função dos interesses de seus membros governamentais.</p>
<p>Do ponto de vista da sociedade civil, os atores governamentais seriam suspeitos de não representar de forma satisfatória os interesses da maioria dos eleitores; assim sendo, as associações no Conselho reivindicam por si a posse de grande parte do discurso de defesa do interesse público. Consolidado pela governamentalidade própria ao modelo neoliberal de Estado, esse enfrentamento configura as relações entre representantes do Estado e membros da sociedade civil organizada, e costuma criar uma desconfiança <em>a priori</em> de um grupo de atores em relação ao outro, levando institucionalmente à composição de dois grupos cujo conflito, politicamente reconhecido, expressar-se-ia nas novas institucionalidades de cunho paritário. </p>
<p>Daí surge o conflito entre legitimidades distintas e em parte desqualificadas pelas duas partes da estrutura paritária dos Conselhos: a legitimidade e a capacidade de representação dos conselheiros oriundos da sociedade civil organizada, <em>versus</em> a legitimidade e a representação eleitoral dos membros do governo. Afinal, ninguém autorizou formalmente os conselheiros da sociedade civil a representar qualquer interesse que seja nos diversos Conselhos. Por outro lado, mesmo que os conselheiros governamentais tenham a legitimidade de representar o resultado nas urnas, a fragilidade do sistema partidário tende a desqualificar em parte a representatividade eleitoral, e até a própria legitimidade dos membros governamentais de falar em nome do povo que os elegeu. Nesse aspecto, John Dryzek e Simon Niemeyer explicam que, consequentemente à recente complexificação da sociedade, “a autoridade está cada vez mais menos presente no Estado soberano e se localiza, e se difunde, no sistema global [e] a autoridade política também se difunde através de redes informais compostas por atores governamentais e não governamentais, sejam eles do setor empresarial, de associações de classe, sindicatos, ONGs, movimentos sociais, ou ativistas individuais” (Dryzek &#038; Niemeyer, 2008: 12, tradução nossa). Dessa forma, dizem Dryzek e Niemeyer, fica impossível associar uma forma de representação a um único corpo de cidadãos, a um único <em>demos</em>, porque este <em>demos</em> é mais plural, mais difuso, e menos suscetível de ser mobilizado e representado em um único momento (eleição) ou através de uma única instituição, seja ela do poder executivo ou legislativo, por exemplo.</p>
<p>A lógica própria do modelo liberal constrói um espaço para a atomização da representação do interesse público:</p>
<blockquote><p>A legitimidade se fundamenta, [<em>no modelo liberal</em>], na <em>livre</em> expressão das vontades individuais e na <em>livre</em> concorrência dos interesses particulares. Este modelo remete a uma concepção do interesse geral concebido, não como um a priori editado por um Estado onisciente, mas bem como a síntese de múltiplos interesses extremamente diversos e muitas vezes adversos, os da sociedade civil. Neste sentido, as atividades da sociedade civil, atividades privadas, são necessariamente ao serviço do interesse geral (Weerts, 2005: 3, grifo do autor, tradução nossa).</p></blockquote>
<p>Até a exclusividade das autoridades eleitas em definir o que seria o interesse público está sendo desafiada:</p>
<blockquote><p>temos de lembrar que a vontade da maioria não é legítima por si; o fato de ela ser a vontade do maior número de pessoas não confere, por si só, nenhum privilégio particular. A vontade da maioria é legítima porque ela é constatada através de um processo deliberativo que todos os cidadãos (ou pelo menos os que o queriam) têm arbitrado; o processo que antecedeu a decisão é uma condição da legitimidade tão necessária quanto o princípio majoritário; é a conjunção dos dois elementos que cria a legitimidade (Manin, 1985: 17, tradução nossa).</p></blockquote>
<p>Isso considerado, a criação de Conselhos paritários representaria a consolidação de novas institucionalidades referentes ao modelo liberal de democracia deliberativa, na qual a representação dos cidadãos não se concentraria mais apenas nos processos eleitorais, nem nas instituições que decorrem desse processo. Para chegar de forma mais adequada à definição do que seria o interesse público, a representação eleitoral precisaria ser complementada por arenas políticas alternativas que poderiam contribuir para modificar as práxis da democracia representativa brasileira com a introdução de práticas mais participativas e deliberativas em relação a certas decisões políticas. Para Dryzek e Niemeyer, a representação não pode ser mais observada do ponto de vista das pessoas que são representadas porque, segundo Castiglione e Warren, “desde a perspectiva daqueles que são representados, o que é representado não são pessoas em si, mas bem alguns dos interesses, identidades, e valores que essas pessoas têm ou defendem” (Castiglione &#038; Warren, 2006: 13, <em>apud</em> Dryzec &#038; Niemeyer, 2008, p. 8, tradução nossa). Por isso, Dryzek e Niemeyer propõem que a representação possa ser observada e legitimada a partir da representatividade e da pluralidade dos discursos: “pode ser mais importante para a qualidade da deliberação que todos os <em>discursos relevantes</em> sejam representados, mais do que todos os indivíduos estejam representados” (Dryzek &#038; Niemeyer, 2008, p. 13, grifo nosso, tradução nossa).</p>
<p>São duas as hipóteses que podemos tirar dos trabalhos de Dryzek e Niemeyer. Em primeiro lugar, é possível que, para compensar a fragilidade da legitimidade governamental e a carência de consolidação do sistema partidário, o sistema político brasileiro necessite criar novas arenas de deliberação política em uma base pluralista, abrindo esses espaços à sociedade civil organizada. Resta saber qual é o significado político de deliberações fundamentadas na confrontação de interesses plurais que, muitas vezes, aparecem contraditórios. Também temos que examinar se as novas arenas estão efetivamente em condições de compensar, mesmo que parcial e marginalmente, a carência da representação eleitoral através de uma representação mais pluralista, que permita a interesses não representados alcançar o debate governamental acerca das políticas públicas a serem implementadas. Em segundo lugar, não importaria tanto que a representação democrática fosse ligada a uma maioria de indivíduos, reduzindo a importância do fator quantitativo na democracia brasileira. Poderia ser mais importante, para a consolidação do regime democrático, observar em primeiro lugar a qualidade da representação, através do reconhecimento e da qualificação de uma grande pluralidade de discursos “relevantes” para a deliberação democrática. A questão seria, então, de elaborar critérios de “relevância” para fundamentar a legitimidade e a representatividade dos diversos discursos expressos nas arenas políticas e, em especial, dos discursos oriundos da sociedade civil organizada.</p>
<p>Leonardo Avritzer nos propõe uma leitura particular em relação a essa questão:<br />
a legitimidade da sociedade civil em tais Conselhos poderia qualificar-se por meio de uma representação <em>por afinidade</em>: </p>
<blockquote><p>se introduzirmos a democracia como variável, a política carece tanto do ator que age limitado pela autorização recebida e ao qual nos habituamos a chamar de representante quanto do ator livre que, ao invés de delegar a representação dos seus atos, decide responsabilizar-se por eles. Se o ator que age por sua própria conta fale em nome de outros atores, não deixa de haver representação, ainda que, nesse caso, ela se dê por identificação (Avritzer, 2007: 447).</p></blockquote>
<p>Sendo assim, os interesses, ou melhor, os discursos que os sustentam, poderiam ser politicamente ou tecnicamente analisados no objetivo de qualificá-los como “relevantes” ou “irrelevantes”, e assim servir (ou não) de base à representatividade dos atores não governamentais nas novas arenas deliberativas. Desta forma, podemos imaginar, com Avritzer, que essas associações:</p>
<blockquote><p>exercem o papel de criar afinidades intermediárias, isso é, elas agregam solidariedades e interesses parciais (Warren, 2001). Ao agregarem estes interesses, elas propiciam uma forma de representação por escolha que não é uma representação eleitoral de indivíduos ou pessoas. A diferença entre a representação por afinidade e a eleitoral é que a primeira se legitima em uma identidade ou solidariedade parcial exercida anteriormente. O que fornece a legitimidade da representação por afinidade? A legitimidade do representante entre outros atores que atuam da mesma maneira que ele. Neste sentido, a questão das identidades parciais na política reassume um novo papel que foi, de alguma maneira, abolido pela política moderna. A pragmática da legitimação é diferente, na medida em que a legitimação se dá pela relação com o tema. É ela que gera a legitimidade e não o contrário, como na representação eleitoral (Avritzer, 2007: 458).</p></blockquote>
<p>Em relação ao exercício de legitimação, esta racionalidade parece funcionar no momento da escolha das organizações da sociedade civil suscetíveis de integrar os Conselhos paritários. Notamos, <em>en passant</em>, que esse processo de escolha é de uma via apenas, cuja origem é governamental. As organizações não governamentais raramente se candidatam a uma vaga nestes Conselhos, e ainda mais raramente elas são eleitas por meio de um processo interno à sociedade civil organizada; elas são geralmente <em>escolhidas</em> pelos governantes do setor de competência do Conselho. No entanto, na maioria das vezes, as mesmas organizações, com reconhecida competência <em>técnica</em>, são escolhidas para compor os Conselhos. Por exemplo, as associações estaduais de defesa dos direitos humanos geralmente integram os Conselhos de segurança pública e os de direitos humanos. Nos Conselhos de defesa dos direitos dos menores de idade, as organizações estaduais CEDECA (Conselho de Defesa dos Direitos da Criança e do Adolescente) e as sessões estaduais da OAB (Organização dos Advogados do Brasil) aparecem como atores imprescindíveis para o debate. </p>
<p>Isso considerado, podemos observar que a chave de entendimento dos Conselhos paritários, enquanto novas institucionalidades democráticas, não é tanto a ser procurada através da questão da legitimidade e da representatividade dos próprios conselheiros não governamentais, mas bem através do reconhecimento de que o seu discurso tem certa representatividade, mesmo que de forma difusa, na sociedade brasileira ou no território ao qual esse discurso se refere. Dito isso, aparece outro problema: quem e como se qualifica um discurso para ele ser considerado “relevante” e, assim, integrar um fórum deliberativo? A tentação é forte de reconhecer que os representantes do povo, oriundos do processo eleitoral, têm a primazia e a maior legitimidade na escolha de quem é suscetível de representar o interesse público em uma ou outra arena democrática de deliberação. Mas a representação, como mostrou Avritzer, não pode unicamente ser o reconhecimento, pelas autoridades autorizadas através do processo eleitoral, da competência de um grupo em tratar ou debater dos problemas em questão. A importância da participação da sociedade civil organizada em diferentes fóruns deliberativos da democracia brasileira cria uma situação na qual a legitimidade dos atores governamentais e não governamentais desses espaços paritários é uma via de duas mãos. Escreve Leonardo Avritzer:</p>
<blockquote><p>As eleições continuam sendo a maneira mais democrática de escolha dos representantes, mas, uma vez eleitos, estes se encontram com a advocacia de temas e a representação da sociedade civil. Aqueles representantes que ignoram essa representação, seja no âmbito nacional, seja no internacional, tendem a se deslegitimar entre os seus próprios eleitores e têm sido muitas vezes incapazes de implementar a sua própria agenda (Avritzer, 2007: 458).</p></blockquote>
<p>O modelo liberal, fundamentado na gestão de interesses dispersos e numerosos, está, portanto, levado a considerar como legítima essa pluralidade de expressões e discursos, e a lidar com esta pluralidade dentro das instituições democráticas. Para entender um pouco mais o impacto real e potencial dos Conselhos paritários sobre as políticas públicas no Brasil, o modelo dos “fluxos múltiplos” (<em>multiple streams</em>) desenvolvido por John Kingdon e atualizado por vários cientistas políticos, a partir dos anos 1980, oferece um bom referencial teórico. Para Kingdon, a decisão de desenvolver (ou não) certa política pública depende de vários fluxos autônomos (fluxo dos problemas, fluxo das soluções, fluxo das condições políticas favoráveis) cujo encontro, em dado momento, abre uma “janela de oportunidades” para a tomada de decisão preliminar ao desenvolvimento de uma política pública específica (Kingdon, 1984). Em relação a esse quadro teórico, podemos observar que a multiplicação e a crescente diversificação dos atores envolvidos nas políticas públicas, desde a definição do problema até a fase avaliativa, têm como consequência certa complexificação dos processos e fluxos dessas políticas. A intervenção de novos indivíduos, grupos e redes politicamente e/ou tecnicamente influentes poderia estar em condições de alterar profundamente e de forma contínua as políticas públicas por mais, lembramos, que sua validade esteja reconhecida no sistema político. </p>
<p>Assim sendo, a multiplicação dos atores “qualificados” para intervir nos processos políticos pode constituir um desafio para o processo de governança das políticas públicas da agenda governamental, colocando eventualmente em risco a sua implementação e os seus impactos. Mesmo que a capacidade de representação de interesses não esteja negada às organizações da sociedade civil, os representantes governamentais têm interesse em pautar as decisões (e indecisões) dos Conselhos de tal forma que essas não venham de encontro às políticas públicas previstas no projeto governamental. Titulares de uma representação eleitoral que, na sua avaliação, os qualifica em primeiro lugar para falar em nome do povo, os membros governamentais dos Conselhos paritários têm a tentação natural de segregar os conselheiros não governamentais na posição de meros consultores técnicos. A estes, é reconhecida a capacidade de sugerir emendas referentes aos planos governamentais pré-definidos pelo Poder Executivo, mas lhes é geralmente negada, na prática, a legitimidade e a capacidade de formular alternativas coerentes capazes de competir com as políticas públicas inscritas na agenda governamental. Dessa forma, a tendência natural dessas novas institucionalidades é que se minimizem as capacidades de representação popular das organizações da sociedade civil, enfraquecendo a qualidade da contribuição das mesmas na emissão de normas e reformas efetivas capazes de modificar substancialmente as políticas públicas em pauta. A observação do funcionamento interno dos Conselhos paritários leva quase sempre à mesma constatação: os membros governamentais tentam impor a pauta governamental, legitimando-a através da consulta técnica (ou simples caução moral) das organizações da sociedade civil, e os membros não governamentais penam em impor uma pauta importante, a não ser às margens ou nos silêncios das estratégias políticas governamentais (Deluchey, 2000: 383-400).</p>
<p><strong>A dissimetria política interna</strong><br />
A dupla fonte de representação (eleitoral e “por afinidade”) cria evidentes conflitos internos nos Conselhos paritários, nos quais é até desafiada a legitimidade de certos conselheiros em ter assento e em falar enquanto representantes do interesse público. A lógica institucional dos Conselhos faz com que presenciemos um debate constante sobre o significado da representatividade democrática que, de um lado, fundamenta-se, mesmo de forma indireta, na força da decisão popular expressa na eleição e, de outro lado, no compromisso notório dos conselheiros da sociedade civil organizada em relação ao interesse público [2] ou, pelo menos, a direitos coletivos. Esta tensão certamente está na origem de várias dificuldades institucionais atuais dos Conselhos paritários.</p>
<p>No entanto, o maior problema referente aos Conselhos paritários, o que pode ser visto como o principal obstáculo institucional à sua consolidação como arena política importante do ordenamento democrático brasileiro, está relacionado à sua <em>dissimetria política interna</em>. Em primeiro lugar, cabe-nos perguntar o quão paritários são esses Conselhos, a partir do estudo de suas composições, das suas normas de funcionamento e das principais missões que são atribuídas aos conselheiros e ao colegiado em estudo. A partir daí, precisamos analisar em que medida as organizações da sociedade civil que desfrutam de assento permanente ou temporário nos Conselhos estão em condições de impor uma voz uníssona e forte dentro do colegiado, a ponto de conseguir a aprovação de normas e diretrizes pautadas pela sociedade civil organizada. Em certos casos, é possível que a participação dos representantes da sociedade civil nos Conselhos tenha peso limitado nas principais decisões referentes à formulação e implementação das políticas públicas, e que esses Conselhos e, particularmente os seus membros não governamentais, estejam sendo parcialmente instrumentalizados por um Poder Executivo Estadual que controla, <em>in fine</em>, toda a produção de normas e de políticas públicas. </p>
<p>De antemão, a lógica institucional desses novos fóruns democráticos faz com que esses Conselhos tenham como principais produtos o reconhecimento e, logo, a consolidação da autoridade do seu presidente, seja ele Governador do Estado ou Secretário de Estado. Isso considerado, o caráter mais ou menos paritário do Conselho dependerá, em grande parte, da estratégia do presidente do Conselho e dos objetivos políticos por ele visados através deste Conselho. Mesmo sendo absolutamente paritário, o presidente de Conselho, em todo caso, goza, geralmente, do “voto de Minerva” para impor a sua estratégia aos demais conselheiros. No caso do Conselho não ser absolutamente paritário, ou com uma paridade de fachada (alguns membros “não governamentais” sendo sistematicamente solidários com as instituições governamentais nas principais deliberações), existe o risco de que a presença dos conselheiros oriundos da sociedade civil organizada nada mais seja do que uma tentativa de desarmar o potencial político de organizações que, fora o Conselho, desenvolveriam estratégias de enfrentamento ao Governo muito mais visíveis e, talvez, mais eficazes, do que as desenvolvidas dentro de um espaço institucional controlado pelo próprio Governo. Em todo caso, o Governo tem a última palavra; é ele que define se uma reivindicação da sociedade civil pode ser ou não qualificada, e se esta pode ou não integrar a pauta dos debates do Conselho. Afinal, para ter diálogo, há de ter reconhecimento recíproco do <em>logos</em> de cada parte. </p>
<p>Essa possibilidade de instrumentalização do Conselho, e particularmente dos seus membros “não governamentais”, aparece nitidamente quando a maioria das normas sancionadas pelo Colegiado não está sendo implementada pela administração governamental (Vasconcelos, 1997). Em alguns casos, é possível que a implementação seja realmente de difícil execução, mas a não implementação também pode significar uma orientação política do Governo que, já tendo desarmado o conflito através de certa institucionalização do diálogo dentro do Conselho, não se vê obrigado a executar normas que poderiam constituir obstáculos ou freios à implementação da agenda governamental. Dessa forma, se o Conselho vem sendo restringido a mero espaço de expressão, cuja qualificação não está de fato reconhecida, a sua força política real acaba sendo muito menor do que apresentava a norma que o criou.</p>
<p>Desse modo, a institucionalização do Conselho depende geralmente do quanto os governantes se apoiam ou não nas atividades do mesmo para operar um aumento de sua governabilidade, isto é, o Conselho terá uma institucionalidade forte apenas se os governantes enxergam nele a possibilidade de articular de forma mais eficaz os diferentes atores intervindo na esfera da política pública contemplada, possibilitando, desta maneira, o aumento de sua capacidade de ação enquanto governo. Caso o presidente do Conselho precise do mesmo para garantir ou consolidar sua autoridade, ou caso este represente uma ameaça em relação à sua governabilidade, a liderança do presidente no Conselho será dirigida para a consolidação ou para a neutralização do poder político do órgão colegiado. Um exemplo concreto disso pode ser parcialmente observado através do estudo da regularidade das reuniões convocadas pela autoridade política de cada mandato executivo. Para cada gestão de política setorial, existem estratégias diferenciadas de legitimação ou de desqualificação das atividades dos Conselhos. Assim sendo, a criação oficial desse tipo de Conselho, ou até sua instalação formal, não garante a sua futura institucionalização. No mesmo sentido, o apoio governamental às atividades e à autonomia do Conselho pode ser avaliado através das condições que o Governo proporciona ao Conselho para ele responder de maneira qualificada às missões que lhes são atribuídas. Por exemplo, um Conselho cuja estrutura se limita a um secretário executivo será menos eficaz nas suas ações e no monitoramento das políticas públicas do que um Conselho que dispõe de orçamento autônomo e de uma assessoria técnica capaz de realizar os necessários diagnósticos e prognósticos fundamentando as deliberações do Conselho, assim como para operacionalizar a execução e garantir o monitoramento de suas decisões.</p>
<p>Essa dissimetria entre os membros governamentais e não governamentais dos Conselhos reveste também outra dimensão: na maioria dos casos, apenas os conselheiros não governamentais têm interesse no bom funcionamento do Conselho. Por exemplo, para um Comandante da Polícia Militar ou um Delegado-Geral de Polícia Civil, a forma mais eficaz e estratégica de defender certa pauta política ocorre através de negociações diretas com as maiores autoridades do Poder Executivo Estadual – Secretário de Estado ou Governador – e não através das atividades de um Conselho Estadual de Segurança Pública. Ao contrário, as organizações da sociedade civil, com raras exceções, não se beneficiam do mesmo trâmite e da mesma influência junto às principais autoridades do Poder Executivo Estadual e, por consequência, tendem a considerar o Conselho paritário como uma arena política privilegiada para o desenvolvimento de estratégias referentes às políticas públicas em questão (Deluchey, 2000; Gohn, 2005; Vasconcelos, 2007). </p>
<p>Em uma configuração de Conselho na qual os objetivos dos atores são muito diferentes e, muitas vezes, contraditórios, as estratégias são forçosamente diferentes e/ou antagônicas. Agora, a paridade pode ser ainda mais desafiada quando uma ou várias organizações da sociedade civil representadas no Conselho desfrutam de um canal alternativo de negociação de sua pauta política com o Governo. Desse modo, parte dos representantes da sociedade civil podem também ter interesse em desqualificar ou “esvaziar” o Conselho enquanto espaço político, e em buscar a consecução de seus próprios objetivos políticos através de um canal alternativo de negociação. Essas negociações paralelas às atividades dos Conselhos paritários são geralmente incentivadas pelo Governo, afinal, “dividir para governar” (<em>divide ut regnes</em>) é princípio político consagrado da arte de governar. Desta maneira, as reuniões do Conselho apenas valem por seu caráter ritualístico, contribuindo ainda mais para a natureza ilusória dos produtos esperados através dessas novas institucionalidades [3].</p>
<p>Outra grande questão é a da elaboração e da formulação de políticas públicas pelos próprios Conselhos, competência atribuída especialmente aos Conselhos Estaduais de caráter deliberativo, por exemplo, na área da segurança pública. Segundo as hipóteses avançadas acima, se as estratégias dos membros do Conselho estiverem diferentes ou antagônicas, se nenhuma estrutura de assessoria ou de apoio técnico estiver prevista para facilitar e dar continuidade aos trabalhos do Conselho, e se a institucionalidade e as solidariedades internas do Conselho favorecerem o controle exclusivo da emissão de normas pelo Poder Executivo, dificultando a produção destas pelos membros da sociedade civil, o Conselho pode simplesmente se transformar em um órgão de validação das decisões do Poder Executivo Estadual, segregando as atividades da maioria dos representantes da sociedade civil a um controle disperso e pouco eficaz das ações governamentais e administrativas. Dessa forma, o caráter deliberativo do Conselho, formulador e implementador de uma política estadual como a de segurança pública, não passaria de uma cortina de fumaça cujo objetivo seria deixar o Poder Executivo com maior liberdade e maior governabilidade para impor a sua própria pauta nas políticas públicas de segurança do Estado. Vasconcelos, comentando o trabalho de Gohn, chama a nossa atenção sobre “algumas leituras equivocadas sobre a função dos Conselhos, ora sendo vistos como “substitutos da democracia participativa”; ora como “braços auxiliares do executivo”; ou ainda, como “substitutos da participação popular em geral” (cf. Gohn, 2005: 94). Esses erros e equívocos na percepção dos Conselhos criam entraves ao próprio exercício da democracia, na medida em que se reverte em deformações de suas próprias práticas” (Vasconcelos, 2007: 637). Por isso importa nos desprendermos de todas as ilusões referentes ao caráter “democrático” da participação da sociedade civil<br />
nos Conselhos paritários.</p>
<p><strong>Uma contradição original e um consenso ilusório</strong><br />
Aparentemente, apesar da conflitualidade essencial entre atores governamentais e não governamentais, a criação dos Conselhos paritários, em especial os de Segurança Pública e de Direitos Humanos, é fruto de certo consenso entre esses mesmos atores. O consenso situa-se no reconhecimento da necessidade de uma participação mais direta das associações civis em arenas deliberativas ou consultivas, com relação a conjuntos específicos de políticas públicas setoriais. Ora, no Brasil, esse reconhecimento tem um caráter altamente contraditório porque o consenso sobre a oportunidade de construir essas novas arenas democráticas se fundamenta em lógicas políticas profundamente opostas, o que, fatalmente, torna o consenso ilusório. Os atores do consenso buscavam, do lado governamental, uma forma de compartilhar uma responsabilidade assumida até então pelos únicos representantes do Estado, bem como uma forma de aumentar sua governabilidade, amenizando ou controlando os conflitos políticos entre o Poder Executivo e a sociedade civil organizada. Do lado não governamental, os objetivos da sociedade civil organizada eram de três ordens diferentes. Primeiro, esta nova institucionalidade podia garantir maior transparência à ação governamental, o que significaria mais capacidade de controle não governamental sobre a mesma. Segundo, os Conselhos podiam representar espaços de cobrança por um maior comprometimento por parte do Estado em relação aos problemas sociais graves pelos quais este, até então, tinha demonstrado pouco interesse em resolver, abrindo espaço à sociedade civil para pautar ações governamentais do seu interesse. Finalmente, os Conselhos podiam constituir-se em novas tribunas, institucionalizadas, suscetíveis de acolher e de publicizar a livre expressão das reivindicações e críticas da sociedade civil organizada em relação aos entes ou autoridades governamentais. Por esses motivos, a criação dos Conselhos paritários foi considerada como uma conquista política importante da sociedade civil organizada, fato que, talvez, denote certa ingenuidade política em relação a um fenômeno social um pouco mais complexo do que parece.</p>
<p>Nos anos 90 e no início dos anos 2000, durante os quais muitos princípios norteadores da doutrina neoliberal foram incorporados à gestão pública no Brasil, a criação de Conselhos Estaduais de Direitos Humanos e de Conselhos Estaduais de Segurança Pública, representou ao mesmo tempo uma das traduções mais visíveis da governamentalidade neoliberal e uma tática de enfrentamento a essa lógica a partir da institucionalização do conflito entre instituições governamentais e organizações da sociedade civil em novas arenas políticas. Em primeiro lugar, temos de lembrar que nos meados dos anos 90, com a presidência de Fernando Henrique Cardoso (FHC), o Estado brasileiro passou por várias transformações associadas à doutrina chamada “social-liberal” [4]. Afirma Luiz Carlos Bresser-Pereira, principal idealizador de uma reforma social-liberal do Estado brasileiro durante a presidência FHC: </p>
<blockquote><p>No capitalismo contemporâneo as formas de propriedade relevantes não são apenas duas, como geralmente se pensa, e como a divisão clássica do Direito entre Direito Público e Privado sugere &#8211; a propriedade privada e a pública -, mas são três: (1) a propriedade privada, voltada para a realização de lucro (empresas) ou de consumo privado (famílias); (2) a propriedade pública estatal; e (3) a propriedade pública não-estatal, que também pode ser chamada de não-governamental, não voltada para o lucro, ou propriedade do terceiro setor (Bresser-Pereira, 1997: 20).</p></blockquote>
<p>A fundação de Conselhos Estaduais paritários está associada, entre outros instrumentos, à tentativa “social-liberal” de retirar do Estado parte das responsabilidades ligadas às políticas sociais, apoiando-se em organizações da sociedade civil para gerenciar de maneira direta ou compartilhada essas áreas consideradas de “propriedade não estatal”. Michel Foucault, em seus cursos no Collège de France, em 1979, já tinha descrito esse movimento de “deslocamento do centro de gravidade do direito público” (Foucault, 2008Ç 53). Para ele, a nova via de definição da área do direito público, a via “radical utilitarista”, consiste:</p>
<blockquote><p>não em partir do direito, mas em partir da própria prática governamental. [...] Em função dos limites de fato que podem ser postos a essa governamentalidade. [...] E deduzir, a partir daí, em que seria contraditório, ou absurdo, o governo mexer. [...] O limite de competência do governo será definido pelas fronteiras da utilidade de uma intervenção governamental. [...] Essa razão governamental que tem por característica fundamental a busca de sua auto-limitação, é uma razão que funciona com base no interesse. [...] Agora, o interesse a cujo princípio a razão governamental deve obedecer são interesses, é um jogo complexo entre os interesses individuais e coletivos, a utilidade social e o benefício econômico, entre o equilíbrio do mercado e o regime do poder público, é um jogo complexo entre direitos fundamentais e independência dos governados. O governo, em todo caso o governo nessa nova razão governamental, é <em>algo que manipula interesses</em> [...]. A partir de então o governo já não precisa intervir, já não age diretamente sobre as coisas e sobre as pessoas, só pode agir, só está legitimado, fundado em direito e em razão para intervir na medida em que o interesse, os interesses, os jogos de interesse tornam determinado indivíduo ou determinada coisa, determinado bem ou determinada riqueza, ou determinado processo, de certo interesse para os indivíduos, ou para o conjunto dos indivíduos, ou para os interesses de determinado indivíduo confrontados ao interesse de todos, etc. <em>O governo só se interessa pelos interesses</em> (Foucault, 2008: 55-62, grifo nosso).</p></blockquote>
<p>Essa caracterização da governamentalidade, da arte de governar de cunho neoliberal descrita por Foucault, pode ser sistematicamente observada nas políticas governamentais das democracias liberais contemporâneas, inclusive na democracia brasileira. Apesar da tentativa de Bresser-Pereira de diferenciar a doutrina social-liberal da neoliberal, as duas doutrinas têm este ponto em comum : pregam o recuo e a desresponsabilização do Estado nos assuntos que não são do interesse direto de quem opera, povoa ou controla o mesmo; e isso aparece a partir de um cálculo e de uma manipulação de interesses, tal como a descrita pelo filósofo francês Michel Foucault no <em>Nascimento da Biopolítica</em>. Na realidade, o que acontece é uma tentativa de negação da política para passar exclusivamente para a administração governamental dos interesses, típica da sociedade de controle e da razão do Estado mínimo. </p>
<p>Como tradução brasileira desse movimento, forma-se a partir dos meados dos anos 90, dentro das instâncias do governo federal e dos governos estaduais, apoiando a administração FHC, um movimento favorável ao compartilhamento das decisões políticas com representantes da sociedade civil, especialmente nas políticas públicas consideradas de “propriedade pública não estatal”. De qualquer modo, trata-se de não mais atribuir ao único Estado a gestão da coisa pública. Opera-se uma definição mais teleológica do adjetivo “público”, o qual não está mais assimilado ao Estado, mas bem redefinido à luz do conceito de “interesse público” ou “interesse social”, marcado pelo objetivo não lucrativo da atividade realizada, e pela busca do maior bem estar coletivo (Deluchey, 2000). A eleição de um presidente de esquerda, Luiz Inácio “Lula” da Silva, e a formulação, em 2003, de uma “Gestão Pública para um Brasil de Todos”, apesar do objetivo declarado de “implementar um modelo de desenvolvimento equitativo e com inclusão social” (Brasil, 2003: 8), não conseguiu escapar da governamentalidade neoliberal em curso e se refere a vários conceitos oriundos da mesma lógica governamental, como os de governança, eficácia e eficiência. No que tange à participação, o plano de gestão do governo petista, em vigor até hoje com a presidenta Dilma Rousseff, estabelece o seguinte:</p>
<blockquote><p>Transparência e participação são princípios basilares da gestão democrática que permitem aos cidadãos se informarem sobre a agenda proposta pelo governo e, por meio dos canais adequados, participarem das decisões sobre assuntos relacionados ao interesse público e <em>a seus legítimos interesses particulares</em>. [...] Envolvimento, mobilização, incentivo e participação dos servidores e demais atores envolvidos são fundamentais. A definição de estratégias de intervenção ou indução de processos de mudança deve ser <em>baseada na adesão das organizações e setores</em>, na capacitação e na motivação intensivas, além da troca constante de informações. Superam-se, assim, as transformações baseadas predominantemente no caráter legalista e coercitivo, em favor de uma abordagem que resgate a formulação de políticas de gestão baseadas em <em>incentivos institucionais e pessoais</em> (Brasil, 2003: 11-13,<br />
grifo nosso).</p></blockquote>
<p>Dessa forma, a pauta da administração governamental dos interesses permanece, acolhendo a concorrência dos interesses particulares como um dos pilares da governamentalidade. Neste cenário político, a sociedade civil organizada enxergou na possibilidade de participar de arenas deliberativas institucionais de cunho paritário uma verdadeira chance de pautar os seus projetos políticos com maior sucesso do que por uma luta política “<em>hors l’État</em>”. Como bem lembrou Rubens Pinto Lyra, “tais conselhos resultam de iniciativas de diversos atores sociais com atuação na área de direitos humanos e cidadania, que tomaram a decisão de ir além da simples denúncia das ações ilegais da polícia, aproximando-se desta, tendo em vista “transformá-la por dentro”” (Lyra, 2003: 393) [5]. De maneira difusa, na sociedade civil organizada dos anos 90, surgiu a ideia de que o trabalho da sociedade civil não devia se limitar a publicar denúncias e cobrar procedimentos judiciais ou administrativos, como tradicionalmente era o caso de violações contra os direitos humanos, dentro e fora da área de segurança pública. Na época, pareceu muito sedutora a possibilidade, ofertada pela doutrina neoliberal, pela promulgação da nova ordem democrática, e pelo sucesso da participação popular na elaboração da Constituição Cidadã de 1988, de poder integrar espaços de decisão nos governos para pesar nos processos decisórios e cobrar de maneira direta dos governos democráticos a defesa irrestrita do interesse público. </p>
<p>De fato, as intenções dos representantes da sociedade civil organizada de apoiar, por exemplo, a criação de Conselhos Estaduais paritários de Segurança Pública e de aceitar participar deles enquanto conselheiros, eram justamente inversas às dos governos fundamentados na doutrina neoliberal ou social-liberal. Quando os últimos buscavam um recuo e uma desresponsabilização do Estado (ou, melhor, um compartilhamento da responsabilidade) nas matérias referentes à segurança pública e aos direitos humanos, os primeiros visavam institucionalizar um espaço, permitindo à sociedade civil organizada cobrar mais engajamento nessas áreas por parte do Estado, assim como induzir a correição de certas práticas autoritárias herdadas do regime de exceção e que continuavam marcando o exercício do poder pelo Estado brasileiro e seus agentes [6].</p>
<p>Essa contradição parece corresponder ao que o filósofo francês Jacques Rancière designou por <em>mésentente</em>, qual poderia ser aproximar em português da noção de <em>desentendimento</em>. Para Rancière:</p>
<blockquote><p>Por <em>mésentente</em>, entender-se-á um tipo determinado de situação de fala: a na qual um dos interlocutores ao mesmo tempo entende e não entende o que o outro está falando. A <em>mésentente</em> não é o conflito entre quem diz branco e quem diz preto. Ela é o conflito entre quem diz branco e quem diz branco mas não entende a mesma coisa ou não entende que o outro diz a mesma coisa através do nome da brancura. [...] A <em>mésentente</em> não é o desconhecimento. [...] Também não é o mal-entendido baseado na imprecisão das palavras. Os casos de <em>mésentente</em> são os onde a disputa sobre o que falar significa constitui a própria racionalidade da situação de fala. [A] política é a atividade que tem por racionalidade própria a racionalidade da <em>mésentente</em> (Rancière, 1995: 12-15, grifo nosso, tradução nossa).</p></blockquote>
<p>Talvez por isso que o consenso entre atores governamentais e atores não governamentais referente à oportunidade política representada pela criação dos Conselhos revela-se, no final, completamente ilusório, como comentaremos adiante. Enquanto os atores dos Conselhos não reconhecerem a <em>mésentente</em> nas diversas situações de fala, esses Conselhos terão dificuldade de se transformar em arenas políticas institucionalizadas.</p>
<p>Agora, em plena fase de consolidação do regime democrático brasileiro, a reivindicação dos representantes da sociedade civil organizada em integrar espaços comuns de decisão política com os representantes do Estado pode ser vista como um vetor interessante de emancipação política da mesma. Segundo o filósofo francês Jacques Rancière:<br />
“A emancipação, é a saída de uma minoria”, mas, acrescenta Rancière, “ninguém sai da minoria social senão por si mesmo” (Rancière, 1998: 90, tradução nossa). Para os atores sociais se emanciparem, eles têm que:</p>
<blockquote><p>provar que eles pertencem de fato à sociedade, que eles comunicam bem com todos dentro de um espaço comum; que eles não são unicamente seres de necessidade, de reclamação ou de grito, mas bem seres de razão e de discurso, que eles podem opor razão contra razão e construir a sua ação como uma demonstração. [...] Trata-se de fazer uma demonstração de capacidade que também é uma demonstração de comunidade. Emancipar-se, não é fazer secessão, é afirmar-se como compartilhando [<em>co-partageant</em>] um mundo comum, pressupor, mesmo que as aparências estejam contrárias, que se pode jogar o mesmo jogo de que o adversário (Rancière, 1998: 90-91, tradução nossa).</p></blockquote>
<p>Seguindo Jacques Rancière, podemos pensar que o ingresso dos representantes da sociedade civil organizada em Conselhos paritários está ligado à sua própria emancipação enquanto ator político, a partir da construção de espaços de comunidade da fala (<em>logos</em>), a qual caracteriza a consolidação do espaço político democrático e qualifica os seus atores, por exemplo através da paridade, como atores politicamente emancipados. Isto não quer dizer, como também diz o Rancière, que “o espaço de sentido comum” seja um “espaço de consenso” (Rancière, 1998: 92, tradução nossa). Pelo contrário, como espaço político, o Conselho pode ser construído a partir da lógica do enfrentamento institucionalizado, enquanto vetor de emancipação da sociedade civil organizada, a mesma se tornando agente político e vetor de fala, de discurso. Rancière, em referência a Aristóteles, nos diz que “o ponto de junção do homem e do cidadão, do indivíduo que calcula a sua vida e do membro da comunidade, é que o homem é, antes de mais nada, um ser de fala: é fundamentalmente como ser falante que ele se encontra igual a qualquer outro” (Rancière, 1998: 94-95, tradução nossa). Dessa forma, a construção de novos espaços democráticos, incorporando grupos sociais até então desprovidos de fala em espaços institucionais consolidados pode proceder de uma lógica emancipatória. Para a sociedade civil organizada, a sua integração significa fazer passar novos atores sociais do “grito” ou da <em>phoné</em> animal descrita por Aristóteles na sua <em>Política</em> (voz não significativa, associada à reclamação, à dor, ao discurso não organizado e não emancipado próprio ao animal), ao discurso racional e igualitário, o <em>logos</em>, significativo, que coloca toda ação discursiva em um plano de igualdade entre sujeitos de direitos, membros da mesma comunidade, conscientes da <em>mésentente</em> em curso, e capazes de debater de igual para igual do que é justo e injusto sem passar pelo grito e pela afirmação da dor (Cf. Rancière, 1998: 35, <em>et sq.</em>). </p>
<p>Entre a vontade de aliviar a responsabilidade do Estado e o discurso emancipatório da sociedade civil organizada, a construção da nova institucionalidade que representam os Conselhos paritários pode ser fruto de um consenso ilusório baseado na contradição dos objetivos dos atores políticos reunidos nesses fóruns. Para os atores governamentais,<br />
a incorporação dos representantes da sociedade civil organizada poderia ser uma tentativa de controlar e desqualificar mais eficazmente a fala dos mesmos, dando a entender que ela mais se aparenta ao grito (<em>phoné</em>). Uma vez essa desqualificação realizada, venceria a impressão de que o conflito político é ilusório e, mesmo que existisse, o discurso dos representantes da sociedade civil não receberia qualificação suficiente para ter algum significado, obstando desta maneira a possibilidade do Conselho paritário de se transformar em arena democrática institucionalizada. Para os atores não governamentais, é justamente a possibilidade de reativar e qualificar o conflito em outro plano: o da comunidade (no sentido de fazer parte de um mundo comum) e da igualdade através do reconhecimento pelo adversário da validade de seu discurso, de seu <em>logos</em>. Essa contradição, essa duplicidade nas expectativas dos diversos atores do processo de criação desses Conselhos faz com que vários enfrentamentos internos ocorram por causa de discórdias referentes à sua institucionalidade (equilíbrio da paridade, escolha dos membros, competências, etc.) e aos produtos políticos, muitas vezes antagônicos, buscados pelos representantes do Estado e da sociedade civil através de sua participação<br />
no Conselho.</p>
<p><em>A priori</em>, a criação de Conselhos paritários parecia intrinsecamente associada à formação de novas arenas políticas suscetíveis de permitir uma consolidação do Estado Democrático de Direito e a ampliação da garantia de direitos no Brasil. De toda forma, a afirmação explícita do consenso mantém certa ilusão sobre tais institucionalidades, porque coloca no mesmo plano a reativação do conflito e a ilusão da mesma para neutralizar qualquer oposição e qualquer tentativa emancipatória. Os governantes geralmente sabem apoiar-se em lógicas próprias ao funcionamento institucional, como as descritas a seguir<br />
por O’Donnell: </p>
<blockquote><p>As instituições incorporam e excluem. As instituições estabelecem quais agentes, com base em que recursos, demandas e procedimentos, são aceitos como vozes válidas em seus processos de decisão, tanto na tomada de decisão como em sua implementação. [...] As instituições induzem padrões de representação [...]. A representação envolve, por um lado, o direito reconhecido de falar por alguns outros relevantes e, por outro lado, a capacidade de obter a concordância desses outros com o que o representante decide” (O’Donnel, 1991: 28-29) [7]. </p></blockquote>
<p>Assim sendo, mesmo oferecendo chances verdadeiras de emancipação do discurso não governamental referente às políticas públicas em questão, os Conselhos paritários, como já evocamos, guardam em sua essência as ferramentas da neutralização ou da alienação do discurso não governamental. Finalmente, qualquer que seja o equilíbrio das forças políticas presentes nesses Conselhos, a razão governamental fundamentada na manipulação dos diversos interesses sempre prevalece. Dentro deste contexto, parece muito mais provável presenciar, nas atividades dos Conselhos, uma negação do conflito essencial existente entre as partes, o não reconhecimento da <em>mésentente</em>, isto é, fatalmente, uma negação da política.</p>
<p>O reconhecimento da fragilidade de expressão do discurso não governamental, bem como o seu confinamento em questões meramente técnicas, fazem com que os Conselhos sejam geralmente considerados como espaços de discriminação política, que conspiram para a desqualificação ou para a permanência da alienação desse discurso. Neste contexto, a paridade dos Conselhos é vista como uma correição parcial dessa alienação, por meio da consolidação do controle social sobre a administração pública, um vetor genuíno de participação popular às tomadas de decisões governamentais, uma forma de modificar substancialmente o processo de governança e, até, de limitar a governamentalidade. No entanto, seria ingênuo pensar que a paridade do Conselho pudesse garantir a qualificação dos discursos dos atores governamentais. </p>
<p>No caso dos Conselhos consultivos, como é, por exemplo, o caso da maioria dos Conselhos Estaduais de Direitos Humanos no Brasil, a alienação dos discursos é ainda mais sensível. O trabalho dos conselheiros consultivos consiste em emitir diretrizes suscetíveis de orientar as decisões políticas dos órgãos competentes, em criar um espaço permanente e institucional de reivindicação da sociedade civil junto ao governo, bem como, muitas vezes, em servir de mediador entre vários conflitos relacionados à temática dos direitos humanos constituindo, desta forma, um filtro cuja função principal é amenizar as formas de enfrentamento entre o governo e a sociedade civil na ocasião da publicação de denúncias graves referentes a violações dos direitos humanos no Estado. A questão de saber se essas denúncias emitidas pelos membros não governamentais dos Conselhos são recebidas pelo Poder Executivo como uma <em>phoné</em> ou um <em>logos</em>, depende muito do reconhecimento da validade do discurso pelos atores governamentais, e configura o valor institucional do Conselho paritário. Esse valor é finalmente determinado através da manipulação governamental dos interesses, o que não garante que a alienação dos discursos possa ser superada institucionalmente.</p>
<p>Nos Conselhos deliberativos, inúmeros fatores podem vir a emperrar a capacidade de deliberação do Conselho e transformá-lo em mero espaço de expressão do “grito” da sociedade civil frente às instituições governamentais. A institucionalização da presença da sociedade civil organizada nos Conselhos paritários não significa automaticamente a institucionalização e a qualificação dos discursos da mesma. De qualquer forma, vimos que o Governo, através da governamentalidade em curso, encontra-se numa situação de controle absoluto sobre a validação do <em>logos</em>, tendo a capacidade de qualificar e desqualificar os discursos que levariam à formulação de políticas públicas ou de novos procedimentos padrão da administração pública. O jurista francês Antoine Garapon sintetiza de maneira brilhante os prolongamentos dessa arte de governar: </p>
<blockquote><p>A razão neoliberal procede a uma espécie de inversão do impulso: a energia não vem mais da instituição (em relação à qual se denuncia constantemente a ineficiência econômica), mas vem da empresa, isto é, da capacidade ofertada a cada um de fazer valer os seus interesses. O neoliberalismo [...] propõe deixar de lado a deliberação coletiva e a discussão acerca do que é legítimo e ilegítimo, para substituí-las por uma organização concreta<br />
e mais modesta, mais efetiva e eficaz, da sociedade fundada na liberdade individual. Neste sentido, trata-se de uma filosofia política da saída da política (Garapon, 2010: 24, tradução nossa).</p></blockquote>
<p>Nosso propósito, aqui, não é negar a capacidade dessas novas institucionalidades de se tornarem arenas políticas consolidadas, nas quais os discursos de todos os atores possam ser qualificados e constituir, como diz Rancière, “um espaço comum [...] onde se pode jogar o mesmo jogo de que o adversário” (Rancière, 1998: 90-91, tradução nossa). No entanto, acreditamos que os Conselhos paritários, na atual configuração e no atual contexto político dominado pela governamentalidade neoliberal, fazem parte de um conjunto bem mais amplo de instâncias de controle, cujo objetivo último é o fim da política e a consolidação do mercado como espaço de “veridição” (Foucalt, 2008: 42-47). No caso das ONGs da sociedade civil, os fenômenos de profissionalização acelerada e do aumento da dependência financeira em relação ao Governo, por uma série de fatores que não cabem aqui serem analisados, fizeram com que se reforçasse significativamente o controle exercido sobre a sua autonomia discursiva e, logo, sobre a sua capacidade de mobilização política. Em relação às ONGs, o fenômeno não é apenas brasileiro, como bem o mostra Antoine Garapon: </p>
<blockquote><p>Enquanto forma política organizando a coexistência humana, a razão neoliberal amplia a concorrência a todos os setores da atividade humana: na esfera mercantil, lógico, mas também em setores que parecem mais afastados dela, como a pesquisa, qual funciona agora segundo o modelo da “agenciação” (uma agência nacional recompensa os melhores projetos de pesquisa), e não mais segundo a atribuição de um orçamento fixo para cada centro de pesquisa. Funciona da mesma forma no campo dos direitos humanos: as ONGs devem adotar um funcionamento muito próximo do setor concorrencial (marketing, estratégias complexas de comunicação, avaliação) de modo a “ganhar” editais públicos ou privados. Um sistema global copiando o mercado se estrutura progressivamente colocando em presença, de um lado, as fundações que distribuem os fundos aos melhores projetos e, de outro lado, as ONGs que necessitam desses financiamentos para sobreviver. É inútil dizer que isto terá consequências sobre a ação das mesmas, agora submetidas a uma lógica da oferta. Esse pseudo-mercado humanitário (constituído principalmente de fundações norte-americanas) encontrar-se-á <em>in fine</em> dependente do mercado real, e especialmente das bolsas de valores. Desta forma, a distinção entre o sentido metafórico do mercado e sua existência real não é tão radical e não pode ser levada até o final: existe sempre uma ligação entre o mercado como forma política e o mercado real (Garapon, 2010: 22-23, tradução nossa). </p></blockquote>
<p>Desta forma, tendo com tela de fundo a lógica do mercado, o Estado amplia os mecanismos da sociedade de controle, atingindo particularmente a sociedade civil organizada. O interesse ainda maior deste fenômeno situa-se, aliás, na ilusão do consenso criada por essas institucionalidades. Caso essa hipótese esteja verificada em futuras análises, a própria sociedade civil estaria conspirando para a desqualificação de seu discurso e, logo, para a sua saída do espaço político para integrar o espaço policial, isto é, abandonar o campo do conflito para integrar o da regulação ou da administração governamental dos interesses segundo a razão do Estado mínimo. </p>
<h3>Cite este artigo</h3>
<p>DELUCHEY, Jean-François Y. A sociedade civil organizada e a administração governamental dos interesses: o exemplo dos conselhos partidários. <strong>Revista Estudos Políticos</strong>: a publicação eletrônica semestral do Laboratório de Estudos Hum(e)anos (UFF) e do Núcleo de Estudos em Teoria Política (UFRJ). Rio de Janeiro, nº 5, pp. 77–101, Dezembro 2012. Disponível em: http://revistaestudospoliticos.com/. </p>
<h3>Notas</h3>
<p>[1] Essa pluralidade pode também contribuir com uma renovação das estratégias e garantir a perenidade ou a efetividade social de uma referida política. No caso de um processo político cujos atores da sociedade civil estão fortemente posicionados (legitimidade, tecnicidade, força popular, etc.), essa pluralidade pode servir para multiplicar os vetores de garantia da governabilidade, fazendo com que a sustentabilidade política do governo acerca das questões em jogo não seja mais tão dependente do sistema político-partidário, trazendo consigo, por consequência, uma reavaliação da relação entre o mundo das políticas públicas (<em>policies</em>) e da competição político-eleitoral (<em>politics</em>). Nessas condições, o Governo, nos Conselhos paritários, pode apoiar-se nos seus membros não governamentais caso a sua posição em relação aos membros administrativos do Conselho se encontre enfraquecida. Desta forma, veríamos, no exemplo de um Conselho Estadual de Segurança Pública, o secretário de Segurança Pública, presidente do Conselho, desenvolver estratégias em comum com os membros não governamentais no objetivo de enfrentar os gestores dos órgãos de segurança pública que estariam resistentes à implementação da política de segurança formulada pelo Governo. De qualquer modo, ainda seria o Governo que impulsionaria a mudança, e estaríamos ainda no quadro de uma <em>administração governamental dos interesses</em>, qual comentaremos mais adiante.</p>
<p>[2] Na mesma época que floresceram os primeiros conselhos, foi votada uma lei que justamente separava, no mundo das organizações não governamentais, as que percorriam interesses próprios e as que buscavam a expansão dos bens públicos, estas doravante chamadas “Organizações da Sociedade Civil de Interesse Público” (OSCIPs), através da Lei federal 9790/99. O interesse público é qualificado a partir de “objetivos sociais” relacionados no artigo 03 desta lei federal: “Art. 3º A qualificação instituída por essa Lei, observado em qualquer caso, o princípio da Universalização dos serviços, no respectivo âmbito de atuação das Organizações, somente será conferida às pessoas jurídicas de direito privado, sem fins lucrativos, cujos objetivos sociais tenham pelo menos uma das seguintes finalidades: I- a promoção da assistência social; II- promoção da cultura, defesa e conservação do patrimônio histórico e artístico;<br />
III- promoção gratuita da educação, observando-se a forma complementar de participação das organizações de que trata esta Lei; IV- promoção gratuita da saúde, observando-se a forma complementar de participação das organizações de que trata esta Lei; V- promoção da segurança alimentar e nutricional; VI- defesa, preservação e conservação do meio ambiente e promoção do desenvolvimento sustentável; VII- promoção do voluntariado; VIII- promoção do desenvolvimento econômico e social e combate à pobreza; IX- experimentação, não lucrativa, de novos modelos sócio-produtivos e de sistemas alternativos de produção, comércio, emprego e crédito; X- promoção de direitos estabelecidos, construção de novos direitos e assessoria jurídica gratuita de caráter suplementar; XI- promoção da ética, da paz, da cidadania, dos direitos humanos, da democracia e de outros valores universais; XII- estudos e pesquisas, desenvolvimento de tecnologias alternativas, produção e divulgação de informações e conhecimentos técnicos e científicos que digam respeito às atividades mencionadas neste artigo”.</p>
<p>[3] Por isso, uma reflexão sobre os Conselhos Estaduais paritários deve privilegiar o estudo empírico das principais estratégias e das solidariedades internas aos Conselhos. Este esforço parece fundamental para entender em que medida a paridade do Conselho pode ser uma das condições principais para que a participação da sociedade civil organizada possa ser eficaz e significativa.</p>
<p>[4] Segundo Bresser-Pereira, “No plano econômico a diferença entre uma proposta de reforma neoliberal e uma social-democrática ou social-liberal está no fato de que o objetivo da primeira é retirar o Estado da economia, enquanto que o da segunda é aumentar a governança do Estado, é dar ao Estado meios financeiros e administrativos para que ele possa intervir efetivamente sempre que o mercado não tiver condições de estimular a capacidade competitiva das empresas nacionais e de coordenar adequadamente a economia” (Bresser-Pereira, 1997: 2). Vide site internet: http://www.bresserpereira.org.br/papers/1997/92refadm.pdf (acessado em 07/10/2011)</p>
<p>[5] A fundação desses espaços nos anos 90 e 2000 não foi realizada <em>ex nihilo</em>. Outros Conselhos de Segurança foram criados antes de incorporar uma filosofia de participação da sociedade civil à gestão pública. Assim, em 1979, a “abertura” política do regime militar preparava a devolução da gestão de certas áreas da segurança para as polícias estaduais; nesse contexto, o Pará criou seu primeiro conselho de segurança, exclusivamente formado de integrantes dos órgãos de segurança pública, com a missão de assessorar o Secretário de Estado de Segurança Pública “na formulação da política e das diretrizes relativas à preservação da ordem e da segurança públicas do Estado” (Estado do Pará, Lei 4854/79). Nesse Estado, o primeiro Conselho Estadual de Segurança Pública no Brasil a ser criado nas configurações atuais, isto é, como Conselho paritário integrando membros do Poder Executivo e representantes da sociedade civil organizada, foi no início de 1996. Vale lembrar, aliás, que se esse Conselho paritário foi demanda expressa do Partido dos Trabalhadores desde 1989, na ocasião dos debates da Assembléia Constituinte do Estado do Pará, foi um governo do Partido da Social Democracia Brasileira que criou o Conselho em 1996 (Deluchey, 2000).</p>
<p>[6] Afinal, a criação dos Conselhos paritários tem como objetivo explícito inicial a formulação de políticas públicas específicas, em diversos setores da atuação governamental. Aderimos à definição proposta por Friedberg, segundo a qual uma política pública constitui uma “ordem local”, isto é: “uma construção política relativamente autônoma que opera no seu nível a regulação dos conflitos entre os interessados e que assegura a articulação e o ajustamento dos seus interesses e dos seus objetivos individuais entre eles, assim como dos interesses e objetivos coletivos” (Friedberg, 1993). À essa definição, queremos acrescentar outro argumento de Pierre Muller e Yves Surel, segundo o qual “as políticas públicas têm como característica fundamental a de construir e transformar os espaços de <em>sentido</em> dentre os quais os atores vão colocar e (re-)definir os seus “problemas”, e “testar” em definitivo as soluções que eles favorecem. Fazer uma política pública, portanto não é “resolver” um problema, mas bem construir uma nova <em>representação</em> dos problemas que fundamenta as condições sociopolíticas de seu tratamento pela sociedade, e que, no mesmo sentido, estrutura até a ação do Estado” (Muller &#038; Surel, 1998: 31, grifo dos autores, tradução nossa). Daí, a participação da sociedade civil organizada em Conselhos paritários “formuladores de políticas públicas” faz todo sentido, <em>a fortiori</em> em um modelo de Estado de inspiração liberal ou neoliberal, no qual a administração governamental dos interesses prevalece sobre a síntese, através da política, do bem comum.</p>
<p>[7] Para O’Donnell, as instituições são “padrões regularizados de interação que são conhecidos, praticados e aceitos regularmente (embora não necessariamente aprovados normativamente) por agentes sociais dados, que, em virtude dessas características, esperam continuar interagindo sob as regras e normas incorporadas (formal ou informalmente) nesses padrões” (O’Donnel, 1991: 27).</p>
<h3>Referências bibliográficas</h3>
<p>AVRITZER (L.), Teoria democrática e deliberação pública, In <em>Lua Nova</em>, São Paulo, nº 50, 2000, pp. 25-46.</p>
<p>AVRITZER (L.), Sociedade Civil, Instituições Participativas e Representação: Da Autorização à Legitimidade da Ação, In <em>Dados – Revista de Ciências Sociais</em>, Rio de Janeiro, vol. 50, nº3, 2007, pp. 443-464.</p>
<p>Brasil. Ministério do Planejamento Orçamento e Gestão. Secretaria de Gestão, <em>Gestão pública para um Brasil de todos: um plano de gestão para o Governo Lula / Secretaria de Gestão</em>, Brasília: MP, SEGES, 2003.</p>
<p>BRESSER-PEREIRA (L. C.), Uma reforma gerencial da administração pública no Brasil, mimeo, 1997, http://www.bresserpereira.org.br/papers/1997/92refadm.pdf (acessado em 07/10/2011).</p>
<p>BRESSER-PEREIRA (L. C.), SPINK(P.), (org.), <em>Reforma do Estado e Administração Pública Gerencial</em>, Rio de Janeiro, Editora Fundação Getúlio Vargas, 1998.</p>
<p>CAHN (M. A.), THEODOLOU (S. Z.), <em>Public policy: the essential readings</em>, Prentice Hall, 1995.</p>
<p>DELUCHEY (J.-F.), <em>Sécurité Publique et Ordre Démocratique. L’État du Pará</em>, Tese de doutorado, Université de la Sorbonne Nouvelle, Institut des Hautes Études de l’Amérique latine (IHEAL-Paris III), orientador: Hubert Gourdon, 15 de novembro de 2000.</p>
<p>FOUCAULT (M.), <em>Nascimento da Biopolítica</em>, São Paulo, Martins Fontes, 2008.</p>
<p>FRIEDBERG (E.), <em>Le pouvoir et la règle</em>. Dynamiques de l’action organisée, Paris, Seuil, 1993.</p>
<p>GAEBLER (T.), OSBORNE (D.), <em>Reinventing Government : How the Entrepreneurial Spirit is Transforming the Public Sector</em>, Reading (MA, USA), Addison-Wesley, 1992.</p>
<p>GARAPON (A.), <em>La Raison du moindre État. Le néolibéralisme et la justice</em>, Paris, Odile Jacob, 2010.</p>
<p>GOHN (M. da G.), <em>Conselhos Gestores e Participação Sociopolítica</em>, São Paulo, Cortez, 2003.</p>
<p>GOHN (M. da G.), <em>O Protagonismo da Sociedade Civil. Movimentos Sociais, ONGs e Redes Solidárias</em>, São Paulo, Cortez, 2005.</p>
<p>HABERMAS (J.), <em>Direito e Democracia: Entre facticidade e validade</em>, vol. I, Rio de Janeiro, Tempo Brasileiro, 1997a.</p>
<p>HABERMAS (J.), <em>Direito e Democracia: Entre facticidade e validade</em>, vol. II, Rio de Janeiro, Tempo Brasileiro, 1997b.</p>
<p>KINGDON (J.), <em>Agendas, alternatives and public policies</em>, Boston, Little Brown, 1984.</p>
<p>LÜCHMANN (L. H. H.) Os Conselhos Gestores de Políticas Públicas: desafios do desempenho institucional, In <em>Ciências Sociais</em>. Unisinos. Centro de Ciências Humanas, Universidade do Vale do Rio dos Sinos. Vol. 38, nº 161. São Leopoldo: UNISINOS, 2002.</p>
<p>MANIN (B.), Volonté générale ou délibération? Esquisse d’une théorie de la délibération politique, In <em>Le Débat</em>, nº 33, jan 1985, p. 73-93 (versão <em>on line</em> repaginada de p. 1 a p. 20,no site : http://m2apic.kegtux.org/wp-content/uploads/2011/01/DEBA_033_0072.pdf. , Acessado em 24/10/2011)</p>
<p>MENY (Y.), Thoenig (J.-C.), <em>Politiques publiques</em>, Paris, PUF, collection Thémis, 1989.</p>
<p>MONCLAIRE (S.), Les auteurs de la Constitution, In Association Française des Constitutionnalistes / Association Brésilienne des Constitutionnalistes, <u><em>La nouvelle République brésilienne. Etudes sur la Constitution du 5 octobre 1988 suivies de la traduction de la Constitution</em></u>, Paris, Economica, collection Droit Public Positif, 1991, pp. 73-88.</p>
<p>MONJARDET (D.), <em>O que Faz a Polícia. Sociologia da Força Pública</em>, São Paulo, EDUSP, 2003.</p>
<p>MORAES (L. P. B), <em>Participação social na área da segurança pública: reflexões e análise a partir da Pesquisa Nacional dos Conselhos de Segurança Pública do Brasil</em>. Trabalho apresentado no GT 5 – Conflitualidade social, administração da justiça e segurança pública do 33º anual da ANPOCS, 2009.</p>
<p>MULLER (P.), <em>Les politiques publiques</em>, Paris, PUF, QSJ 2534, 1998.</p>
<p>MULLER (P.), SUREL (Y.) (coaut.), <em>L’analyse des politiques publiques</em>, Paris, Montchrestien, 1998.</p>
<p>O’DONNEL (G.), Democracia Delegativa ?, In <em>Novos Estudos</em>, CEBRAP, nº 31, outubro 1991, p. 25-40.</p>
<p>PAOLI (M. C.) e TELLES (V. da S.). Direitos Sociais. Conflitos e negociações no Brasil contemporâneo, in <em>Cultura e Política nos Movimentos Sociais Latino-Americanos. Novas Leituras</em>. Org. Alvarez, Sônia; Dagnino, Evelina e Escobar, Arturo. Belo Horizonte: Ed. UFMG, 2000. p. 103-148.</p>
<p>PINTO LYRA (R.), A gestão participativa no Brasil. A atuação dos conselhos e ouvidorias na área de segurança e justiça, In <em>Lusotopie</em>, 2003, p. 383-396.</p>
<p>RANCIÈRE (J.), <em>Aux bords du politique</em>, Paris, La Fabrique-éditions (reed. Gallimard « Folio », 2004), 1998.</p>
<p>RANCIÈRE (J.), <em>La Mésentente. Politique et philosophie</em>, Paris, Galilée, 1995.</p>
<p>SIMOES (R.), Segurança Pública e Participação Popular: uma avaliação. In <em>Cadernos Temáticos da Conseg: Movimentos Sociais e Segurança Pública: a construção de um campo de direitos</em>. Ano 01, n. 10, Ministério da Justiça, 2009.</p>
<p>TELLES (V. da S.), <em>Direitos Sociais. Afinal do que se trata?</em>, Belo Horizonte, Ed. UFMG, 1999.</p>
<p>VASCONCELOS (R.), As incertezas da vivência democrática no espaço institucional dos Conselhos de Gestão Participativa, In <em>Anais do II Seminário Nacional Movimentos Sociais, Participação e Democracia</em>, Florianópolis, 2007, p. 630-649.</p>
<p>WARREN (M.), <em>Democracy and Associations</em>, Princeton, Princeton University Press, 2001.</p>
<p>WEERTS (L.), <em>Acteurs non étatiques et ordre politique. Quatre modèles théoriques de la « société civile, mimeo</em>, Université Libre de Bruxelles, 2005, pp. 1-18, site internet acessado 24/20/2011 : http://dev.ulb.ac.be/droitpublic/fileadmin/telecharger/theme_1/contributions/Contribution_Laurence_Weerts.pdf.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/a-sociedade-civil-organizada-e-a-administracao-governamental-dos-interesses-o-exemplo-dos-conselhos-paritarios-por-jean-francois-deluchey/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>A imprensa e o sul-americano de futebol de 1922: a “defesa das cores nacionais”ou o “campeonato internacional das futilidades”? Por João Manuel Casquinha Malaia Santos</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/a-imprensa-e-o-sul-americano-de-futebol-de-1922-a-defesa-das-cores-nacionaisou-o-campeonato-internacional-das-futilidades-por-joao-manuel-casquinha-malaia-santos/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/a-imprensa-e-o-sul-americano-de-futebol-de-1922-a-defesa-das-cores-nacionaisou-o-campeonato-internacional-das-futilidades-por-joao-manuel-casquinha-malaia-santos/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 17:46:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1566</guid>
		<description><![CDATA[Este artigo em PDF A imprensa e o sul-americano de futebol de 1922: a “defesa das cores nacionais” ou o “campeonato internacional das futilidades”? João Manuel Casquinha Malaia Santos 1 [60-76] 1João Manuel Casquinha Malaia Santos é professor do Programa de Pós-Graduação em História Comparada da Universidade Federal do Rio de Janeiro e professor de [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" target="_blank" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p60-76.pdf">Este artigo em PDF</a></p>
<h5>A imprensa e o sul-americano de futebol de 1922:<br />
a “defesa das cores nacionais” ou o “campeonato<br />
internacional das futilidades”?</h5>
<h6>João Manuel Casquinha Malaia Santos <sup>1</sup> [60-76]</h6>
<p><strong><sup>1</sup>João Manuel Casquinha Malaia Santos</strong> é professor do Programa de Pós-Graduação em História Comparada da Universidade Federal do Rio de Janeiro e professor de Gestão de Esportes da Universidade Nove de Julho, em São Paulo.</p>
<div style="height:13px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Resumo</h3>
<p>O presente trabalho destina-se a uma análise do papel da grande imprensa paulista e carioca sobre seleção brasileira de futebol como símbolo nacional durante os Jogos Sul-Americanos de 1922. Parte dos festejos do centenário da independência, o evento teve envolvimento do governo e foi amplamente noticiado pelos periódicos dessas cidades. Em um ano conturbado e em meio a um processo complicado de discussão parlamentar sobre uma lei de censura à imprensa, a análise de notícias, crônicas e charges sobre o evento teve a celebração da vitória da seleção, mas também críticas duras ao governo e à importância que se dava à seleção e a seus jogadores como símbolos da nação. </p>
<p>Palavras-chave: imprensa, política, História do Esporte, Campeonato Sul-Americano<br />
de 1922.</p>
<div style="height:5px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Abstract</h3>
<p>This study aims to analyze the role of mass media in São Paulo and Rio de Janeiro on the Brazilian football team as a national symbol during the South American Games, 1922. Part of the centennial celebration of Brazilian’s independence, the event had the particular attention by the government and was widely published in the journals in these cities. In a turbulent year and with a parliament debate on a law to censure press, the possibility of criticism in news, essays and cartoons had the celebration of the national team, but also harsh criticism on the government involvement and the importance that was given to football and Brazilian players as symbols of the nation.</p></blockquote>
<p>Keywords: press, politics, Sports History, 1922’s South American Champinship.</p>
<div style="height:5px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3></h3>
<blockquote><p>“[...] A febre, a ansia, o ardor – estampados no semblante de cada<br />
um dos ‘torcedores’ – com que os amantes do universal desporto, entre nós acorreram a ver ‘match’ sensasional, mostram bem o gráu de progresso que o football vem fazendo nesta grande terra”.<br />
(<em>Fon-Fon</em>, Rio de Janeiro, Ano XVI, n. 39, 30 de setembro de 1922, p. 48.)</p></blockquote>
<p>Muito antes de se organizar uma confederação que, com a anuência do poder público, viesse a organizar seleções esportivas nacionais que congregassem atletas de vários estados do país e desse a ela o nome de “seleção brasileira”, a grande imprensa carioca e paulista destacava que já se “torcia por patriotismo” . A evolução dos esportes nos países considerados civilizados e a profusão de torneios internacionais de nações geravam nos cronistas que acompanhavam os jogos de futebol nas grandes cidades do país uma verdadeira necessidade de chamar de “seleção nacional” quase todo o combinado de jogadores brasileiros que se aventuravam a disputar partidas contra jogadores estrangeiros. </p>
<p>Somente após a organização da Confederação Brasileira de Desportos, em 1915, e de sua filiação à <em>Fédération Internationale de Football Association</em> (FIFA) e ao Comitê Olímpico Internacional (COI), é que houve a formação de uma seleção brasileira de futebol “oficial”, ou seja, com a anuência do governo para a disputa de competições internacionais representando o país. </p>
<p>O futebol adicionava mais elementos à sua já atrativa configuração como produto a ser consumido por uma sociedade de massas em formação nas cidades do Rio de Janeiro e São Paulo. As duas cidades apresentavam um ritmo intenso de crescimento econômico e populacional. O aumento do número de indústrias, aliado à chegada maciça de imigrantes e brasileiros de outras regiões, contribuíram para a formação de um número cada vez maior de setores da sociedade que passaram a sofisticar seus hábitos de consumo, junto às elites e às incipientes classes médias. Entre esses hábitos, ganharam destaque atividades de lazer comercializáveis e responsáveis por um novo estilo de vida urbano, característico da civilidade e da modernidade da época, como o hábito de frequentar grandes jogos de futebol. Esse esporte teve rápida aceitação no país e foi constantemente taxado pela grande imprensa da época como o “<em>sport</em> da moda” [2].</p>
<p>Em 1919, o “<em>sport</em> da moda” teve grande impulso quando o Brasil sediou, pela primeira vez, no Rio de Janeiro, o campeonato sul-americano de futebol. A competição auxiliou sobremaneira o processo já acelerado de desenvolvimento deste esporte e de seu envolvimento com a sociedade e com o próprio poder do Estado (cf. Pereira, 2000:<br />
148-154 e Santos, 2010:169-185).</p>
<p>Apenas três anos depois, em 1922, o governo brasileiro organizou uma série de festejos comemorativos do centenário da independência do país. Dois deles mereceram grande destaque, tanto por parte do governo, quanto por parte da grande imprensa, principalmente no Rio de Janeiro e em São Paulo: a Exposição Internacional e a competição poliesportiva sul-americana, chamada de “Jogos Olympicos do Rio de Janeiro”. Os Jogos estavam inseridos dentro das comemorações do centenário na Capital Federal, e as provas esportivas estavam incluídas na programação oficial dos festejos.</p>
<p>A competição também fazia parte do projeto de regionalização das competições esportivas internacionais desenvolvido pelo Comitê Olímpico Internacional (COI), através das ações de seu patrono, Pierre de Coubertin, e mais diretamente do representante da entidade para a América, Elwood Stanley Brown, que também era diretor do Comitê Internacional da Associação Cristã de Moços3. O torneio de futebol teve, assim como em 1919, especial destaque. Dentro desse contexto é que a seleção brasileira de futebol foi efusivamente saudada como legítima representante da nação ou criticada, justamente, por ser associada a símbolos nacionais.</p>
<p>Neste artigo, pretendo trabalhar o papel da imprensa na exaltação ou condenação de elementos simbólicos nacionais através da seleção brasileira de futebol. Dentro de um contexto conturbado, porém culturalmente importante, pode-se perceber como a exaltação dessa instituição contribuiu na construção de um discurso que buscava a celebração de uma nação jovem, moderna e vibrante. A hipótese levantada é a de que tais discursos foram decisivos na reverberação de uma associação da seleção brasileira de futebol como representante da nação e os jogadores como dignos defensores da pátria. </p>
<p>No entanto, as críticas à utilização da seleção como veículo de associação de valores nacionais ao futebol, à maneira pela qual a seleção foi formada e à associação do governo com o futebol também serão analisadas. Tais críticas mostravam que nem só de exaltação vivia a seleção brasileira e mostra o outro lado desse ufanismo criado em torno do selecionado nacional. </p>
<p>Considerando que boa parte das fontes têm origem na grande imprensa carioca e paulista, torna-se necessário tomar algumas precauções básicas para o trabalho com esse tipo de material, além de tomar outras precauções com a utilização de conceitos importantes na análise das representações da nação através da seleção brasileira de futebol.</p>
<p><strong>A imprensa periódica paulista e carioca e as representações da Seleção Brasileira de Butebol: cuidados e possibilidades</strong><br />
Em um breve ensaio produzido no ano de 1910, Max Weber apontava as potencialidades de produção científica de uma temática que considerava extraordinária: uma sociologia da imprensa. Weber levava em conta o fato de que “a imprensa é necessariamente uma empresa capitalista e privada” e que, portanto, tem uma demanda crescente de capital (Weber, 2002: 188). Portanto, há que se perceber a produção editorial periódica como tal, os conteúdos por ela veiculados têm como o objetivo o aumento das vendas. O autor orientava suas investigações para entender o que a imprensa aportava para o homem moderno, que influências exercia sobre “os elementos objetivos supraindividuais” (Ibid.: 191), e o que construía ou destruía no “sentimento de viver”. Weber se propunha, portanto, a compreender o papel da imprensa na configuração do novo homem da modernidade capitalista.</p>
<p>Para trabalharmos com a imprensa periódica e com os discursos de celebração ou condenação da associação da seleção brasileira como representante da nação, usamos a definição de Benedict Anderson, que define a nação como uma comunidade política imaginada, pois as pessoas se reconhecem como pertencentes a uma determinada nacionalidade, mas nunca viram, nem verão a maioria de seus compatriotas<br />
Anderson, 1993: 21).</p>
<p>A partir desse olhar, o confronto entre seleções nacionais em competições esportivas internacionais de grande porte e com ampla cobertura dos meios de comunicação torna-se oportunidade atraente para analisarmos os discursos construídos em torno<br />
das seleções nacionais. </p>
<p>Neste estudo, a presença de discursos da grande imprensa celebrando a seleção brasileira de futebol como símbolo nacional foi capaz de fazer com que pessoas de diferentes regiões e com variados interesses pudessem se reconhecer enquanto membros de uma determinada nação. Não só celebrando, mas também criticando, cronistas e ilustradores reconheciam, de alguma maneira, a seleção brasileira como uma questão importante a ser discutida enquanto representantes, ou não, de valores nacionais.</p>
<p>Com esse conceito de nação em mente, S. W. Pope organizou uma publicação para analisar o papel dos esportes e da grande imprensa norte-americana na construção do que chamou de “nacionalismo americano”. O período escolhido foi justamente o intervalo entre 1876 e 1926, aproveitando-se do ambiente dos aniversários de 100 e 150 anos, respectivamente, da independência dos Estados Unidos. Para o autor, o estudo do esporte nesse período oferece uma janela singular para a análise de um amplo processo histórico de materialização de uma cultura popular nacional através da celebração dos esportes. O autor utiliza-se dos discursos da grande imprensa dos EUA do período para analisar as afirmações da imprensa sobre o caráter especificamente norte-americano de alguns esportes, como o <em>baseball </em>e o futebol americano.</p>
<p>Através dessa possibilidade de análise, este trabalho se detém ao estudo do papel da grande imprensa carioca e paulista na associação de elementos nacionais à seleção brasileira de futebol, durante a celebração do centenário da independência do Brasil, em 1922. A competição revela-se como um momento ímpar na tentativa de captar a colaboração da grande imprensa na construção da seleção brasileira como um elemento unificador, representando a nação brasileira e o torcedor brasileiro. Neste caso, a ideia passa a dialogar com a proposta de Weber, buscando entender o aporte da imprensa para a configuração da modernidade nessas duas capitais. Porém, o intuito aqui é analisar o discurso da imprensa esportiva sobre os feitos de um grupo de jogadores por ela chamada de “seleção brasileira”. A etapa inicial de investigação é assim apresentada por Weber:</p>
<blockquote><p>Onde está esse material para o início de tais trabalhos? Esse material é constituído pelos próprios jornais. Consequentemente, teremos que começar, de forma totalmente trivial, digamos claramente, a medir com tesoura e compasso, como foi se transformando o conteúdo dos jornais, em seu aspecto quantitativo, no transcurso da última geração; não por último no relativo à seção de anúncios, à seção cultural, entre seção cultural e artigos editoriais e notícias, entre tudo aquilo que hoje em dia se publica como notícia e aquilo que já não se publica. (Weber, 2002: 190).</p></blockquote>
<p>Assim foram realizadas as primeiras aproximações com os materiais dos periódicos aqui analisados. Devemos estar alertas ao cuidado a ser tomado quando trabalhamos com discursos que tentam representar determinadas percepções do social. Como estamos analisando discursos de autores da grande imprensa carioca e paulista sobre a seleção, precisamos ter em mente que tais discursos são percepções que “não são de forma alguma discursos neutros: produzem estratégias e praticas (sociais, escolares, políticas) que tendem a impor uma autoridade a custa de outros, por elas menosprezados, a legitimar um projeto reformador ou a justificar, para os próprios indivíduos, as suas escolhas e condutas” (Chartier, 1990: 17).</p>
<p>Consequentemente, se essas percepções não são discursos neutros e produzem estratégias que legitimam determinados projetos, devemos ver a projeção da nacionalidade brasileira na seleção como mais um “artefato cultural de uma classe particular” (Anderson, op. cit.: 21). A seleção foi um artefato cultural organizado pela CBD e pela Comissão dos Festejos Desportivos do Centenário, sob a presidência de um coronel do exército, Estelita Werner, como um projeto para criar um ambiente de união nacional que pudesse se solidificar e se estender para além da competição.</p>
<p>Porém, cuidados metodológicos importantes são necessários no tratamento das fontes oriundas da imprensa periódica. O primeiro deles é levar em conta que a análise dos periódicos recai apenas sobre a grande imprensa de São Paulo e do Rio de Janeiro. Esses são os riscos que qualquer historiador corre ao se propor a escrever sobre questões de âmbito nacional em um país das dimensões do Brasil. A escolha da análise dos periódicos dessas duas cidades não reside apenas no fato de serem as mais populosas do país. As duas maiores cidades do país contavam também com o maior parque industrial nacional, periódicos de grande circulação e constituíam os dois maiores polos de desenvolvimento do esporte no país, sendo, inclusive, dessas cidades a base de quase todas as seleções nacionais que participaram dos Jogos daquele ano.</p>
<p>Para este estudo, conscientes das limitações de espaço e da natureza do trabalho,<br />
a intenção é trabalhar com um número de periódicos que represente parte importante da grande imprensa carioca e paulista. Revistas de variedades como as paulistas <em>A Cigarra</em> e a <em>Vida Moderna</em>, ou as cariocas <em>Careta</em>, <em>Fon-Fon</em> e <em>Para Todos</em> farão parte do escopo de análise. Às revistas juntam-se jornais paulistas como a <em>Folha da Noite</em> e os cariocas <em>Correio da Manhã</em>, <em>Gazeta de Notícias</em>, <em>Jornal do Brasil</em>, <em>O Jornal</em>, <em>O Imparcial</em>, <em>A Noite</em> e <em>O Paiz</em>. Todas essas publicações tinham grande tiragem e circulavam de maneira regular pelas duas cidades. Algumas dessas publicações também eram vendidas em outras cidades do país, ou até mesmo em outros países.</p>
<p>Procuramos entender o tipo de público pretendido por esses periódicos através da análise de suas notícias, editoriais, crônicas e até mesmo charges e caricaturas (Booth, 2005: 90). Pistas interessantes aparecem quando analisamos os editoriais de duas das maiores revistas do país, <em>Careta</em> e <em>A Cigarra</em>. “Essas revistas tendem a centrar significados em seus editoriais de lançamento” (Velloso, 2010: 81), e também em outros editorias de números e datas comemorativas. <em>Careta</em>, em seu editorial do n. 1000, em agosto de 1927, colocava que seus mil números haviam desfilado “sem atritos, sem escândalos, sem farandolas, alegremente e fielmente, em paz com os homens e sem ódios de ninguém”. Atribuía tal feito ao fato de “ter ido ao encontro e não de encontro a esse fino senso commum” (“O Número Mil”. <em>Careta</em>, Rio de Janeiro, Anno XX, n. 1.000, 20 de agosto de 1927, p. 15). Já o editorial d’<em>A Cigarra</em>, colocava que a revista estava sempre de parabéns, pois “pouco lhe importavam as crises econômicas e as “mais azedas” brigas políticas”, pois “nunca toma parte nestas senão para contribuir, para gaudio da galeria, com seu contingente de troça” (“Chronica”. <em>A Cigarra</em>, São Paulo, Anno X, n. 200, 15 de janeiro de 1923, p. 1). Aqui, observamos afirmações de que essas revistas buscavam um distanciamento das questões polêmicas, e talvez buscassem fazer uma crítica humorística, com o objetivo de não despertar ódios por parte de ninguém. Mais adiante veremos que as duas revistas não se furtaram desses subterfúgios para críticas feitas ao projeto de transformação da seleção brasileira em um símbolo da pátria.</p>
<p>Além disso, é necessário caracterizar, ainda que de maneira superficial, o leitor desses jornais e revistas. A comparação do preço dos periódicos com outros itens do período pode auxiliar nessa caracterização. Os jornais tinham circulação diária e a maioria custava $100, mais barato do que se pagava para andar de transporte público, nos bondes e trens da cidade do Rio de Janeiro. As passagens dos bondes variavam entre $200 e $300 e nos trens suburbanos as passagens podiam custar de $200 a 1$200, dependendo da distância percorrida [4].</p>
<p>As revistas circulavam semanalmente ou quinzenalmente e tinham preços um pouco mais elevados. A revista carioca <em>Careta</em>, por exemplo, em 1922, custava $400, tinha tiragem semanal e circulação nacional e nas grandes cidades podia facilmente ser encontrada em “engraxates, barbeiros, consultórios, etc.” (Sodré, 1966: 346). Sua maior concorrente no Rio de Janeiro era a revista <em>O Malho</em>, que pertencia à maior editora do Brasil, a S. A. “O Malho”, uma empresa que editava mais três periódicos semanais, dois mensais e três anuários (“Expediente”. <em>O Malho</em>, Rio de Janeiro, Anno XXI, n. 1.051, 4 de novembro de 1922, p. 4). <em>O Malho</em> tinha publicação semanal e custava, como a <em>Careta</em>, $400, sendo também encontrada em outros estados do país por $500. Durante os meses de setembro e outubro, a revista passou a ter o preço único de 1$000 para todo o país e depois reduziu os preços para $500 no Rio de Janeiro e $600 nos outros estados.</p>
<p>Em São Paulo, <em>A Cigarra</em>, de tiragem quinzenal, era a revista de maior circulação do estado e também com circulação nacional. Um pouco mais cara que a <em>Careta</em>, custava $600. A revista paulista contava com cerca de “400 agentes de venda avulsa no interior de S. Paulo e nos Estados do Norte e do Sul do Brasil” (“Expediente d’<em>A Cigarra</em>”. <em>A Cigarra</em>, São Paulo, Anno IX, n. 181, 1 de Abril de 1922, p. 18), e chegou a ter edições com tiragens de 25 mil exemplares. Oferecia assinaturas anuais para todo o Brasil e para o “extrangeiro”, além de ter uma sucursal em Buenos Aires e representantes para a venda nos Estados Unidos, França e Inglaterra (“São evidentes as vantages dos grandes annuncios n’<em>A Cigarra</em>”. <em>A Cigarra</em>, São Paulo, Anno I, n. 12, 29 de outubro de 1914, p. 2). Para se ter uma ideia, o preço dessas revistas era próximo ao de um ingresso de geral para os jogos do campeonato carioca da primeira divisão ($500) e cerca de metade do preço de uma entrada para o cinema, ou para a Exposição Internacional do centenário (1$000). Muito mais barato que um estojo com lâminas para barbear da <em>Gillette</em> anunciadas a preço “Popular!” na revista <em>Careta</em>, custando “apenas 10$000” (<em>Careta</em>. Rio de Janeiro, Anno XV, n. 746, 7 de outubro de 1922, p.5). Segundo estudos de Maria Eulália L. Lobo, através de sua pesquisa sobre os salários nas indústrias do Rio de Janeiro do período, o salário médio dos operários da importante América Fabril, por exemplo, rondava os 200$000 (LOBO, 1978, p. 675) e isso acaba nos dando uma ideia de quanto representava para um operário comprar um desses meios de comunicação e se manter informado através deles.</p>
<p>Outro aspecto importante a se considerar , é o fato de podermos notar na seção de esportes que, além de exaltação, há uma sensível crítica ao governo Epitácio Pessoa e ao projeto de uma seleção que representasse a nação. Por isso, a preocupação em observar “a relação entre imprensa e poder, o equilíbrio tênue de dependência e crítica, de observação e subserviência, a busca da liberdade e a censura” (Martins e De Luca, 2008: 9). Como veremos adiante, o Congresso discutia, em 1922, a possibilidade da aprovação de uma lei de censura para a imprensa e a crítica a isso é sensível nas entrelinhas das notícias, nos desenhos de ilustradores como Belmonte ou mesmo na ferocidade dos textos de Lima Barreto. Essas críticas podem revelar como muitos desses periódicos flutuavam nessa linha de dependência, através das críticas à seleção brasileira e seu novo posto de relevância que assumia no cenário nacional.</p>
<p>Nesse contexto, particular atenção deve ser dada às charges e ao discurso humorístico apresentado, principalmente, nas revistas da época. “A revista não visa captar a realidade imediata. Ela se esforça para torná-la objeto de reflexão” (Velloso, 2010: 43).</p>
<p>Revistas como <em>Careta</em> e <em>A Cigarra</em> aproveitaram o talento de seus ilustradores para trazer à tona críticas contundentes, aproveitando associações irônicas sobre o ufanismo gerado com as vitórias da seleção. Como afirma Vera Lins, “a caricatura era na época um meio de satirizar livremente os acontecimentos da cidade e do país” (Lins, 2010: 24).</p>
<p>Se Mônica Velloso aponta que “a crescente demanda pela receptividade e visibilidade públicas exige que as revistas aprimorem a sua arte de comunicação, aproximando-se dos leitores” (Velloso, 2010: 46), a análise das charges e caricaturas, no entanto, não pode ser vista como “ilustração” do texto, nem deve ser observada por mera “carência documental”. O uso dessas imagens deve inserir-se no “esforço para ampliar o universo de documentação e análise do Historiador” (Silva, 1991/1992: 118). Torna-se prudente não procurar entender as charges como possibilidade de maior acesso à informação e crítica por parte de boa parte da população analfabeta. Como alerta Marcos Silva, “Caberia pensar sobre a Imprensa instituindo uma interpretação de imagens, voltada para determinados objetivos sociais e políticos, e discutir o visual como código estruturado, que exige interpretações de seus consumidores, analfabetos ou não” (Idem: 131).</p>
<p>A partir desse contexto, o humor nas charges deve ser entendido como estratégia para poder fazer as críticas ao governo e mesmo à população, que na visão de muitos pensadores e ilustradores, dava demasiada atenção ao futebol. “O riso surge como um dos grandes atrativos dessas publicações” (Velloso, 2010: 95) e, portanto, o humor deve ser analisado como discursos alternativos. Em importante trabalho que capturou a sensibilidade e o humor presentes na grande imprensa carioca e paulista, Elias T. Saliba demonstrou que “analisar a representação humorística da nacionalidade é explorar a enorme ambivalência da linguagem, em todas as suas formas, na construção de um discurso alternativo e de outras possíveis narrativas das nacionalidades.” (Saliba, 2002: 31).</p>
<p>Devido às limitações do trabalho, propomos aqui um número pequeno de charges sobre a competição de futebol, que pode ser uma janela para investidas futuras sobre o tema, uma vez que tantas foram encontradas, apenas durante o contexto das celebrações<br />
do centenário.</p>
<p>Os cronistas e ilustradores aqui abordados serviam como intermediários entre todos os brasileiros que gostavam de acompanhar a seleção brasileira e o que se passava dentro do estádio, para os 30 mil espectadores presentes. Segundo Edgar Morin, o espectador, aquele que não pode estar presente no estádio “participa do espetáculo, mas sua participação é sempre pelo intermédio do corifeu, mediador, jornalista, locutor, fotógrafo, <em>cameraman</em>, vedete, herói imaginário” (Morin, 1969: 74). O espectador, aquele que apenas sabia dos jogos por parte das representações da imprensa, passava a ter diante de si, mais um herói imaginário, para além da seleção e de seus jogadores: a seleção brasileira.</p>
<p>Precavido com os cuidados metodológicos descritos acima e com o <em>corpus</em> conceitual sucintamente apresentado, a tarefa será justapor as diversas representações da seleção brasileira durante o campeonato internacional de futebol de 1922, para a possibilidade de uma melhor compreensão da associação da seleção com aspectos de identidade dos brasileiros. Lembramos que não entendemos aqui o receptor desses discursos como passivo, participando inclusive na reformulação das representações sobre os próprios torcedores. Porém, neste trabalho, não procuramos nos aprofundar sobre esse tema, mas sim no papel de alguns dos maiores periódicos do Brasil na construção da seleção brasileira e de seus jogadores como símbolos da nação. </p>
<p><strong>O que celebrar no centenário?</strong><br />
A celebração do centenário foi um “momento ímpar não só para a realização de um efetivo balanço das ‘reais’ condições do país, como para a elaboração de projetos que apontassem soluções para a questão nacional” (Motta, 1992: 40). Para a proposta de análise aqui lançada, o Campeonato Sul-Americano de futebol deve ser observado enquanto um projeto, parte da estratégia de um conjunto de soluções tomadas pelo governo para a questão nacional. Nesse caso, um olhar mais detido sobre o contexto político ajuda a entender o lugar ocupado pelo evento esportivo dentro das ações governamentais.</p>
<p>Em termos de política interna, o chamado “sistema de oligarquias” entrava em processo de colapso. Durante o processo das eleições presidenciais de 1922, as oligarquias paulista e mineira, que se revezavam no poder, não conseguiram o acordo necessário com as outras oligarquias estaduais, quebrando o pacto entre os grupos poderosos que controlavam as principais eleições do país. As chamadas “oligarquias dissidentes” contavam com os principais líderes políticos dos estados da Bahia, Pernambuco, Rio de Janeiro e Rio Grande do Sul. Nilo Peçanha, senador pelo estado do Rio de Janeiro, foi o candidato à presidência, pela “Reação Republicana” (cf. Ferreira, 1993). A chapa tinha ainda como candidato à vice-presidência o governador da Bahia, J. J. Seabra.</p>
<p>A disputa com o candidato da situação, o mineiro Artur Bernardes, foi envolta em polêmicas. Em meio ao clima tenso da derrota da oposição, a CBD organizou um campeonato de seleções estaduais de futebol com objetivo de observar os melhores jogadores do país para formar a seleção brasileira. A maioria das federações que representavam o futebol dos estados envolvidos nas tumultuadas eleições foi convidada: São Paulo, Minas Gerais, Rio de Janeiro, Distrito Federal, Bahia, Pernambuco, Rio Grande do Sul e Pará. Essa seletiva se configurou no primeiro projeto nacional de um campeonato de futebol.</p>
<p>Ao clima conturbado das apurações, somava-se a tensão entre setores do Exército e o governo após a vitória de Bernardes. Tal rusga vinha desde o ano anterior, quando veio à tona, por meio do <em>Correio da Manhã</em>, o episódio das supostas cartas que o então candidato teria escrito a Raul Soares. Nas cartas produzidas por falsários, ofensas a Hermes da Fonseca, então presidente do Clube Militar foram suficientes para o início dos problemas. Em julho, às vésperas da comemoração do centenário, a Revolta dos 18 do Forte de Copacabana, com a morte de vários oficiais do exército em plena Avenida Atlântica, em Copacabana, um dos novos pontos de celebração da cidade, escancarava rupturas nas Forças Armadas. </p>
<p>Foi dentro desse contexto que se deu a participação de elementos do exército brasileiro nos Jogos. Membros do exército e da marinha participaram diretamente na organização e com o fornecimento de atletas para as seleções. Os “Jogos Olympicos do Rio de Janeiro” tiveram a companhia de um campeonato internacional de competições esportivas para membros das Forças Armadas. A inclusão do exército e da marinha na participação, elaboração e organização das competições esportivas pode ser vista como um sinal de aproximação entre o governo e as Forças Armadas no projeto de celebração da nação através do esporte.</p>
<p>Ainda como resquício do episódio das “cartas falsas”, a imprensa, de uma maneira geral, enfrentou momentos difíceis com a discussão do projeto de lei apresentado pelo senador Adolfo Gordo ao Congresso, que tentava oficializar o controle e a censura da imprensa no país. Tal projeto foi apresentado em 1922 e aprovado em outubro do ano seguinte. Dessa maneira, os periódicos de grande circulação precisavam cuidado redobrado nas possíveis críticas ao governo. A Exposição e o campeonato sul-americano foram espaços para que crônicas e charges pudessem fazer a crítica a esses projetos.</p>
<p><strong>A imprensa e a Seleção Brasileira</strong></p>
<blockquote><p>“Estatutos da Confederação Brasileira de Desportes: [...] Capítulo XI- DOS AMADORES [...] Art. 45: Não são considerados amadores: a) os que não sabem ler e escrever; [...]” [5].</p></blockquote>
<p>Falar em seleção brasileira com a ideia de que dela fizessem parte jogadores que efetivamente representassem o Brasil foi uma tarefa difícil, uma vez que os estatutos da CBD excluíam os analfabetos, que de acordo com o Censo de 1920, eram 65% da população brasileira [6]. Junto a esse dado, vale ressaltar que, a despeito da organização do campeonato de seleções estaduais, a seleção de 1922 contou apenas com jogadores de São Paulo e da cidade do Rio de Janeiro, como era de costume. Da equipe que disputou a final do torneio contra o Paraguai, sete jogadores eram de equipes paulistas e quatro eram de equipes cariocas.</p>
<p>No entanto, de uma maneira geral, a imprensa saudou os esforços por parte dos dirigentes da CBD e da “Comissão Desportiva do Centenário” em fazer reunir “um conjunto que representasse dignamente o <em>sport</em> nacional” através do campeonato de seleções estaduais, “proporcionando os seus resultados sorpreendente opportunidade para que se constatasse o progresso sportivo de outros Estados” (“Domingo Sportivo”. <em>O Imparcial</em>, Rio de Janeiro, 14 de agosto de 1922, p. 1).</p>
<p>No dia seguinte à final, em 23 de outubro, os periódicos exultavam o feito do selecionado brasileiro e alimentavam o discurso de comemorações feitas pelo povo, dando destaque ao alcance verdadeiramente nacional do feito. <em>O Imparcial</em>, logo em sua primeira página destacava: “Todo o Brasil rejubila a estas horas com a merecida victória alcançada hontem [...]”. <em>O Jornal</em> descrevia que “os louros dessa memorável pugna couberam, mui justamente aos nossos patrícios que tiveram, assim, o justo premio dos esforços despendidos e da abnegação com que sempre lutaram em defesa das cores nacionais” (<em>O Jornal</em>, Rio de Janeiro, 24 de outubro de 1922, p. 7).</p>
<p>Não foram apenas o público e a imprensa aqueles a comemorar o feito e a celebrar a seleção de futebol como verdadeiros “heroes” da nação. O deputado Benjamim Barroso propôs o pagamento de um prêmio de 50:000$000 a ser dividido entre os jogadores, valor equivalente à renda do jogo contra os paraguaios [7]. A proposta, aprovada no Congresso Nacional, tinha em seu texto introdutório, a demonstração das justificativas para tal medida. Os deputados consideravam que os vencedores do torneio “realizado no Centenário da Independência, se esforçaram, conservando-se adstrictos aos preceitos desportivos, pelo renome da nossa gente” (<em>A Noite</em>, Rio de Janeiro, 23 de outubro de 1922, p. 3; <em>Diário de Pernambuco</em>, 24 de outubro de 1922, p. 3). O pagamento do prêmio gerou muita polêmica e a imprensa se aproveitou para desfiar muitas críticas ao governo, principalmente através das charges das revistas <em>Careta</em> e <em>A Cigarra</em>. A referência aos 50:000$000 como prêmio para os jogadores foi tratado em tom de escândalo por alguns órgãos de imprensa. <em>O Diário de Pernambuco</em> (24 de outubro de 1922, p. 3) e o jornal carioca <em>A Noite</em> (Rio de Janeiro, 23 de outubro de 1922, p. 3), forte oposicionista do regime, denunciavam a aprovação por parte do Congresso de proposta para o pagamento de prêmio aos atletas que haviam vencido o torneio de futebol.</p>
<p>O escândalo era maior, pois a própria CBD exigia em seus estatutos que todos os atletas fossem amadores para poder representar a seleção brasileira. O valor não era dos maiores. Era menor, por exemplo que a renda de apenas um dos jogos do torneio, entre Brasil e Argentina, em que se obteve, com a venda de ingressos, 54:018$000 (“Os Sports no Centenário”. <em>Correio da Manhã</em>, Rio de Janeiro, 16 de outubro de 1922, p. 3). Cada um dos 15 jogadores ficaria com muito menos do que os dois jangadeiros que fizeram uma viagem marítima do Ceará à Capital e os dois ciclistas gaúchos, que saíram da cidade de São Pedro em suas bicicletas com destino também ao Rio de Janeiro, como forma de celebrar o centenário. Originalmente, o Congresso aprovou 100:000$000 apenas para os jangadeiros, mas o atuante deputado gaúcho Octavio Rocha conseguiu uma emenda ao projeto para a divisão com os atletas gaúchos [8]. Mesmo assim, era um valor elevado a ser dividido entre os jogadores de futebol. Cada um receberia do governo valores que poderiam chegar a ser quase 20 vezes maior do que o salário de um operário da Fábrica América Fabril.</p>
<p>Além desse escândalo, alguns parlamentares passaram a condenar as competições internacionais de futebol, pois estas estariam acirrando rivalidades que extrapolavam o campo e estavam dificultando relações com figuras proeminentes dos países sul-americanos. Brasil e Uruguai disputavam uma cadeira permanente na Liga das Nações e devido aos atritos com a seleção uruguaia, alguns parlamentares brasileiros viram a competição e o acirramento das rusgas entre os dois países como um revés na política internacional do país. O deputado paulista Carlos Garcia apresentava projeto à Câmara proibindo os jogos internacionais no país (“O Projecto Carlos Garcia”. <em>Folha da Noite</em>, São Paulo, 21 de outubro de 1922, p. 3). Em charge de autoria de Belmonte, publicada dias após o jogo entre Brasil e Uruguai, a violência e a confusão entre os jogadores foi o mote para o ilustrador abordar o assunto. Ao lado da República, simbolizada por uma grande mulher e parte da bandeira nacional, tremulavam as bandeiras do Uruguai, Chile e Argentina. Junto ao símbolo da bandeira, um parlamentar em trajes oficiais aponta para dois jogadores ao lado de uma bola de futebol. Um deles está com um pé no pescoço do outro e o político afirma: “O que alguns fazem com as mãos, outros fazem com os pés” (“Fraternidade Sul-Americana”. <em>Careta</em>, Rio de Janeiro, Anno XV, n. 746, 7 de outubro de 1922, p. 30).</p>
<p>Ainda relacionado ao enfraquecimento das relações externas do país, a mesma revista, uma semana depois, publicava uma charge extremamente significativa. Atrás de um alambrado, supostamente nas gerais, local dos ingressos mais baratos, o personagem do “Jeca” assiste atônito às pernas de um jogador pisotearem com as suas chuteiras uma grande fita em que se lê: “Relações Internacionais” (“Os pés pelas mãos&#8230;”. <em>Careta</em>, Rio de Janeiro, Anno XV, n. 747, 14 de outubro de 1922, p. 26). A charge torna-se mais significativa, quando a confrontamos com outras situações em que o personagem é colocado em charges da revista. Neste caso, serve a ilustração do início do ano em que Jeca segura um jornal de ponta-cabeça, com a seguinte manchete: “Setembro de 1922, Cem Annos de Independência!”. Jeca, sentado no sofá, afirma: “É pena eu não saber ler!” (“Um anno de regozijo”. <em>Careta</em>, Rio de Janeiro, Anno XV, n. 708, 14 de janeiro de 1922, p. 21). O espanto de Jeca ao ver o jogador de futebol estragando a política externa do país revela o poder de alcance que o futebol poderia ter entre a população das camadas subalternas. Já sua afirmativa de não saber ler, reverbera a alta taxa de analfabetismo no país. Em 1920, cerca de 65% da população não sabia ler e escrever [9].</p>
<p>Outras revistas como <em>O Malho</em> e <em>Fon-Fon</em> destacaram a violência com que os jogos estavam sendo disputados. <em>O Malho</em> trazia fotos da seleção brasileira nas páginas da revista acompanhadas da legenda: “O glorioso ‘team’ Brazileiro, vencedor da Argentina, por 2&#215;0 domingo último”. No entanto, a capa dessa mesma edição trazia a ilustração de dois torcedores saindo do estádio como se fosse um campo de batalhas, cheio de jogadores feridos pelo caminho. Na legenda, um torcedor conversa com o outro, sob o título “O Score e as Soturas”: </p>
<blockquote><p>— Então, doutor? Gostou do jogo? Bello resultado!<br />
— É verdade. Dez pontos contra quinze na testa de cada um.<br />
(<em>O Malho</em>, Rio de Janeiro, 21 de outubro de 1922, capa).
</p></blockquote>
<p>Muitos periódicos de oposição ao governo, além de cronistas e ilustradores que não concordavam com o projeto de nação através do futebol, se expressaram através da grande imprensa. Mesmo assim, a maioria dos jornais de oposição mantiveram o tom de apoio e celebração à seleção brasileira. No dia seguinte à conquista, na <em>Gazeta de Notícias</em>, um dos periódicos de maior oposição ao governo, o cronista ressaltava que as milhares de pessoas que assistiram à partida gritavam: “Salve o Brasil &#8211; campeão de terra e mar” devido aos títulos do futebol, remo e <em>water polo</em>. No entanto, dedicava algumas linhas à “grande República Argentina, como o mais sincero agradecimento do povo brasileiro” em alusão à vitória da desclassificada seleção argentina sobre o Paraguai que deu chances do Brasil não ser eliminado do torneio. Dessa maneira, o periódico, também contestador do governo, tentava minimizar a vitória brasileira (<em>Gazeta de Notícias</em>, Rio de Janeiro, 24 de outubro de 1922, p. 6).</p>
<p>Outras críticas aparecem nas charges das revistas <em>A Cigarra</em> e <em>Careta</em>. O envolvimento de parlamentares com o futebol foi tão grande que a revista paulista <em>A Cigarra</em>, ainda antes da vitória brasileira, publicou duas charges em sua edição de 15 de outubro de 1922, ironizando tal relação. O autor das ilustrações foi o caricaturista Belmonte (Benedito Bastos Barreto), que analisou constantemente os “problemas da nação, a partir das percepções sobre os políticos e as ações que se relacionavam aos seus cidadãos e que afetavam as suas vivências cotidianas” (Silva, 2007: 167). Neste trabalho, Zélia Lopes da Silva observou uma charge de Belmonte desta edição da revista que mostrava o público do teatro municipal muito bem vestido e dormindo. No entanto, não prestou atenção em duas charges de Belmonte que relacionavam justamente percepções de políticos proeminentes do país com o futebol ou às ações deste esporte, que definitivamente afetava a vida das pessoas no Rio de Janeiro e em São Paulo.</p>
<p>As duas caricaturas da revista ironizavam situações de sobrevalorização dos jogadores e da seleção brasileira como representantes da nação, por jogarem em nome da pátria. Na primeira delas, com o título tão sugestivo quanto provocador “É o que está faltando&#8230;”, quatro jogadores da seleção brasileira, todos machucados, com muletas e faixas de curativos pelo corpo, indagavam uma figura feminina, que representava a República brasileira, com os seguintes dizeres: “E agora o que queremos é uma pensão vitalicia; porque, afinal, fomos feridos em ‘defesa da Pátria’!” (<em>Gazeta de Notícias</em>, Rio de Janeiro, 24 de outubro de 1922, p. 8). Belmonte ironizava a discussão no parlamento sobre a premiação em dinheiro para os jogadores “amadores” brasileiros e a associação dos jogos como guerra em defesa da pátria. </p>
<p>Poucas páginas adiante, a crítica foi direcionada ao governo e ao seu envolvimento com o futebol. Na charge com o título “Os Novos Ministérios”, aparece o gabinete presidencial, com Epitácio Pessoa sentado à mesa e seu acessor a chutar funcionários para fora da sala. Em quadro pendurado na sala, havia o anúncio do expediente a ser cumprido naquele departamento, avisando que do meio-dia às duas da tarde, estariam “<em>off-side</em>” em alusão ao horário do almoço. A lata de lixo ao lado da mesa do Presidente tinha uma placa escrita “<em>goal</em>” e à sua frente um jogador da seleção perguntava: “Por que o governo não cria um ministério do Futeból? Não seria mais útil que qualquer outro?” (<em>Gazeta de Notícias</em>, Rio de Janeiro, 24 de outubro de 1922, p. 25). </p>
<p>Belmonte ironizou a seleção &#8211; através da figura de Ruy Barboza, um defensor da nação &#8211; e o vínculo dos brasileiros com a causa patriótica. O político encontrava-se gravemente doente, à beira da morte e já era tratado como herói nacional, pois “em suas campanhas políticas, suas derrotas eleitorais foram compensadas simbolicamente pela inaudita aclamação das ruas” (Gonçalves, 2000: 135). Na edição seguinte, Belmonte publica uma charge sob o título “Domínio do Futebol”. No desenho, o franzino Ruy Barboza bate bola com um atlético jogador da seleção brasileira. Na legenda, antes da conversa do jogador com o político, uma nota com os seguintes dizeres: “Um jornal declarou, há dias, que sem o esporte não haverá patriotismo, e que a força physica de um povo é o que faz a grandeza de uma nação”. Abaixo da citação, o discurso do jogador da seleção brasileira:<br />
“E ainda falam em talento! Qual, história! Ruy, para ser grande e patriota, tem de correr num campo de futebol!” (“O Domínio do Futebol”. <em>A Cigarra</em>, São Paulo, Anno XX, n. 195, 1 de novembro de 1922, p. 26).</p>
<p>Dias antes, na revista <em>Careta</em>, o ilustrador já havia publicado uma charge com o título<br />
“Aos Livros!”. A República, na figura de uma mulher gigante, tinha a seu lado Ruy Barbosa.<br />
A República, com uma mão na cabeça do pequeno e franzino Ruy Barbosa, oferece com a outra um livro a três jogadores de futebol, ainda menores que Ruy, que estão abraçados. Com o gesto afirma: “Meus filhos! Nada de exageros! Lembrai-vos que a grandeza de uma nação não está nos músculos dos seus athletas, mas na intelligencia de seus intelectuais!” (<em>Careta</em>, Rio de Janeiro, 28 de outubro de 1922, p. 11). Assim, através do humor e, driblando possíveis censuras, a ironia de um projeto de nação alicerçado nas vitórias da seleção brasileira de futebol é confrontada com um projeto fundado em bases educacionais, como o de Ruy Barbosa.</p>
<p>O jornal paulista <em>Folha da Noite</em> foi outro que não teve um discurso tão alinhado com a celebração da nação através da seleção de futebol e de seus jogadores. As glórias, quando colocadas, penderam para os jogadores que representavam clubes de São Paulo. Os jornalistas paulistas não se conformavam, por exemplo, com a eliminação do atacante Friendenreich, herói do título Sul-Americano de 1919, após os dois primeiros empates da seleção. O cronista do periódico encarou o fato como desrespeito ao futebol paulista, e afirmava, “sem procurar desmerecer do esforço dos cariocas do quadro”, que “as maiores honras e as maiores glórias cabem por certo aos elementos de cá [de São Paulo]”. Além de exaltar os gols marcados na final por Neco e Formiga, jogadores de clubes de São Paulo, o cronista colocava em evidência ainda a vitória do remador paulista José Ferreira no Campeonato Brasileiro de <em>Rowing</em> como prova da “força, da vontade e do adeantamento paulistas”. Dessa forma, ironizava um suposto projeto da CBD, com sede no Rio de Janeiro, de “elevar o esporte brasileiro, prejudicando o de São Paulo” (<em>Folha da Noite</em>, São Paulo, 24 de outubro de 1922, p.3).</p>
<p>No Rio de Janeiro, Lima Barreto foi uma das vozes dissonantes desse projeto nacional ligados aos esportes e especialmente ao futebol. Em janeiro de 1922, o autor já denunciava em suas crônicas na popular <em>Careta</em> a supervalorização que alguns intelectuais, diretores de redação de jornais e revistas e a população em geral davam às competições esportivas internacionais. Segundo Lima Barreto</p>
<blockquote><p>O Brazil, ao acreditar em semelhante pessoal, ficará célebre no mundo, desde que ganhe campeonatos internacionais dessas futilidades todas. E, sendo assim, em breve apparecerá um Camões ou um Homero para rimar uma epopéia em louvor desses heróes esforçados, que nada fizeram para o benefício commum; mas que são glorias do Brazil (Lima Barreto. “As Glorias do Brasil”. <em>Careta</em>, Rio de Janeiro, Anno XV, N. 107, 7 de janeiro de 1922, p. 19).</p></blockquote>
<p><strong>Considerações finais</strong><br />
A crítica de Lima Barreto sugere a leitura de um texto do cronista K. Fico, da revista <em>Vida Moderna</em>, com sede em São Paulo, como uma dessas descrições heroicas, mas não dos jogadores, e sim dos torcedores. O autor descreve o torcedor com singular particularidade. A crônica é exemplar para entendermos a nova representação de simbiose entre torcedores e seleção brasileira. </p>
<p>Além de lermos a crônica com o alerta acima dado por Lima Barreto, vale atentar para a descrição que Maria Inez Machado Borgez Pinto faz do processo de modernização pelo qual São Paulo passava, para depois refletirmos sobre as analogias com o texto de K. Fico. A autora coloca que</p>
<blockquote><p>De fato, o processo modernizador trouxe consigo a racionalização de condutas, a proposta de homogeneização de costumes e de consumo, ao mesmo tempo que a multiplicação das escalas do ambiente urbano tinha como contrapartida o encolhimento da figura humana e a projeção da coletividade como um personagem em si mesmo, anunciando o surgimento da sociedade de massa. (Pinto, 1999:144)</p></blockquote>
<p>A crônica foi publicada dias após o empate entre brasileiros e uruguaios, portanto, muito antes da final. O autor afirmava que na torcida havia milhares de indivíduos “de todas as categorias, de todas as edades, de todas as côres, proprietários e párias, advogados e engraxates, e, quem sabe, talvez alguma Exca. desgarrada do bando” e completava que todos ali “todos pensavam, neste momento, por um só cérebro, pulsavam com um só coração, sentiam os mesmos nervos, desejavam uma só e mesma cousa”.</p>
<p>E que belo exemplo o autor deu de “encolhimento da figura humana e a projeção da coletividade como um personagem em si mesmo” (Pinto, 1999: 144), como observado por Pinto, quando representa a torcida no estádio: “[...] Era como si aquella gente toda se tivesse fundido no cadinho do Futebol, e da amálgama subisse um ser, de calção curto e camisa de lã, que só pensasse no Futebol, para elle e por elle vivesse.” (“Brasileiros x Uruguayos”. <em>Vida Moderna</em>, Rio de Janeiro, 20 de outubro de 1922, Ano XVIII, n. 441, pp. 12 e 13). Aqui se percebe o esforço do autor da crônica em exaltar os signos do moderno, em ligar o torcedor de futebol às transformações da cidade que iam “no sentido da disciplina e do controle e da glorificação da energia, da agressividade e da velocidade” (Lins, 2010, 34). Ao lado da seleção como elemento propulsor da nacionalidade brasileira, aquela gente toda se transformava em um ser, uniformizado e que entrava em campo em ligação direta<br />
com os jogadores. </p>
<p>Ao ler os jornais e revistas desse período, ao perceber as diferentes maneiras como a seleção, o futebol e o torcedor foram representados nos diferentes periódicos cariocas e paulistas, pode-se notar as diferentes formas utilizadas para exaltar ou criticar esses elementos. Os jornais e revistas do período tornam-se, portanto, poderoso objeto de investigação para se entender, de maneira crítica, a sociedade naquele período. Pequenas notícias esportivas ou ilustrações supostamente “despretensiosas” revelam aspectos que não poderiam estar presentes em outro tipo de material.</p>
<p>A representação do torcedor brasileiro por parte da imprensa também merece uma análise mais detida, quem sabe em outra investida. Mas lembrando sempre do alerta de Sandra Jatahy Pesavento que “todo o esforço para desvelar representações passadas é uma leitura entre possíveis” (Pesavento, 1995: 287).</p>
<p>Esta pesquisa foi realizada com apoio da Faperj.</p>
<h3>Cite este artigo</h3>
<p>SANTOS, João Manuel Casquinha Malaia. A imprensa e o Sul-Americano de futebol de 1922: “a defesa das cores nacionais” ou o “campeonato internacional das futilidades”? <strong>Revista Estudos Políticos</strong>: a publicação eletrônica semestral do Laboratório de Estudos Hum(e)anos (UFF) e do Núcleo de Estudos em Teoria Política (UFRJ). Rio de Janeiro, nº 5, pp. 60–76, Dezembro 2012. Disponível em: http://revistaestudospoliticos.com/. </p>
<h3>Notas</h3>
<p>[1] João do Campo ao descrever o jogo amistoso entre um combinado de jogadores portugueses contra cariocas no Rio afirmou que a assistência estava “torcendo, com certeza, por patriotismo”. (<em>Revista da Semana</em>. Ano XIV, n. 688, 19 de julho de 1913, p. 46).</p>
<p>[2] Cf., por exemplo, “FOOT-BALL”. (<em>Revista da Semana</em>, Rio de Janeiro, 6 de abril de 1908, Anno VI, n. 412, p. 311) e “O SPORT DA MODA” (<em>Correio da Manhã</em>, Rio de Janeiro, 11 de maio de 1913, p.6.)</p>
<p>[3] Para associação entre a ACM e os esportes no Brasil, cf. Cancella, 2010; para o envolvimento da ACM com os Jogos Sul-Americanos e o COI, cf. Dacosta, 2006: 206-207.</p>
<p>[4] As informações sobre horários, linhas, duração das viagens e preços de passagens de bondes e trens foram obtidos nas edições do <em>Almanak Laemmert</em> entre 1885 e 1928, disponíveis na Biblioteca Nacional do Rio de Janeiro.</p>
<p>[5] BRASIL. <em>Estatutos da Confederação Brasileira de Desportes</em>. Diário Official, 26 de julho de 1922, pp. 14.277 – 14.280.</p>
<p>[6] BRASIL. Recenseamento do Brasil realizado em 1º de setembro de 1920. Rio de Janeiro: Typographia da Estatítica, 1922. </p>
<p>[7] A renda, segundo a <em>Gazeta de Notícias</em> de 24 de outubro de 1922 (p. 6), foi de 46:408$000.</p>
<p>[8] cf. BRASIL. Diário do Congresso Nacional, 25 de outubro de 1922, p. 4.416</p>
<p>[9] BRASIL. Censo Demográfico de 1970. Rio de Janeiro: Fundação IBGE, 1972</p>
<h3>Referências bibliográficas</h3>
<p>ANDERSON, Benedict. <em>Comunidades Imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo</em>. México: Fondo de Cultura Económica, 1993.</p>
<p>BOOTH, Douglas. <em>The Field: truth and fiction in sport history</em>. Abingdon: Routledge, 2005.</p>
<p>CANCELLA, Karina Barbosa. A Fundação da Primeira Sede da Associação Cristã de Moços na América Latina e sua Atuação como Fomentadora da Prática Esportiva no Rio de Janeiro Pós-Republicano. <em>Recorde: Revista de História do Esporte</em>. Rio e Janeiro, v. 3, número 2, pp. 1-38, dezembro de 2010.</p>
<p>DACOSTA, Lamartine (org.). <em>Atlas do Esporte no Brasil</em>. Rio De Janeiro: Confef, 2006.</p>
<p>CHARTIER, Roger. <em>A História Cultural: entre práticas e representações</em>. Rio de Janeiro: Bertrand Brasil, 1990.</p>
<p>FERREIRA, Marieta de Moraes. A Reação Republicana e a Crise dos Anos 20, In: <em>Estudos Históricos</em>, Rio de Janeiro, v. 6, n. 11, pp. 9-23, 1993.</p>
<p>GONÇALVES, João Felipe. Enterrando Rui Barbosa: um Estudo de Caso da Construção Fúnebre de Heróis Nacionais na Primeira República. In: <em>Estudos Históricos</em>, Rio de Janeiro, v. 14, n.25, 2000, pp. 135-161. </p>
<p>LINS, Vera. Em revistas, o simbolismo e a virada do século. In: Oliveira, Cláudia de; Velloso, Monica Pimenta; e Lins, Vera. <em>O Moderno em Revistas: representações do Rio de Janeiro de 1890 a 1930</em>. Rio de Janeiro: Garamond, 2010, pp. 15 a 42.</p>
<p>LOBO, Eulalia Maria Lahmeyer. <em>História d Rio de Janeiro: do capital comercial ao industrial e financeiro</em>. Rio de Janeiro: IBMEC, 1978.</p>
<p>MARTINS, Ana Luiza &#038; LUCA, Tânia Regina de (orgs.). <em>História da Imprensa no Brasil</em>. São Paulo: Contexto, 2008. </p>
<p>MORIN, Edgar. <em>A cultura de massas no século XX: o espírito do tempo</em>. Rio de Janeiro: Forense, 1969.</p>
<p>MOTTA, Marly Silva da. <em>A nação faz cem anos: a questão nacional no centenário da independência</em>. Rio de Janeiro: Editora FGV/CPDOC, 1992.</p>
<p>PEREIRA, Leonardo Affonso de Miranda. <em>Footballmania: Uma História Social do Futebol no Rio de Janeiro</em>, 1902-1938. Rio de Janeiro: Ed. Nova Fronteira, 2000.</p>
<p>PESAVENTO, Sandra. Muito além do espaço: por uma história cultural do urbano. In: <em>Estudos Históricos</em>. FGV/CPDOC, v. 8, n. 16, jul-dez, p. 279-290, 1995.</p>
<p>____. Em Busca de uma Outra História: Imaginando o Imaginário. <em>Revista Brasileira de História</em>, São Paulo, v. 15, n. 29, pp. 9-27, 1995.</p>
<p>PINTO, Maria Inez Machado Borges. Cultura de massas e representações femininas na paulicéia dos anos 20. <em>Revista Brasileira de História</em>. São Paulo, v. 19, nº 38, p. 139-163. 1999.</p>
<p>POPE, S. W. <em>Patriotic Games: Sporting Traditions in the American Imaginations (1876 – 1926)</em>. New York: Osford University Press, 1997. </p>
<p>SALIBA, Elias Thomé. <em>Raízes do Riso &#8211; a representação humorística na história brasileira: da Belle Époque aos primeiros tempos do rádio</em>. São Paulo: Companhia das Letras, 2002.</p>
<p>SANTOS, João Manuel Casquinha Malaia. <em>Revolução Vascaína: a profissionalização do futebol e a inserção sócio-econômica de negros e portugueses no Rio de Janeiro(1915 – 1934)</em>. Tese de Doutorado defendida no Programa de Pós- Graduação em História Econômica – DH/FFLCH, Universidade de São Paulo. São Paulo, 2010.</p>
<p>SILVA, Marcos A. da. A construção do saber histórico: historiadores e imagens. <em>R. História</em>, São Paulo, n. 125-126, p. 117-134, agosto-dezembro de 1991 a janeiro-julho de 1992.</p>
<p>SILVA, Zélia Lopes da. O traço de Belmonte desvendando São Paulo e o Brasil (1922-1924). <em>ArtCultura</em>, Uberlândia, v. 9, n. 15, p. 163-179, julho-dezembro de 2007.</p>
<p>SODRÉ, Nelson Werneck. <em>História da Imprensa no Brasil</em>. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 1966.</p>
<p>VELLOSO, Monica Pimenta. As distintas retóricas do moderno. In: Oliveira, Cláudia de; Velloso, Monica Pimenta; e Lins, Vera. <em>O Moderno em Revistas: representações do Rio de Janeiro de 1890 a 1930</em>. Rio de Janeiro: Garamond, 2010, pp. 43 a 110.</p>
<p>WEBER, Max. Sociologia da Imprensa: um programa de pesquisa. <em>Lua Nova</em>, n. 55/56, p. 185-194, 2002. Originalmente publicado como Alocução no Primeiro Congresso da Associação Alemã de Sociologia em Frankfurt, 1910.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/a-imprensa-e-o-sul-americano-de-futebol-de-1922-a-defesa-das-cores-nacionaisou-o-campeonato-internacional-das-futilidades-por-joao-manuel-casquinha-malaia-santos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>A dimensão simbólica do capitalismo moderno para uma teoria crítica da modernização, by Jessé de Souza</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/a-dimensao-simbolica-do-capitalismo-moderno-para-uma-teoria-critica-da-modernizacao-by-jesse-souza/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/a-dimensao-simbolica-do-capitalismo-moderno-para-uma-teoria-critica-da-modernizacao-by-jesse-souza/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 17:46:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1564</guid>
		<description><![CDATA[Este artigo em PDF A dimensão simbólica do capitalismo moderno Para uma teoria crítica da modernização Jessé de Souza 1 [41-59] 1Jessé de Souza é professor titular de Sociologia na Universidade Federal de Juiz de Fora, em Minas Gerais &#160; Resumo A questão central de Karl Marx acerca da especificidade da dominação simbólica no capitalismo continua [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" target="_blank" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p41-59.pdf">Este artigo em PDF</a></p>
<h5>A dimensão simbólica do capitalismo moderno<br />
Para uma teoria crítica da modernização</h5>
<h6>Jessé de Souza <sup>1</sup> [41-59]</h6>
<p><strong><sup>1</sup>Jessé de Souza</strong> é professor titular de Sociologia na Universidade Federal de Juiz de Fora, em Minas Gerais</p>
<div style="height:6px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Resumo</h3>
<p>A questão central de Karl Marx acerca da especificidade da dominação simbólica no capitalismo continua a nos desafiar até hoje. Marx havia notado que o capitalismo, ao contrário de todas as sociedades complexas anteriores, não necessita de um quadro de pessoas especializadas na legitimação da ordem vigente como os mandarins na China Imperial, os brâmanes na Índia, ou o clero no ocidente. Em sua dimensão mais importante, pelo menos, a legitimação da ordem vigente é produzida por uma misteriosa “ideologia espontânea” secretada pelo próprio sistema de modo opaco e sutil. A resposta economicista de Marx a essa questão não nos interessa aqui. O importante é sua percepção da “opacidade da dominação” como a marca diferencial do capitalismo e do mecanismo responsável por sua longevidade e por sua extraordinária eficácia cotidiana.</p>
<p>Palavras-chave: Marx, capitalismo, dominação simbólica</p>
<div style="height:11px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Abstract</h3>
<p>The central question of Karl Marx about the specificity of symbolic domination in capitalism continues to challenge us nowadays. Marx had noted that capitalism, unlike all previous complex societies, does not need specialized people to legitimate the existing society as it was needed by the mandarins in Imperial China, the Brahmins in India, or the clergy in the West. Legitimacy of existing society is produced by a mysterious “spontaneous ideology”, secreted by the system itself in an opaque and subtle way. The economistic answer of Marx to that question does not concern us here. The important thing is his perception of the “opacity of the domination” as the differential feature of capitalism and the tool for its longevity and extraordinary everyday efficacy.</p>
<p>Keywords: Marx, capitalism, symbolic domination</p>
<div style="height:11px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3></h3>
<p>A questão central de Karl Marx acerca da especificidade da dominação simbólica no capitalismo continua a nos desafiar até hoje. Marx havia notado que o capitalismo, ao contrário de todas as sociedades complexas anteriores, não necessita de um quadro de pessoas especializadas na legitimação da ordem vigente como os mandarins na China Imperial, os brâmanes na Índia, ou o clero no ocidente. Em sua dimensão mais importante, pelo menos, a legitimação da ordem vigente é produzida por uma misteriosa “ideologia espontânea” secretada pelo próprio sistema de modo opaco e sutil. A resposta economicista de Marx a essa questão não nos interessa aqui. O importante é sua percepção da “opacidade da dominação” como a marca diferencial do capitalismo e do mecanismo responsável por sua longevidade e por sua extraordinária eficácia cotidiana.</p>
<p>O problemático é que, nessa questão central, não avançamos muito desde Marx. Vários fatores contribuem para isso. O principal deles é que continuamos sem perceber adequadamente a estrutura simbólica e imaterial subjacente ao capitalismo e responsável por sua “violência simbólica” peculiar. A teoria dominante imagina uma estrutura institucional “neutra” com relação a valores, a qual se contraporia a uma “cultura” nacional percebida como única realidade simbólica possível. Precisamente por conta disso, ou seja, como não se percebe uma estrutura simbólica subjacente a todo mundo capitalista, imagina-se que o mundo está dividido entre sociedades avançadas, com uma estrutura material e simbólica supostamente própria, e sociedades “atrasadas”, com outra estrutura material e simbólica percebida como peculiar e distinta das sociedades avançadas. A “opacidade da dominação” adentra o debate científico e coloniza os próprios termos deste debate, impedindo-nos de perceber estruturas profundas comuns. A pobreza e o conservadorismo deste debate, por outro lado, não conhecem fronteiras nacionais. A análise de um Roberto DaMatta no Brasil e na América Latina é extraordinariamente semelhante à análise de Niklas Luhmann na Alemanha. Não existe nenhum “abismo teórico” entre as explicações dominantes no centro ou na periferia do debate científico em relação a essas questões. O racismo mal disfarçado em “culturalismo” das teorias da modernização tradicionais – que substancializam e essencializam supostas heranças culturais como até cem anos atrás se essencializavam supostas diferenças raciais – está presente nos dois.</p>
<p>Em texto sobre a “exclusão social”, que deu origem a um debate específico na Alemanha, Luhmann se propõe a incorporar a “periferia” do capitalismo à sua teoria da “sociedade mundial”. Para Luhmann, as sociedades modernas regulam de modo muito singular a diferenciação entre inclusão/exclusão, com consequências dramáticas para a estabilidade e possibilidades de desenvolvimento desse tipo de sociedade. A especificidade da regra de inclusão/exclusão moderna é que ela seria decidida pelos sistemas funcionais já diferenciados entre si. A regra da igualdade e dos direitos humanos implica apenas nisso: que as desigualdades só podem ser produzidas dentro dos respectivos sistemas diferenciados. Uma importante consequência dessa regra é a impossibilidade de legitimar desigualdades permanentes que abrangem todos os sistemas funcionais. O problema central para a teoria luhmanniana é que a exclusão quase total de parcelas significativas da população (1/3 no caso brasileiro) é precisamente o caso dos assim chamados países em desenvolvimento ou periféricos. </p>
<p>Apesar da lucidez de Luhmann em perceber tal questão e, o que é ainda mais admirável, apesar de possuir a coragem de enfrentá-la, sua resposta é um tanto decepcionante e se aproxima de modo surpreendente das soluções propostas pelo próprio culturalismo conservador dominante na América Latina. Para quem imagina um abismo teórico entre as produções de vanguarda do centro e da periferia sobre esse tema, essa aproximação pode ensinar muito. É claro que Luhmann lança mão de uma terminologia “tecnológica” que induz a aparência de novidade. Uma análise cuidadosa, no entanto, pode, sem grande esforço, comprovar a irmandade de fundo entre essas abordagens e deixar claro tanto suas contradições e falhas internas, quanto suas consequências conservadoras para uma adequada compreensão, não só das sociedades periféricas, mas de toda<br />
a modernidade contemporânea.</p>
<p>A necessidade de explicar a desigualdade permanente e a exclusão quase total de porções significativas da população de todos os sistemas funcionais o leva, do mesmo modo que as teorias da modernização – sejam as clássicas das décadas de 50 e 60, sejam as contemporâneas com outra roupagem e sem usar o nome – a pleitear “sobrevivências” do mundo pré-moderno nesse tipo de sociedade. Essa explicação seria, talvez, um pouco mais convincente se essas sociedades fossem “atrasadas” ou deficitárias em todas as esferas sociais. Mas o que complica a vida desse tipo de explicação simplista é que não é assim que as coisas efetivamente funcionam.</p>
<p>Apenas para usar o exemplo empírico mais citado por Luhmann neste texto, o caso brasileiro, temos um país periférico singularmente desigual – precisamente com o tipo de desigualdade permanente e quase total que interessa a Luhmann – com alto dinamismo de algumas esferas funcionais como, por exemplo, da esfera econômica. O desafio para a compreensão de sociedades desse tipo – hoje em dia chamadas de “emergentes” e com crescente influência internacional – é precisamente compreender o amálgama entre inegável dinamismo social e econômico e padrões de desigualdade permanentes, pobreza e marginalização social de partes significativas da população.</p>
<p>Mas não é essa a estratégia de Luhmann. Esse desafio sociológico não é sequer posto. Por conta disso, ele pode imaginar sociedades inteiras funcionando segundo padrões pré-modernos. Como isso é explicado? Ora, Luhmann traveste de um linguajar “moderno” e tecnológico as explicações culturalistas tradicionais em voga até hoje na própria periferia. A palavra-chave aqui é “redes de relacionamento”, a partir de interações face a face que se colocam à frente dos imperativos impessoais e funcionais da ordem social moderna.</p>
<p>Não se enfrenta a questão da gênese histórica dessas redes de relacionamento. Isso talvez seja desculpável num pequeno artigo. O que não é desculpável é que não se explica como a existência desse “câncer social” não compromete a reprodução da sociedade como um todo, como acontece efetivamente no caso de alguns infelizes países africanos, vítimas de guerras civis e cronicamente dependentes de ajuda externa. Luhmann supõe a existência de “redes de relacionamento pessoais” que obrigam todos à participação (<em>mitmachen</em>) sob a ameaça de transformação em “não pessoa” (<em>unperson</em>). Essa é, não por acaso, a explicação dominante em países como o Brasil. Roberto DaMatta é o principal autor dessa tradição e o sociólogo conservador mais influente no Brasil de hoje. Também DaMatta faz uso da oposição pessoa/não pessoa, que no seu caso adquire a forma de uma oposição pessoa (que tudo pode) e indivíduo (que nada pode por não ter acesso a relações pessoais).</p>
<p>Também em DaMatta a proeminência desse tipo de explicação leva, como em Luhmann, ao tema da corrupção enquanto uma característica definidora e fundamental de toda uma sociedade. Também em Luhmann os efeitos desse tipo de explicação da realidade são nitidamente conservadores. Ele joga água no moinho de certo preconceito, mundialmente aceito, tanto na dimensão do senso comum, quanto no consenso erudito, de que a corrupção é uma relíquia “pré-moderna” de “sociedades atrasadas”, o que impede de se pensar as ambivalências do próprio mundo moderno que passa a ser percebido como livre da corrupção endêmica – os casos que saem na imprensa seriam algo como “deslizes individuais” inevitáveis – e como domínio da eficiência impessoal. A corrupção nos países centrais seria um mero “ruído”, uma exceção, e não uma forma “normal” de funcionamento do sistema econômico e político.</p>
<p>A consequência inevitável desse tipo de legitimação científica de preconceitos nacionais – que estão pressupostos em todas as formas de relações internacionais – é que não apenas sociedades inteiras, mas também os “indivíduos” dessas sociedades sejam percebidos como sujos, corruptos e potencialmente inconfiáveis. Existe alguma dúvida de que esse tipo de preconceito está na base de uma legitimação subpolítica e nunca explicitada não só nas relações internacionais em geral, mas também na administração cotidiana de organismos internacionais multilaterais? Alguém duvida da enorme capacidade de produzir autolegitimação e autoestima, coesão interna e repressão das contradições internas nas sociedades avançadas pela propagação difusa e capilar desses preconceitos que pressupõem uma superioridade moral “inata” dessas sociedades em relação aos países percebidos como atrasados e corruptos?</p>
<p>A questão aqui não é, obviamente, negar a inegável corrupção efetivamente existente em países como o Brasil. O ponto aqui é desqualificar o tema da corrupção como uma distinção “qualitativa” entre sociedades percebidas como de “tipo” diferente, tema que perpassa todo o texto luhmanniano. Que o leitor reflita comigo: será que o sistema político italiano é menos corrupto que o brasileiro? Será que existe menos corrupção em Wall Street do que na Avenida Paulista, em São Paulo? Será que existiu menos corrupção na reconstrução de Berlim do que na construção do metrô do Rio de Janeiro? Será que a corrupção – definida como vantagem privilegiada num contexto de presumida igualdade – não é uma parte fundamental e indissociável de todo sistema econômico-político moderno? Junto com a tese da “sociedade corrupta” não se introduz também a tese de “povos corruptos”? Não se está, por baixo do pano, “essencializando” o conjunto das sociedades periféricas e seus habitantes com um tipo de “racismo” criado, propagado e legitimado cientificamente?</p>
<p>Um exemplo, especialmente eloquente, do “para quê” esse tipo de racismo, “cientificamente” legitimado, “realmente serve” pode ser retirado do tipo de justificativa usado pelo capital financeiro – nacional e internacional – para as altíssimas taxas de juros e de spread bancário num país como o Brasil. O alto custo do dinheiro no Brasil – e em outros países periféricos –, que oprime toda a população em favor de uma meia dúzia de banqueiros e especuladores, é legitimado precisamente pelo suposto “risco” de se emprestar dinheiro num país onde a corrupção seria endêmica, um verdadeiro “traço cultural”. A legitimação aceita, “naturalizada” – não em último lugar porque a ciência dominante, no centro e na periferia, repete o mesmo preconceito travestindo-o de conceitos com autoridade científica – e, por isso, não contestada, da situação privilegiada do setor financeiro sobre toda a sociedade advém precisamente de leituras hegemônicas que atualizam “culturalmente” um racismo que antes – até início do século XX – era abertamente “racial”. Assim, em países centrais, como os EUA, um mercado financeiro desregulado – que levou há pouco tempo o mundo inteiro a uma crise de grandes proporções – é “eufemizado” como uma economia “alavancada”, quando, na verdade, opera massivamente com créditos sem qualquer segurança. Já os países periféricos são “estigmatizados” e obrigados a pagar um “mais-valor” por pura obra de preconceitos criados e confirmados com a autoridade da ciência.</p>
<p>É a transformação das sociedades avançadas em entidades sem ambivalências e sem contradições – o mesmo engano, aliás, que a teoria da modernização tradicional efetuava em relação aos EUA – que permite a substancialização das sociedades periféricas num “bicho estranho”, marcado pela existência de “redes de relacionamento” todo-poderosas, como se nas sociedades avançadas decisões fundamentais também não pressupusessem a mesma lógica. As tais “redes de relacionamento” são percebidas como determinando toda a hierarquia social, dividindo-a entre os positivamente e os negativamente privilegiados, na medida em que todas as chances de acesso a recursos escassos são monopolizadas pelas posições de poder e de influência dentro das redes. Luhmann, na realidade, apenas elabora uma versão sistêmica – com novo vocabulário e presunção de “modernidade” para as tais “redes de relacionamento” – para a velha tese do patrimonialismo pré-moderno<br />
latino-americano.</p>
<p>O que vejo de profundamente equivocado do ponto de vista científico e de profundamente conservador do ponto de vista político, em ambas as ideias, é o fato de que se assume a “ideologia meritocrática” do capitalismo tardio como se fosse verdade. Supõe-se uma competição social igualitária nas sociedades avançadas, tanto em Luhmann, quanto em DaMatta, de tal modo que é precisamente a distorção sistemática da “competição justa” que é percebida, por ambos os autores, como sendo a característica fundamental, assim como o resultado mais palpável das tais “redes de relacionamento”. O “privilégio” é percebido como produto espúrio da dinâmica social de operação dessas “redes de relacionamento” e não como produto “normal” de um processo que torna invisíveis os pressupostos sociais de todo sucesso individual, naturalizando a desigualdade social e o privilégio permanente, seja nas sociedades avançadas seja nas sociedades periféricas. </p>
<p>Esse é o ponto central que permite unir as sociologias conservadoras do centro e da periferia dentro de um mesmo quadro de referência teórico: é a “idealização” das sociedades avançadas como reino da competição justa e efetiva superação de privilégios permanentes que exige uma distinção substantiva e um corte teórico que separe a análise desses dois tipos de sociedade. A operação contrária também é constitutiva desse jogo de espelhos montados por preconceitos arraigados e nunca articulados: é a “demonização” das sociedades periféricas como reino da corrupção e do engodo que permite sua oposição a regras de funcionamento fundamentalmente distintas das sociedades avançadas.</p>
<p>Esse “racismo inarticulado”, que povoa como um sentimento difuso toda a sociologia desde a sua criação, precisa ser reconstruído. Mas mesmo sendo sociedades modernas do mesmo tipo e com lógicas de funcionamento semelhantes, existem diferenças fundamentais que precisam ser explicadas, como as divergências que observamos, por um lado, entre países como França e Alemanha e, por outro lado, entre países como Brasil e México. A enorme diferença do número de marginalizados e de excluídos – precisamente o problema que interessava a Luhmann em seu texto – entre os países ditos avançados e periféricos pode e deve ser explicado de modo alternativo ao oferecido pela Sociologia até hoje. Por conta disso vou tentar responder a esses dois desafios articulados em meu presente texto: primeiro tentar mostrar por que essas sociedades são sociedades do mesmo tipo para apenas depois tentar determinar as suas diferenças específicas. Em conjunto, a resposta a essas duas questões pode nos ajudar nos primeiros passos do desenvolvimento de uma “teoria crítica da modernização”.</p>
<p><strong>A contribuição de Pierre Bourdieu</strong><br />
Como se pode perceber semelhanças em sociedades aparentemente tão distintas?<br />
Acho que a contribuição de Pierre Bourdieu pode ser decisiva aqui. Como se sabe, a “teoria dos capitais” em Bourdieu é o elemento mais abstrato de sua análise das sociedades do capitalismo tardio. O sociólogo francês percebe os capitais econômico e cultural como os elementos estruturantes de toda a hierarquia social moderna. Acho fundamental perceber com toda a clareza que isso vale tanto para países como França e Alemanha quanto para países como México, Brasil ou África do Sul. Com isso quero dizer que toda a luta social por recursos escassos – a questão central para a compreensão da dinâmica profunda de qualquer tipo de sociedade – em qualquer uma das sociedades mencionadas acima é decidida pelo acesso diferencial a esses capitais impessoais. Esse aspecto é decisivo porque permite a compreensão da luta diária de indivíduos e grupos sociais por todos os interesses materiais e ideais em jogo na vida social. Se a ciência deve, antes de tudo, separar o principal do secundário, não existe aspecto mais importante do que o estudo daquilo que decide sobre as chances de vida de todos nós em todas as dimensões da vida social ou em todos os “campos” sociais como prefere Bourdieu. Qualquer outro aspecto é, em relação a este tema, “secundário”.</p>
<p>Esse esclarecimento é fundamental para a minha tese: se a articulação entre os capitais impessoais econômico e cultural é o ponto de partida para a compreensão da dinâmica social moderna – e muito especialmente da hierarquia social que decide quem é superior e quem é inferior nesse tipo de sociedade – como um todo, então é justo afirmar que sociedades como México, Brasil ou África do Sul são sociedades do mesmo tipo que Estados Unidos, França ou Alemanha. Não há qualquer diferença essencial acerca do modo como se estruturam as classes sociais em luta, por exemplo, no Brasil ou na Alemanha. É o acesso a capital cultural sob a forma de capital escolar e herança familiar que garante a formação da moderna classe média brasileira, enquanto uma classe do “trabalho intelectual” por oposição, por exemplo, ao “trabalho manual” das classes sem acesso significativo ao mesmo tipo de capital. É a mesma diferença que garante a separação – e o acesso a todos os privilégios materiais e ideais envolvidos nessa disputa – entre a classe média alemã e a classe trabalhadora alemã ou composta por imigrantes.</p>
<p>Não há qualquer diferença também – aspecto talvez ainda mais importante – na forma como a “distinção social” é naturalizada e legitimada em ambas as sociedades. Não apenas os capitais impessoais envolvidos no processo de classificação e desclassificação social operam segundo os mesmos princípios, mas, também a “violência simbólica” que encobre, distorce e permite a legitimação da dominação social no capitalismo tardio se dá do mesmo modo nas sociedades avançadas e periféricas. Afinal, tanto no Brasil quanto na Alemanha ou na França a naturalização da desigualdade é possível pela sutil violência da “ideologia da meritocracia”. Existem exemplos insofismáveis desse fato na pesquisa empírica, os quais iremos discutir mais abaixo, acerca da moderna “ralé” brasileira. Como explica Bourdieu, a “ideologia da meritocracia” esconde sistematicamente a “produção social” dos desempenhos diferenciais entre os indivíduos, tornando possível que o desempenho diferencial “apareça” como diferença de talentos inatos. </p>
<p>Se tanto a produção da hierarquia social quanto a produção da dominação social são obtidas segundo os mesmos princípios, então a dinâmica da vida social entre as sociedades avançadas e periféricas é fundamentalmente semelhante. A produção artificial de uma “diferença substantiva” entre esses tipos de sociedade tem que ser explicada como um dos mecanismos da própria dominação social em ambas as sociedades percebidas como de tipo substantivamente diferente. Em Luhmann, como vimos, o que separaria os dois tipos de sociedade de modo tão essencial seria a presença de “redes de relacionamento” ubíquas e todo-poderosas nas sociedades periféricas, parasitando, para seus próprios fins, tanto a autonomia e o grau de liberdade dos sistemas sociais, quanto a capacidade decisória das organizações. O pressuposto do argumento de Luhmann é, portanto, que não existem “redes de relacionamento” pessoais decidindo o destino das pessoas<br />
nas sociedades avançadas.</p>
<p>Mais uma vez, Bourdieu pode nos ajudar a esclarecer esse ponto. O que Bourdieu chama de “capital social” pretende dar conta precisamente do mesmo problema. O acesso ao capital social de relações pessoais em Bourdieu, no entanto, ainda que seja decisivo para as chances de sucesso individual em qualquer contexto, é percebido como secundário em relação aos capitais impessoais econômico e cultural. Em outras palavras, o acesso a relações pessoais privilegiadas só é possível a quem já disponha de capital cultural e econômico (ou alguém conhece alguma pessoa que tenha acesso privilegiado a relações pessoais vantajosas sem capital econômico ou cultural?).</p>
<p>Omitir a ação primordial desses capitais impessoais como faz Luhmann, DaMatta e a maioria dos teóricos que tratam desse tema equivale a omitir a luta de poder e de classes envolvida na apropriação diferencial de capital econômico e cultural. O que “aparece” são apenas pessoas positiva ou negativamente privilegiadas pelo acesso a relações pessoais vantajosas. Pior ainda, constrói-se uma percepção de sociedades dinâmicas e complexas &#8211; ainda que desiguais e injustas – como a brasileira, que passa a ser percebida como uma sociedade tradicional e pré-moderna cuja hierarquia social seria construída pelo acesso diferencial a relações pessoais e familiares. </p>
<p>Essas escolhas teóricas não são apenas percepções parciais da realidade sem vínculo com a realidade política. Ao contrário. E para a demonstração disso a realidade brasileira pode ser muito informativa. A concentração da atenção nos processos de construção de “redes de relacionamento” para auferir vantagens permanentes, supostamente existentes apenas em sociedades como a brasileira, – já nos esquecemos de que a atual crise financeira começou com “redes de relacionamento” para vantagens mútuas que operavam em Wall Street, a 10.000 km do Brasil? &#8211; cria a ilusão de que não existe luta de classes. A opacidade do processo social de apropriação diferencial dos capitais impessoais que irá decidir, a partir do pertencimento de classe, o acesso privilegiado a todos os bens e recursos escassos é reforçada pela opacidade teórica que o torna literalmente invisível e não tematizável. Pior ainda, constrói-se a ilusão de que esse tipo de aporte teórico permite a crítica de práticas moralmente reprováveis e que aparece, portanto, ao leitor, com o “charminho crítico” de uma leitura crítica da realidade, quando é precisamente seu oposto.</p>
<p>Com isso, criam-se falsos problemas e falsas prioridades, como cruzadas moralistas contra a corrupção, que passam a ocupar o lugar da atenção em detrimento das questões básicas de distribuição desigual em todas as dimensões. A realidade social não é visível a olho nu. Pode-se ver a pobreza e a miséria de muitos e desconhecer as causas que produzem esse estado. No Brasil, por exemplo, o brasileiro médio percebe as mazelas sociais de seu país como produto da corrupção sistêmica, assim como Luhmann as percebeu. A “boa consciência” das classes privilegiadas torna-se perfeita, já que o problema está sempre longe, na corrupção estatal, por exemplo, permitindo uma perfeita legitimação de práticas cotidianas de exploração e humilhação. As classes média e alta de uma sociedade como a brasileira não possuem apenas o mesmo privilégio de consumo de seus pares europeus e norte-americanos: no Brasil, essas classes contam ainda com um verdadeiro exército de mão de obra barata sob a forma de empregadas domésticas, babás, faxineiras, porteiros, office-boys, motoboys, o que permite poupar tempo para atividades bem remuneradas e reconhecidas, além de minorar, por exemplo, a luta de gênero nessas mesmas classes, “transformada” em luta de classes invisível. Chamar a atenção para problemas aparentes ou criar falsas oposições tem sempre o fim de nos cegar em relação a conflitos reais e mais importantes. A percepção de países periféricos dinâmicos como se os mesmos funcionassem como sociedades pré-modernas serve, antes de tudo, para encobrir relações de poder injustas e desiguais.</p>
<p>É precisamente neste ponto que a obra de Pierre Bourdieu pode, talvez, desempenhar um papel ainda maior do que tem tido hoje em dia. Sua teoria dos capitais pode ser a base de uma nova compreensão do capitalismo global e de seus efeitos díspares em cada contexto peculiar. Ela pode fornecer o fundamento teórico para uma verdadeira teoria crítica da modernidade e da modernização em que a luta de classes – internacionalmente percebida – pelo acesso a bens e recursos escassos tenha a primazia da análise. Julgo que o tema marxista da “ideologia espontânea” do capitalismo possa, desse modo, ser reconstruído de modo mais crítico e teoricamente mais refinado do que foi o caso até agora. No entanto, penso também que existem unilateralidades e falhas importantes no esquema bourdiesiano que devem ser superadas para que o mesmo possa ser aproveitado em toda a sua riqueza. O ponto que acho digno de crítica em Bourdieu é o que gostaria de chamar de “contextualismo moral”. </p>
<p>Dois textos de Bourdieu são fundamentais para meu escopo aqui: os seus escritos sobre a Argélia e sua obra coletiva sobre a miséria do mundo. Os escritos sobre a Argélia são especialmente interessantes, uma vez que Bourdieu está, neste livro, combatendo precisamente os mesmos “inimigos” de qualquer teoria ou aporte crítico: o modelo econômico racional, implícito em todas as variantes antigas ou modernas da teoria da modernização – que pressupõe adaptações automáticas à “racionalidade” econômica – assim como nas formas da época assumidas pelo “culturalismo” antropológico. Já neste estudo encontramos como categoria “prática”, ainda que não desenvolvida em todas as suas virtualidades, a grande contribuição, para mim pelo menos, de Bourdieu ao debate sociológico: a percepção de que a sociedade é dividida em grupos sociais com acesso diferencial a disposições para o comportamento prático, as quais são assimiladas insensivelmente através da educação implícita e explícita.</p>
<p>Essa noção de classe social como aprendizado, em grande medida inintencional, de disposições para crer e agir, põe a percepção da vida social de sociedades modernas verdadeiramente em outro patamar de refinamento teórico e empírico. Foi a percepção da centralidade da noção de classe social, assim compreendida, que permitiu entender a dinâmica das lutas de uma sociedade complexa – como a sociedade francesa estudada em “A distinção” – de modo absolutamente novo, crítico e desilusionista. A novidade estava em perceber a atuação – não perceptível intencionalmente pelos atores envolvidos – de uma lógica de solidariedades e preconceitos, destinada a legitimar o acesso privilegiado e permanente a bens e recursos escassos, produzida subliminarmente, apenas perceptível aos envolvidos nos seus efeitos. </p>
<p>No caso da Argélia colonial estudada por Bourdieu, o argumento central do livro se refere, também, já desde essa época, às condições variáveis de incorporação das “disposições do cálculo econômico”, percebida então e ainda hoje, como efeito automático da introdução da economia monetária. Bourdieu consegue perceber que noções “naturalizadas” pela percepção cotidiana como “universais” &#8211; apenas por serem apropriadas de modo implícito e invisível pela educação das classes médias e privilegiadas &#8211; são àquelas que vão fundamentar a existência de uma fronteira entre os adaptados à ordem social dominante e os setores inadaptados condenados à pobreza e à humilhação social cotidiana. Assim, a ideia central da apropriação diferencial, definidas pelo pertencimento à classe social, das disposições associadas à noção de “temporalidade” – como a possibilidade do cálculo econômico, à capacidade de previsão ou ainda à capacidade de projetar um futuro alternativo &#8211; são todas decorrentes não do milagre do “mérito individual”, mas das pré-condições sociais que a possibilitam. Aos meus olhos não existe nenhuma ideia mais importante do que essa no horizonte da teoria social crítica, pela simples razão de que apenas ela permite a desconstrução crítica de todo o arcabouço legitimador de todas as formas de desigualdade social em condições modernas.</p>
<p>Não obstante, existem também deficiências importantes na perspectiva bourdiesiana e elas podem ser percebidas desde os textos sobre a Argélia, assim como no decorrer de toda a sua obra. Ainda que Bourdieu seja um crítico perspicaz das teorias da modernização &#8211; dominantes à época de seu estudo na Argélia e ainda hoje sob formas mascaradas, inclusive no texto luhmanniano comentado acima –, ele termina sendo vítima de algumas das pressuposições típicas das próprias teorias da modernização, como a pressuposição da “transitoriedade” da condição subproletária, ou seja, daquela classe à qual faltam os pressupostos “invisíveis” para o sucesso econômico e social (no capitalismo). Essa tese não é explicitada enquanto tal por Bourdieu, mas a sua perspectiva a pressupõe. Afinal, os subproletários argelinos são percebidos como fruto do êxodo rural para a cidade – um dos topos mais típicos da teoria da modernização &#8211; e da disparidade de códigos sociais vigentes em cada um desses universos. </p>
<p>Uma pergunta central nunca colocada, e muito menos respondida, nesse contexto é a que permitiria explicar a permanência da condição subproletária no tempo. Conforme várias das análises bourdiesianas, a extraordinária acuidade em se perceber o “contexto” pragmático das lutas sociais, que consome toda sua energia teórica e empírica, o impede de perceber “constantes universais” – pelo menos tão universais quanto o capitalismo – que permitiriam perceber o contexto particular e concreto como manifestação, sempre diferenciada na sua manifestação concreta, mas informada por uma lógica semelhante. Isso não deixa de ser surpreendente num autor que logrou desvelar como poucos o “DNA simbólico” que garante e legitima a reprodução infinita dos privilégios sociais<br />
no capitalismo. </p>
<p>Se a atenção ao contexto é fundamental – afinal, é onde a luta e o conflito se realiza e se mostra de modo mais direto e imediato, como a obra de Bourdieu atesta tão bem – a “prisão ao contexto”, por outro lado, impede a percepção de uma hierarquia social universalizante e abrangente, ainda que ela se apresente, em cada contexto peculiar, com acentos e nuances distintas. Se a atenção ao contexto permite perceber os “efeitos” de uma moralidade incorporada nos agentes subjetivamente, a prisão ao contextual, por outro lado, cega-nos em relação a uma moral objetivada em instituições e, por isso mesmo, eficaz independentemente de contextos particulares, ainda que varie na sua forma fenomênica de acordo com esses mesmos contextos.</p>
<p>Onde se apresenta essa “moralidade contextual” na obra de Bourdieu e de que modo concreto ela pode ser percebida como uma limitação fundamental de sua abordagem? Ainda que Bourdieu fale diversas vezes, em sua obra prima “A distinção”, sobre a oposição alma/corpo como fundamento de percepções de classe antagônicas, ou, no livro sobre a “dominação masculina” como fundamento da oposição homem/mulher, não existe uma reconstrução dessa hierarquia valorativa como uma estrutura institucional objetiva transcultural, transclassista e transexista que afeta os contextos da luta de classes e da luta entre gêneros em todas as “culturas” capitalistas. Por que não unir e vincular os “efeitos” contextuais de uma hierarquia moral incorporada subjetivamente e percebida como atuante empiricamente em diversos contextos a uma mesma gênese institucional que afeta, obviamente com importantes diferenças contextuais, todas as sociedades capitalistas modernas sejam elas centrais ou periféricas?</p>
<p>Bourdieu me parece o interlocutor ideal e privilegiado para se discutir essa questão fundamental na medida em que seu trabalho empírico, muito especialmente nos estudos empíricos sobre a Argélia ou sobre “A miséria do mundo”, permite-nos encontrar situações contextuais e concretas que podem ser explicadas segundo uma lógica objetiva e institucional que é eficaz em todos os casos estudados. Bourdieu, no entanto, não deu esse passo teórico. Os estudos sobre a Argélia permanecem um estudo isolado de um caso particular. Também os estudos realizados em “A miséria do mundo”, nos vários países interessantes e provocativos que são, na verdade, não dão o salto qualitativo de explicitar a lógica moral e política mais abstrata e geral subjacente aos processos contextuais e concretos analisados. </p>
<p>Ainda que Bourdieu tenha fornecido instrumentos valiosos para essa empreitada, minha opinião é que ele não logrou reconstruir a lógica geral e abrangente dos fenômenos que percebia, contextualmente, tão bem. A reconstrução dessa lógica abstrata e geral é fundamental para mim, visto que apenas ela pode permitir a construção de uma “teoria crítica da modernização” em todos os rincões do planeta onde a lógica da modernização capitalista logrou se institucionalizar. É essa lógica, afinal, que pode superar o “jogo de espelhos” entre uma teoria da modernização ainda dominante sob outras formas “práticas” – políticas de órgãos mundiais, no senso comum culto de sociedades centrais e periféricas – e suas imagens especulares “politicamente corretas” com quem divide, na realidade, todos os pressupostos teóricos e meta-teóricos principais. E, acima de tudo, o esquecimento da luta de classes e sua substituição por conceitos compósitos, que ofuscam conflitos e contradições como nação, cultura, região ou civilização. Assim sendo, para demonstrar como essa lógica abstrata e geral do capitalismo, que se expande para todo globo, implica em uma luta de classes global é necessário reconstruir e expandir o ponto de partida contextual bourdiesiano adicionando-lhe uma dimensão não contextual, objetiva e universal, a qual Bourdieu não levou às últimas consequências por razões internas ao seu ponto de partida teórico.</p>
<p>Nos seus estudos sobre a Argélia, Bourdieu cita, muito sintomaticamente, a ideia weberiana de que o capitalismo produz e exige um “<em>cosmos</em>” específico, ou seja, um “<em>ethos</em>”, um conjunto de disposições para crer e agir que é um pressuposto de qualquer comportamento “bem-sucedido” em um contexto capitalista. Esse tema é fundamental porque em todas as abordagens liberais e politicamente corretas ou esse pressuposto é esquecido – o <em>homo economicus</em> liberal é generalizado como se suas disposições fossem de todas as classes –, ou se intenta “defender culturas oprimidas” como se não houvesse um contexto objetivo que as torna “objetivamente desvalorizadas”, independentemente da “vontade”, supostamente benévola de quem quer que seja. Desse modo, a reconstrução “genética” – uma vez que está hoje em dia “esquecida” e naturalizada no senso comum cotidiano – desse “<em>ethos</em>” ou “<em>cosmos</em>”, parece-me o maior desafio de uma teoria crítica com ambições globais.</p>
<p>E como se pode mostrar a lógica global de uma luta de classes mascarada e tornada invisível precisamente pela percepção fragmentária e contextual que só percebe noções compósitas como “nações”, “culturas” e “regiões” – onde a contradição e o conflito já foram eliminados desde o início &#8211; como realidades primárias? A meus olhos a crítica social tem que começar demonstrando que a classe perdedora da universalização do capitalismo por todo o globo – que não é a classe trabalhadora como pensava Marx – obedece a uma lógica semelhante, seja nos países centrais, seja nos países periféricos. Isso é fundamental visto que não existe preconceito maior do que aquele que divide sociedades avançadas<br />
de sociedades periféricas, como se essa diferença fosse de “substância”, ou seja, de tipos de seres humanos distintos, uns mais refinados e outros mais primitivos, corruptos,<br />
sensuais, etc.</p>
<p>A mesma divisão que habita cada sociedade concreta e separa classes superiores das inferiores, incorporando a divisão entre virtudes não ambíguas da “alma” e as virtudes ambíguas do corpo – mais sobre isso adiante – também está pressuposta nas relações globais em todos os níveis, muito especialmente na “ciência” &#8211; instância legitimadora de todas as práticas no mundo moderno. A partir dela, os teóricos do centro são percebidos como aqueles que possuem cérebro e podem “pensar” teoricamente e os teóricos periféricos só tem olhos e não cérebro e, portanto, apenas “veem” o “dado empírico” – a “ciência” reproduz o esquema da esfera econômica dos países que detêm tecnologia e os que exportam “matéria prima” –, o qual vai ser pensado por pensadores do centro. O resultado é uma cegueira global que explica por que os conceitos centrais são sempre “regionais” – na realidade, norte-atlânticos e não “nacionais”, como pensam alguns – e os conceitos “periféricos” sempre especularmente “reativos” e também regionalizados. </p>
<p>No entanto, é possível mostrar, empírica e teoricamente, como existem “classes sociais globais”, ou seja, classes sociais que compartilham uma gênese social e um destino social semelhante. O primeiro ponto a ser desenvolvido é evitar a prisão contextual que só nos dá olhos para a experiência concreta e imediata e nos cega em relação às relações mais abstratas e mais gerais que conformam todos os contextos particulares. O próprio Bourdieu nos dá uma pista dessa hierarquia moral mais abstrata e mais ampla ao nos falar da oposição alma/corpo como uma oposição moral que articula e determina vários contextos de reprodução da desigualdade social, como nos exemplos da luta de classes e das relações de gênero. </p>
<p>Esse ponto fundamental, no entanto, não é desenvolvido por Bourdieu. Ele exigiria uma reconstrução genética, histórica e conceitual, das pré-condições de eficácia de uma hierarquia moral que passa a abranger todas as dimensões da vida social. No entanto, apesar de usar distinções de caráter moral o tempo todo, esse tema é uma “batata quente” nas mãos de Bourdieu na medida em que justificações morais, em seu esquema explicativo, tendem a ser reduzidas a formas de violência simbólica e à mera justificação de situações fáticas de dominação. </p>
<p>Essa redução parece advir de uma escolha consciente em Bourdieu: ainda que Bourdieu perceba que existem consensos morais compartilhados por todas as classes em luta por recursos escassos – como, por exemplo, a entronização da competição pacífica, como mostrada por Norbert Elias, a partir da criminalização do assassinato como meio legítimo de auferir vantagens sociais – ele parece aderir a certo perspectivismo moral, talvez como forma de denunciar seu uso instrumental e interessado. Em princípio, no entanto, não parece existir qualquer incompatibilidade em perceber a eficácia de hierarquias morais que constrangem a todos e em perceber e criticar seu uso como violência simbólica. A meu ver, é precisamente a miopia em relação à eficácia das hierarquias morais que nos guiam e constrangem a todos que condena toda análise ao contexto particular e concreto. A própria oposição moral alma/corpo, tantas vezes citada por Bourdieu, na verdade, exige um esforço reconstrutivo prévio para que possa ser utilizada em todo seu alcance.</p>
<p><strong>Para uma teoria crítica da modernização</strong><br />
A meu ver ninguém melhor que Charles Taylor reconstruiu essa hierarquia moral subjacente a qual percebemos apenas em seus efeitos. Eu percebo o livro “as fontes do <em>self</em>”, de Taylor, como uma reconstrução da sociologia moral subjacente ao mundo moderno. Longe de uma mera “história das ideias” o que Taylor nos apresenta é uma genealogia da eficácia social de certas “ideias morais”. O seu terreno é, portanto, empírico e sociológico. Assim, não foi a leitura das obras de Platão – o primeiro grande sistematizador da oposição alma/corpo como núcleo da hierarquia moral que dominaria o ocidente – que transformou corações e mentes de pessoas comuns que sequer sabiam ler, mas a institucionalização da noção de virtude platônica por Santo Agostinho como o caminho de salvação de todo cristão. Foi, portanto, a ligação da noção de virtude como controle das paixões do corpo ao “interesse” ideal na salvação da alma que permitiu que toda uma nova “moralidade prática”, um novo “<em>ethos</em>” no sentido de Max Weber, pudesse ser construído. </p>
<p>A revolução protestante ascética apenas radicaliza essa nova hierarquia valorativa e elimina os compromissos e hesitações que impediam a realização efetiva desta ideia em muitos contextos sociais. As instituições fundamentais do novo mundo secular, acima de tudo mercado e Estado, vão implementar precisamente a mesma hierarquia valorativa, agora, de modo opaco e implícito, ao contrário do discurso religioso, articulado e explicitado. Se antes a virtude religiosa era definida pelo controle da alma sobre o corpo e suas paixões como caminho para a salvação no “outro mundo”, agora, no contexto secularizado, é o controle da “mente” – definição secularizada de “alma” – sobre o corpo que decide sobre as chances de “salvação”, definida como sucesso mundano, “neste mundo”. Afinal, o que o capitalismo efetivamente democratiza, pelo menos em alguma medida significativa, se compararmos com as sociedades tradicionais, é o acesso ao “conhecimento” e às várias formas de capital cultural. A propriedade econômica continua passando por vínculos de sangue de uma geração a outra como em qualquer<br />
sociedade tradicional. </p>
<p>No entanto, e aqui reside o nó górdio da questão, a incorporação de capital cultural não está ao alcance de todos, nem é acessível a todas as classes sociais do mesmo modo. O que Taylor chama de “self pontual” – o self capaz de autorremodelação constante pela autodisciplina e autocontrole em nome de necessidades do mercado e do Estado – é um tipo social de classe, tipicamente burguês. Nas sociedades que lograram uma efetiva generalização deste “habitus” de classe burguês, também para as classes inferiores, é onde temos também o princípio da igualdade legal mais institucionalizado. Afinal, o “<em>self</em> pontual” é a base, tanto para a noção de produtor útil – e do trabalho como dimensão mais importante do reconhecimento social e da própria autoestima –, quanto para a noção de cidadania. A localização e explicitação desses princípios pode nos ajudar a identificar os mecanismos operantes, de forma opaca e implícita, na distinção social entre classes e grupos sociais distintos em sociedades determinadas. Ela pode nos ajudar a identificar os “operadores simbólicos” que permitam a cada um de nós na vida cotidiana hierarquizar e classificar as pessoas como mais ou menos, como dignas de nosso apreço<br />
ou de nosso desprezo.</p>
<p>A generalização do “<em>habitus</em>” burguês abre espaço para uma nova e revolucionária noção de hierarquia social que passa a ter por base o “<em>self</em> pontual” tayloriano, ou seja, uma concepção contingente e historicamente específica de ser humano, presidido pela noção de calculabilidade, raciocínio prospectivo, autocontrole e trabalho produtivo como os fundamentos implícitos tanto da sua autoestima quanto do seu reconhecimento social. Assim, ao contrário do critério hierarquizador da civilização hindu, por exemplo, em que o princípio da pureza ritual classificava e classifica as distintas castas sociais , no ocidente passa a ser o compartilhamento de uma determinada estrutura psicossocial o fundamento implícito do reconhecimento social. É essa estrutura psicossocial que é o pressuposto da consolidação de sistemas racionais-formais, como mercado e Estado, e depois produto principal da eficácia combinada dessas instituições. É essa estrutura psicossocial, também e mais importante, que permitirá ou não a possibilidade de incorporação das pré-disposições que são fundamentais para o acesso aos capitais econômico e cultural que definem, por sua vez, todas as chances relativas de acesso a todos os bens e recursos escassos em luta na sociedade.</p>
<p>O problema é que o “<em>habitus</em>” burguês definido na noção de “<em>self</em> pontual” não se generaliza do mesmo modo para todas as classes. Isso significa que a pressuposição de “dignidade” que ele constrói é apropriada diferencialmente pelas diversas classes. O tema se torna ainda mais complexo se nos lembramos de que, além da “dignidade” do produtor útil potencialmente acessível a todos, temos também outra fonte de autoestima e reconhecimento social que não é universalizável: a “autenticidade” que enfatiza a “singularidade” da personalidade individual não generalizável por excelência. Essa questão é fundamental para a produção da “distinção social” muito especialmente na sua forma “pastiche” veiculada pela indústria cultural. Mas não é um tema em que possamos nos aprofundar neste contexto. Aqui me interessa demonstrar a eficácia universal, para além de qualquer contexto particular ou nacional, da noção de “dignidade” como pressuposto da autoestima e do reconhecimento social em qualquer contexto capitalista moderno, seja no centro, seja na periferia. Para além das lutas de classe que possibilitam acesso diferencial à luta pelos recursos e bens escassos, existe um limite “abaixo da dignidade” que caracteriza porção extremamente significativa da população mundial em todos os lugares.</p>
<p>Ainda que essa classe “abaixo da dignidade” seja comparativamente pequena nos países avançados, ela continua avançando em todos os lugares. Em países como o Brasil ela representa 1/3 da população. Na maior parte da África essa proporção talvez chegue a 80%. O discurso fragmentário, contextualizado, muitas vezes teoricamente pobre e empiricamente superficial sobre as classes subproletarizadas tem evitado que percebamos sua característica global e universal. O que gostaria de chamar, provocativamente, de “ralé” é precisamente a classe não apenas sem acesso aos capitais que propiciam a incorporação da moderna ideia de “alma”, ou seja, dignidade e realização expressiva, mas sem acesso aos pressupostos dessa incorporação. Essa classe é mundial e talvez seja, numericamente, uma das mais significativas. </p>
<p>Em nossa pesquisa empírica sobre os desclassificados sociais brasileiros que chamamos provocativamente de “ralé brasileira” – num país que insiste em “maquiar” e tornar invisível essa realidade – foi possível perceber a articulação entre as dimensões “material” (a pobreza econômica) e “simbólica” (os efeitos permanentes do processo de não reconhecimento social) do processo de desclassificação social típico das sociedades modernas. Normalmente, apenas se percebe a pobreza material e se desconhece a realidade simbólica que a legitima e a torna permanente. É claro que essas duas realidades são inseparáveis. Ao mesmo tempo elas são analiticamente diferentes, o que significa que é necessário compreendê-las na sua interdependência mútua de modo a esclarecer esse fenômeno complexo. A articulação teórica das ideias de Taylor e Bourdieu serve precisamente para iluminar a dimensão simbólica da exclusão social e explicar a permanência no tempo da precariedade material, existencial e política. Afinal, é apenas a legitimação simbólica da desigualdade que a torna aceitável e possível de se reproduzir no tempo. Como não existe – certamente no Brasil, mas, também, em grande medida no mundo todo – nem a percepção sociológica, nem a percepção política da realidade simbólica “invisível” que permite tornar permanente a pobreza material “visível”, combate-se “moinhos de vento” construídos a partir da percepção fragmentada da realidade social: a percepção da violência criminosa tornada espetáculo televisivo (que esconde a violência cotidiana mais importante e menos visível), a tendência mundial de tornar a pobreza novamente questão de polícia e retirá-la da dimensão política, a tendência geral de culpar a vítima por sua própria exclusão, etc.</p>
<p>Nesse sentido, e essa é uma das vantagens nada desprezíveis do tipo de enfoque que estamos defendendo nesse texto, compreender a realidade da exclusão social de grandes segmentos da população em países como o Brasil ajuda a perceber o mesmo tipo de problema em países ditos “avançados”, onde a dimensão do problema social é, comparativamente, menor. Ao se separar em categorias analíticas distintas sociedades modernas avançadas de sociedades pré-modernas periféricas, constroem-se, no fundo distinções “racistas”, uma vez que substancializadas e essencializadas. Não importa se a explicação “científica” dominante opera essa divisão como sendo de fundo abertamente “racial”, como no século XIX, ou como uma linha divisória “cultural”, como nos séculos XX e XXI. O importante aqui é mostrar o caráter falso e artificial desse tipo de operação científico/política. A produção da exclusão e marginalidade social em sociedades como a brasileira não se distingue “qualitativamente” do mesmo fenômeno em sociedades ditas avançadas como os Estados Unidos e Alemanha.</p>
<p>Essas classes de desclassificados sociais são construídas por motivos “modernos” e semelhantes em qualquer lugar. Afinal, é a ausência da incorporação dos modernos capitais impessoais, tanto o capital econômico, quanto o capital cultural &#8211; que reduz os indivíduos dessa classe a “corpos”, que são vendidos “enquanto corpos”, a baixo preço, para serviços desvalorizados. Esses serviços desvalorizados são, tipicamente, divididos em serviços sujos e pesados para os homens, reduzidos à energia muscular, e serviços domésticos e sexuais para as mulheres, também reduzidas a corpos que não incorporaram conhecimento útil nos mercados competitivos. É, por sua vez, a não incorporação desses capitais impessoais que implica uma realidade simbólica existencial e política precária para aqueles situados abaixo da linha divisória da “dignidade”, no sentido tayloriano. Essa condição peculiar implica várias armadilhas para a análise científica que não são “privilégio” de brasileiros ou de cientistas da periferia. Também em nível mundial a realidade dos excluídos é tornada invisível pelos mesmos “inimigos”: a percepção liberal da sociedade, que universaliza as disposições de comportamento da classe média para todas as classes subalternas, permitindo “culpá-las” pelo próprio fracasso, e, por outro lado, a percepção “politicamente correta”, que assume o discurso do excluído sobre si mesmo como sua verdade.</p>
<p>Os estudos “politicamente corretos” são especialmente insidiosos uma vez que se pretendem “críticos” e de “esquerda”. No entanto, a descrição do excluído abaixo da condição de “dignidade” sobre sua própria condição é necessariamente “reativa”, ou seja, tende a negar subjetivamente a condição subumana que vive objetivamente em seu cotidiano. O distanciamento reflexivo da própria condição só é possível para quem tem acesso à possibilidade de mudar a própria vida. Para quem não tem acesso a “outros possíveis”, resta fantasiar ou negar a própria realidade. No entanto, essa perspectiva é francamente dominante nos estudos sobre os excluídos, no Brasil e no mundo afora.</p>
<p>Em nossa pesquisa empírica realizada entre 2005 e 2008, levada a cabo em diversas regiões brasileiras, desenvolvemos um método empírico original baseado nas pesquisas de Pierre Bourdieu, na Argélia, e de Bernard Lahire, na França. Essa metodologia implicou entrevistas sucessivas com os mesmos entrevistados de todos os tipos sociais que compõem a “ralé brasileira”. Se nas primeiras entrevistas, a vida familiar era invariavelmente pintada em tons cor-de-rosa, com pais amorosos e dedicados, as entrevistas subsequentes mostraram rachaduras cada vez mais visíveis no idílio construído pelos excluídos sobre sua própria realidade. Assim, os pais amorosos e dedicados eram substituídos, paulatinamente, em muitos dos casos estudados, por pais ausentes ou abusadores sexuais das filhas e filhos e por mães instrumentais e competidoras das filhas. O aproveitamento consequente de uma metodologia de pesquisa empírica autorreflexiva e crítica nos permitiu, por meio do aproveitamento das lacunas e das contradições do discurso dos indivíduos dessa classe, “reconstruir” – apesar do autoengano compreensível de quem não tem defesa contra a própria humilhação social de que se é vítima – o sentido da vida em condições extremas de exclusão social em que vive cerca de 1/3 da<br />
população brasileira.</p>
<p>Esse sentido parece ser construído em primeiro lugar na reprodução da “família desestruturada”, fruto da cegueira do debate científico e público dominante e do consequente abandono político dessa classe. A naturalização do abuso sexual dos mais velhos e mais fortes em relação aos mais novos e mais fracos – especialmente das meninas, mas, também dos meninos &#8211; chocou todos os pesquisadores envolvidos na pesquisa. Esse tema é um tabu quase nunca veiculado pela mídia, o que apenas favorece a sua perpetuação no tempo. De um modo mais geral, uma atitude abertamente instrumental de todos em relação a todos no interior das famílias dessa classe não é incomum. As feridas na autoestima e na autoconfiança dos indivíduos dessa classe, resultantes dessa prática que se transmite de geração a geração cuidadosamente ocultada por um acordo silencioso entre vítimas e algozes, não são difíceis de serem imaginados. Também os papéis sociais de pais e filhos com as obrigações recíprocas da família burguesa de classe média são apenas precariamente reproduzidos. Nesse contexto, adquire todo o sentido a retomada por Axel Honneth da importância das relações afetivas e emotivas familiares como pressuposto para o exercício de toda função pública, seja como produtor útil, seja como cidadão. O abandono social e político das famílias marcadas pelo cotidiano da exclusão parece ser o fator decisivo para a reprodução indefinida dessa classe social no tempo. </p>
<p>Outro fator fundamental ligado ao problema discutido acima é o não aprendizado de habilidades e capacidades fundamentais para a apropriação de capital cultural de qualquer tipo. No relato de vários de nossos informantes, não faltou a presença da instituição escolar. No entanto, era muito comum a observação de que, quando crianças, eles ficavam fitando o quadro negro durante horas sem nada aprender. Com a repetição desse tipo de relato, que nos desconcertou no começo, aprendemos a perceber que o problema em jogo era a ausência da incorporação afetiva da “capacidade de se concentrar”, algo que os indivíduos de classe média tendem a perceber como uma “habilidade natural”, como se simplesmente nascêssemos com ela como acontece com a capacidade de enxergar ou ouvir. Como faltavam exemplos afetivos em casa, tornados possíveis pelo processo de identificação paterna e materna, essa capacidade ou disposição a se concentrar não era desenvolvida. Mesmo nas famílias mais bem estruturadas dessa classe, nas quais os pais permaneciam juntos e se esforçavam para ter uma relação afetiva e de cuidado com os filhos, as marcas do abandono social se mostraram presentes. Como nunca se via o pai lendo um jornal, mas apenas fazendo serviços braçais e brincando com os filhos com os instrumentos desse tipo de trabalho, que tipo de sucesso escolar pode se esperar dessas crianças? Ou, quando a mãe os instava para estudar dizendo que apenas a escola poderia mudar a vida para melhor, que efeito possui esse tipo de exortação se a própria mãe, que havia ido por algum tempo àescola, não havia conseguido mudar a própria vida? Percebemos claramente com nossos informantes que não são os “discursos”, proferidos da boca para fora, mas apenas as “práticas” sociais efetivas moldadas por exemplos efetivos, os verdadeiros instrumentos de mudança individual e social.</p>
<p>A instituição escolar, nesse contexto, é ineficiente porque essas crianças já chegam como “perdedoras” nas escolas, enquanto as crianças de classe média já chegam “vencedoras” pelo exemplo e estímulo paterno e materno afetivamente construído. Mas não apenas isso. A instituição escolar pública – cada vez mais precária no Brasil e crescentemente também nos ditos países avançados &#8211; passa a ser marcada pela “má-fé institucional”, no sentido em que Bourdieu e Foucault utilizam esse termo, de tal modo que prometem a redenção dessa classe pela educação enquanto, na verdade, possibilitam transformar, com o carimbo do Estado e anuência de toda a sociedade, o abandono social em “culpa individual” de alunos supostamente burros e preguiçosos. Em nossa pesquisa abundam declarações tocantes de jovens que se imaginam incapazes de estudo, sem inteligência e incapazes de concentração por culpa própria. Constrói-se a partir disso um contexto em que, tanto na dimensão intersubjetiva da interação social face a face dos sujeitos, quanto na dimensão das práticas institucionais de todo tipo &#8211; sejam elas policiais, médicas ou escolares –, o desvalor objetivo dos indivíduos dessa classe despossuída existencial, moral e economicamente é reafirmado cotidianamente.</p>
<p>O mesmo contexto de reprodução da miséria material e simbólica é o que explica, mais uma vez, a impotência política dessa classe de desclassificados. Notamos em nossa pesquisa que existe um verdadeiro abismo entre os chamados “pobres honestos” &#8211; aqueles que aceitam vender sua energia muscular a um preço pífio – e aqueles percebidos como “pobres delinquentes” – aqueles que se revoltam reativamente contra a estrutura que os condenam. Em nenhum estrato social essa diferença é tão importante e decisiva quanto na “ralé” pesquisada. O drama cotidiano da maioria das famílias da “ralé” – muito especialmente das mais estruturadas dentre elas – é precisamente o tema da “honestidade” percebida como a fuga do destino de bandidos para os meninos – ou do destino de “bêbados” para os adultos masculinos – e do destino de prostituta para as meninas. Essas são as figuras paradigmáticas da delinquência nessa classe que está,<br />
por sua fragilidade e pobreza, especialmente exposta aos riscos e seduções<br />
da vida desviante. </p>
<p>Constrói-se com isso uma divisão insidiosa e virulenta dentro dessa classe tornando especialmente difícil qualquer forma de solidariedade interna dessa camada negativamente privilegiada. Como praticamente toda família ou vizinhança tinha exemplos de vidas que “optaram” pela delinquência no sentido exposto acima, abundaram os relatos de mães que exploravam economicamente a filha prostituta ao passo que a acusavam pela escolha de vida ou ainda de irmãos que não se falavam por terem optado por caminhos diferentes nas únicas duas opções possíveis para membros dessa classe.<br />
A hierarquia valorativa dominante, que pode ser exposta nos termos que viemos utilizando na oposição &#8220;digno”/“indigno”, não só transfere a culpa da “indignidade” de todos aos próprio indivíduo, mas também quebra e separa a classe como um todo, e, dentro dela, cada família, cada vizinhança, e, no limite, cada indivíduo em dois inimigos irreconciliáveis.</p>
<p>Vários desses resultados não são diferentes das pesquisas que Bourdieu realizou em subúrbios de grandes cidades americanas ou francesas. Também guarda semelhanças com pesquisas realizadas na Argélia, nos anos 60. Mas o que não foi construído por Bourdieu foi um arcabouço teórico que, para além da análise mais contextual e histórica, permitisse captar a eficácia silenciosa da hierarquia valorativa presente nas práticas institucionais e sociais dessas sociedades enquanto um quadro de referência comum. Existem duas vantagens associadas à construção de um quadro de referência comum para a análise de sociedades ditas avançadas e periféricas. A primeira é a superação do “racismo implícito” em toda separação substancialista que essencializa e petrifica falsas oposições ad hoc. Quando se fala de sociedades personalistas, por exemplo, movidas pela corrupção, imagina-se, necessariamente, sociedades perfeitas supostamente sem corrupção. As diferenças de “quantidade” se transformam, por baixo do pano e silenciosamente, em diferenças de “qualidade”. Para, a partir disso, se pensar, como efetivamente pensa o senso comum mundial em todas as dimensões da vida, em indivíduos essencialmente sujos, preguiçosos e inconfiáveis a partir de sua nacionalidade é um passo fácil de ser dado como nos mostra o noticiário todos os dias. Esses são os seres humanos que podem morrer aos milhares, como os iraquianos ou afegãos, sem provocar grande comoção na mídia “civilizada”. Do mesmo modo matam-se os brasileiros da “ralé” todos os dias, sem qualquer incômodo das classes privilegiadas no Brasil. O processo de não reconhecimento social é o mesmo nos dois casos e ocorre pelas mesmas razões. Esse é um processo pretensamente confirmado pela legitimidade das “ciências” dominantes e conservadoras.</p>
<p>A outra vantagem concomitante é a possibilidade de aprendizado pela comparação refletida. Pode-se criticar muita coisa nas teorias da modernização tradicionais, e certamente a maior parte das críticas são bem dirigidas e corretas. Mas, não considero errado o pressuposto de que existem sociedades “melhores”, mais “justas” ou “humanas” do que outras. A falha das teorias tradicionais da modernização foi ter caído no erro de ter associado a noção abstrata de “melhor”e mais “justo” ao o exemplo concreto da sociedade americana, o que certamente não é verdade em muitos aspectos importantes. Mas é fato que o critério de melhor ou pior existe, e que o mesmo é compartilhado pela maioria das sociedades modernas é mera consequência do ponto de partida teórico desenvolvido aqui. Talvez, a forma como as sociedades modernas lidam com seus desclassificados sociais seja um bom ponto de partida para esse tipo de sociologia crítica comparada da modernidade, tanto central, quanto periférica. </p>
<h3>Cite este artigo</h3>
<p>SOUZA, Jessé de. A dimensão simbólica do capitalismo moderno. <strong>Revista Estudos Políticos: </strong>a publicação eletrônica semestral do Laboratório de Estudos Hum(e)anos (UFF) e do Núcleo de Estudos em Teoria Política (UFRJ). Rio de Janeiro, nº 5, pp. 41–59, Dezembro 2012. Disponível em: http://revistaestudospoliticos.com/.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/a-dimensao-simbolica-do-capitalismo-moderno-para-uma-teoria-critica-da-modernizacao-by-jesse-souza/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Extirpate and expell: on the penal management of postcolonial migrants in the European Union, by Loïc Wacquant</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/extirpate-and-expell-on-the-penal-management-of-postcolonial-migrants-in-the-european-union-by-loic-wacquant/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/extirpate-and-expell-on-the-penal-management-of-postcolonial-migrants-in-the-european-union-by-loic-wacquant/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 17:45:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1562</guid>
		<description><![CDATA[Este artigo em PDF Extirpate and expell: on the penal management of postcolonial migrants in the European Union Loïc Wacquant 1 [33-40] 1Loïc Wacquant is Professor of Sociology and Research Associate at the Earl Warren Legal Institute, University of California, Berkeley, and Research Associate at the Centre de Sociologie Européene, in Paris. &#160; Abstract This paper extends [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" target="_blank" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p33-40.pdf">Este artigo em PDF</a></p>
<h5>Extirpate and expell: on the penal management of<br />
postcolonial migrants in the European Union</h5>
<h6>Loïc Wacquant <sup>1</sup> [33-40]</h6>
<p><strong><sup>1</sup>Loïc Wacquant</strong> is Professor of Sociology and Research Associate at the Earl Warren Legal Institute, University of California, Berkeley, and Research Associate at the Centre de Sociologie Européene, in Paris.</p>
<div style="height:12px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Abstract</h3>
<p>This paper extends the theoretical model of the linkage between ethnoracial division and the penal state in the United States I have elaborated elsewhere (Wacquant 2001) to cover the stupendous surge in the incarceration of postcolonial migrants in the European Union over the past two decades, that is, in the era of triumphant neoliberalism.</p>
<p>Keywords: penal state, neoliberalism, incarceration, European Union, migrants</p>
<div style="height:17px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3></h3>
<p><strong>Ostracizing undesirable immigration</strong><br />
Let me present the overall argument upfront in a nutshell. The building of “fortress Europe” in the age of labor flexibility and generalized social insecurity has accelerated a twofold movement of ostracization of unwanted “guest workers” turned “immigrants.” The first proceeds through <em>external removal</em> via expulsion of irregular migrants. The second operates through <em>internal extirpation</em> via expanded incarceration. These two processes are directly aimed at those populations embodying the social and symbolic exterior of the emergent postnational Europe, namely postcolonial migrants and their<br />
immediate descendants.</p>
<p>Empirical indicators show that the presence of foreigners inside European houses of detention has increased rapidly in the past two decades and far exceeds both their weight in the general population in most nation-states of the continent and the overrepresentation of blacks in the US carceral system. The EU has witnessed a proliferation of “waiting areas” and “retention centers” across the continent to contain a floating population of unwanted and undocumented migrants. Meanwhile, the ritualized mass expulsion of illegal or convicted aliens via “charter flights” serves as penal spectacle designed to convey the resurgent penal fortitude of the authorities and to offer an expressive vehicle for the social amplification and cultural legitimation of collective feelings of resentment toward<br />
these categories. </p>
<p>The fixation on the politics of the intrusion and extrusion of extra-communitarian aliens serves as a substitute and subterfuge for the lack of a policy of incorporation of immigrants and assimiliated categories. Penalization operates as a conduit for the depoliticization of issues&#8211;ethnoracial division, immigrant incorporation, and international relations to the former colonies&#8211;that are quintessentially political in that they engage the definition of core “membership” in the national or supranational community.</p>
<p>Now, before I go further, I will assumed established three basic facts: </p>
<p>1 – the massive and rapidly rising overincarceration of foreigners in European prisons and jails, superior in ten countries to the overincarceration suffered by blacks (relative to whites) in the US.</p>
<p>2 – that this overincarceration is produced not by the excess criminality of immigrants but through selective targeting and preferential confinement (in my book <em>Deadly Symbiosis</em> [Wacquant 2008], I offer a critical survey of the existing sociological, criminological, and legal literature on this issue in a half-dozen countries). </p>
<p>3 – that Europe has witnessed a rapid proliferation of the “waiting areas” and “retention centers” in which increasing numbers of foreigners without papers are held after arrest at border-crossings or await deportation, especially owing to the generalization of “double sentencing” procedures which attach a decree of expulsion to a penal sanction. (Under penal law in France as in several other European countries, foreigners can be subjected to “<em>double peine</em>”: they are sanctioned, first, by imprisonment for the offense they committed (including illegal entry and sojourn) and, second, by expulsion from European territory after they have served their sentence in the case of undocumented immigrants or legal aliens deemed to “pose a threat to public order” &#8211;a clause routinely invoked by the authorities to deport repeat offenders.) </p>
<p><strong>A novel penal state ritual: the “charter expulsion”</strong><br />
The expulsion of undocumented foreigners and alien convicts sentenced to territorial banishment has turned into a media theater onto whose stage elected officials vie to display their professed resolve to “stop clandestine immigration”—and thus symbolically stem the tide of unemployment, delinquency, dependency, and assorted cultural maladies commonly attributed to it. In France, for two decades successive Ministers of the Interior of both the Right and the Left have boasted of boosting the number of deported migrants and have sought public credit for forcible mass deportation via <em>specially chartered airplanes</em>. The inauguration of this state-bureaucratic ritual of made-for-media collective expulsions was the infamous “charter of the 101 Malians” dispatched on 18 October 1986 on the heels of the legislative victory of the conservatives in an overt effort to seduce the then-surging electorate of the National Front. This policy innovation was endorsed and later pursued by the Left governments of Edith Cresson and Lionel Jospin. By the late 1990s, various European countries were cooperating to pool their deportees onto jointly commissioned planes and unload them in Senegal, Mali, Zaire, Romania, and China.</p>
<p>One illustration: one night in late September 1996, 43 Zairians and 23 Senegalese, 18 of them embarked in the Netherlands and 3 brought in from Germany, were forcibly heaved onto a Euralair jet for the sixth European exilee charter flight to Kinshasa from Roissy-Charles-de-Gaulle that year. These operations have become frequent and large enough to foster the creation and ensure the prosperity of airlines specializing in the transport on-demand of expelled aliens—some estimates put the total number of foreigners thus banished from “Fortress Europe” at 200,000 annually.</p>
<p>These operations effect a <em>reductio ad absurdum</em> of immigration policy to pure penal ceremony and brute bureaucratic myth. They are not rites of passage, marking a transition from a “before” to an “after,” but what Pierre Bourdieu calls <em>rites of institution</em> drawing a clear-cut boundary between those whom the rite concerns—unwanted aliens, undocumented or delinquent, thus amalgamated together— and those who cannot undergo it—members of the community of European nationals, which is thereby set apart and solidified. They purport to dramatize the capacity of the state to police its internal boundaries and to protect its external borders through penal means, just as both are coming unglued under the press of global economic restructuring, on the side of the market, and European integration, on the side of political sovereignty. Yet upon close scrutiny they evince little more than the derisory character of such pretention.</p>
<p>From a practical standpoint, collective expulsions are remarkably burdensome, ineffective, and counterproductive. They are first extremely expensive: chartering a flight can cost in excess of a quarter-million dollars, which means that the policy target of “one charter a week” periodically proclaimed by French Ministers of the Interior is financially insupportable. Next, they do not noticeably affect the presence of undocumented migrants since those deported via charters are less than 10% of the yearly quantum of foreigners banished, who themselves represent but a fraction of the total population of illegal aliens present on French (or other European) territory. Penal expulsions are intended to reaffirm legality, yet they induce a multiplication of administrative irregularities and a routinization of illegalities as well as state-sanctioned violence that can escalate to homicidal proportions (as in the case of Semira Adamu, a Nigerian asylum seeker smothered to death in Brussels by two border policemen while being held under duress in her airline seat on a Sabena flight bound for Lagos in September 1998).</p>
<p>These “charters of aliens” undermine the rule of law in that they violate both protocol 4 of the European Convention on Human Rights and article 19 of the Charter of Fundamental Rights of the European Union, which stipulates that “collective expulsions are forbidden” and that “no one can be sent away, expelled, or extradited to a state where there exists a serious risk that he [sic] will be subjected to the death penalty, tortured, or receive other inhumane or degrading sanctions and treatments.” Mass deportations exert no detectible deterrent effect on immigrant inflows. Finally, these charter expulsions nourish deep resentment in the emigrating countries, where they are experienced as a collective humiliation, as well as create chronic diplomatic friction with their governments.</p>
<p><strong>Penalization, depoliticization, and racialization</strong><br />
In many respects, the spread of the ritualized mass expulsion of illegal or convicted aliens in the EU as penal spectacle stands as the structural analogue to the reintroduction of chain gangs, striped uniforms, and assorted shaming punishments harking back to a bygone era of social cruelty towards black convicts in the US. First, it fulfills the same function, namely, to convey to the witnessing public the resurgent penal fortitude of the authorities by staging their commitment to act in an openly retributive manner towards categories that conspicuously disrupt the (supra)national symbolic order. And it offers an expressive vehicle for the social amplification and cultural legitimation of collective feelings of resentment toward these same categories. Next, “charter deportations” turn out to be just as financially ruinous, organizationally wasteful, and penologically pointless—if not counterproductive—as contemporary chain gangs. Expulsion under “double sentencing” is a labor-intensive operation that absorbs a growing share of the resources of the border police, derails the normal processing of inmates, and aggravates prison overcrowding.</p>
<p>Much like the stylized reassertion of retribution for retribution’s sake which temporarily obviates the need to face the absence of an operant philosophy of incarceration in the United States, the fixation on the politics of the intrusion and extrusion of extra-communitarian aliens serves as a substitute and subterfuge for the lack of a policy of incorporation of immigrants and assimilated categories. The hysterical obsession with the former contrasts sharply with, and indeed serves as mask for, the “vertiginous void of public action” as regards the latter (Faber 2000). Just as rolling out the carceral system to restrain and contain the troublesome segments of the Afro-American community in the remnants of the historic Black Belts allows the US to continue to avoid addressing the threefold legacy of slavery, Jim Crow and the urban ghetto, the deployment of the penal apparatus to deal with immigration enables Europe to shun facing its deep-seated entanglement in the fate of the postcolonial societies of its former empire as well as the multifarious forms of social and state ostracization that continue to derail the path of non-European migrants in national life even as they gain legal status.</p>
<p>In his pathbreaking studies of Algerian peregrinations to and through France, Adbelmalek Sayad has shown how “emigration-immigration always engages two political orders, two nations and two nationalities, and not simply two countries, two societies or two economies as we are accustomed to consider.” This implies that it expresses “a relation of domination between different socioeconomic formations;” it is the precipitate of an <em>interstate nexus</em> that is eminently political also in that it necessarily entails “the transfer of citizens and thus of nationals, and in the final analysis of <em>political subjects</em>.” Yet, through such penal rituals as collective expulsion, the doublet emigration-immigration is reduced to the singleton of immigration, itself shrunk to the illicit and intolerable presence of postcolonial foreigners. Through such state ceremonies, “the relation of state to state which is at the very foundation of immigration [is] negated” so that the phenomenon “becomes a domestic matter, pertaining to the sole competency of the receiving state” (Adbelmalek Sayad, L’Immigration ou les paradoxes de l’altérité). That state can then (pretend to) act to extirpate and rid itself of unwanted persons, who are thereby obliterated as nationals and political subjects, just as convicts are erased from the civic map of the United States through extensive and expansive disenfranchisement laws. On both sides of the Atlantic, then, penalization operates as a conduit for the depoliticization of problems, ethnoracial division and immigrant incorporation, that are quintessentially political in that they engage the definition of core “membership” in the national or supranational community (as Seyla Benhabib and Michael Walzer have shown).</p>
<p>Finally, the generalization of “double sentencing” laws in Europe not only helps produce the very criminality such laws are meant to suppress via the geographic “neutralization” of would-be offenders in that they force an ever-growing and self-centered population of undocumented aliens and returning deportees into a submerged life made of illicit employment, administrative subterfuge, unstable residence, identity manipulation, and avoidance of the authorities. It also institutes a bifurcated and asymmetric juridical space: the nationals are sanctioned once, for the criminal offense they have perpetrated; the foreigner on the other hand is struck twice, once for the acts (s)he has committed and a second time for who (s)he is. His or her very being triggers an extra dose of punishment, sending the unmistakable signal that (s)he is not part of the emerging European civic community. This differential treatment partakes of the racialization of foreigners insofar as it treats foreignness as an inherently criminal property that automatically warrants an aggravation of punishment. Being an extra-communatarian alien thus functions as a permanent and indelible penal handicap much in the manner that we have seen convict status does in the US.</p>
<p>Now, anti-immigrant sentiments in European countries have a long and lush history. Foreigners and visible “ethnics” throughout the continent have been recurrently associated with the gamut of disorders ranging from public health threats and political dissidence to sexual degeneracy and street crime since the onset of the urban industrial era. The trajectory of transborder migration across the Old World is stamped by the contrapuntal interplay of ascending nationalism and gusting xenophobia. But, if anti-foreign animus is a relative constant or at least a recurring factor, the configuration crystallizing at the turn of the millenium differs from previous iterations of capitalist transformation and ethnonational conflict in at least three important respects.</p>
<p>1. Old World nationals presently face a double menace: the one arises from below through the consolidation of unwanted “foreign intrusion” in the lower regions of social space made palpable by the gradual conversion of labor migration into settlement migration; the other comes from above, in the guise of a juridical and bureaucratic process of European integration that converges with the global neoliberal revolution to strip the national state from its capacity to penetrate and protect the social body. This pincer movement exacerbates the sense of group vulnerability and rivalry at the bottom of the social structure and intensifies the quest for collective scapegoats as well as the urge to exclude rather than absorb them.</p>
<p>2. The deployment of the police, courts, and prisons to tackle extra-communitarian foreigners partakes of a broader, epochal shift from the social-welfare to the penal treatment of problem categories and territories in the dualizing metropolis. To be more precise, the “extrusion” of immigrants from both declining lower-class neighborhoods (via disproportionate arrest, prosecution, and incarceration) and from the national territory (via criminal expulsion and administrative banishment) serves as spearhead to implement the penalization of urban poverty designed to complement economic deregulation and welfare retrenchment. This is because the penal management of foreigners elicits less resistance and even generates support for such punitive policy among the precarious fractions of the native working class which constitute its main foil.</p>
<p>3. Penalization strikes at vulnerable and stigmatized categories against the backdrop of the decomposition of the working class and its historic territories such that no centripetal forces of solidarity can effectively counteract it. In previous eras of economic transformation, industrial conflict and union mobilization supplied both an operant organizational vehicle and a potent idiom to unify the disparate segments of the labor force issued from various countries, to fuse issues of work and community, and to convert “foreigners into nationals.” By swamping nationality with class in and around the workplace, unions and assorted laborers associations joined with left parties to fashion a compact bloc presenting collective claims to the state that cut across and even erased putative ethnic lines in the public sphere. Nowadays, the fragmentation of the working class into atomized households facing a structural crisis of reproduction simultaneously on the labor market, in the neighborhood, and in the school system just as they are being deprived of voice in the political field by the rightward shift of socialist parties has stripped unskilled immigrants from the institutional and cultural buffer they enjoyed in the previous era of class consolidation anchored by the Keynesian-Fordist compact.</p>
<h3>Conclusion</h3>
<p>It is not hostility against foreigners that is novel, then, nor the degree of cultural alterity or phenotypical distinctiveness of the latest wave of migrants that explains the sharp spike in the salience of foreigners on the criminal scene and their massive presence in the prisons of Europe. Rather, it is the vastly <u>greater capacity and propensity of the state to deploy its penal resources</u> at both the national and the supranational levels to “resolve” the problems they pose or embody, whether real or imagined, connected to transborder peregrination or displaced from the broader broiling arenas of work, place, and identity. </p>
<h3>Quote this article</h3>
<p>WACQUANT, Loïc. Extirpate and expel: on the penal management of postcolonial migrants in the European Union. <strong>Journal of Political Studies</strong> (<em>Revista Estudos Políticos</em>): online journal published twice a year by the Laboratory for the Hum(e)an Studies (<em>Laboratório de Estudos Hum(e)anos</em>, Fluminense Federal University, Brazil), and the Center for the Study of Political Theory (<em>Núcleo de Estudos em Teoria Política</em>, Federal University of Rio de Janeiro, Brazil). Rio de Janeiro, no 5, pp. 33–40, December 2012. At: http://revistaestudospoliticos.com/.</p>
<h3>Notes</h3>
<p>* Paper read (<em>in absentia</em>) at the Scottish Criminology Association Meeting, September 11-12, 2003 at the University of Edinburgh, Scotland.</p>
<h3>Bibliography</h3>
<p>Benhabib, Seyla. Citizens, Residents, and Aliens in a Changing World: PoliticalMembership in the Global Era. <em>Social Research</em>, 66, n. 3 (outono 1999): 709-744.</p>
<p>Bourdieu, Pierre. Rites of institution. In <em>Language and Symbolic Power</em>. Cambridge: Harvard University Press, [1982] 1991: 117-126. </p>
<p>Faber, Jean. Les indesirables. L’integration à la française. Paris: Grasset, 2000.</p>
<p>Sayad, Adbelmalek. <em>L’Immigration ou les paradoxes de l’altérité</em>. Bruxelas: DeBoeckUniversité, 1991.</p>
<p>Wacquant, Loïc. Deadly Symbiosis: When Ghetto and Prison Meet and Mesh. <em>Punishment &#038; Society</em> 3, n.1(inverno 2001): 95-133.</p>
<p>____. Deadly Symbiosis: Race and the Rise of Neoliberal Penality. Cambridge: Polity Press, 2008. </p>
<p>Walzer, Michael. Membership. In <em>Spheres of Justice</em>. Nova York: Basic Books, 1983: 31-63.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/extirpate-and-expell-on-the-penal-management-of-postcolonial-migrants-in-the-european-union-by-loic-wacquant/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Extirpar e expelir: sobre a adminstração penal dos migrantes pós-coloniais na União Européia, por Loïc Wacquant</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/extirpar-e-expelir-sobre-a-adminstracao-penal-dos-migrantes-pos-coloniais-na-uniao-europeia-por-loic-wacquant/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/extirpar-e-expelir-sobre-a-adminstracao-penal-dos-migrantes-pos-coloniais-na-uniao-europeia-por-loic-wacquant/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 17:45:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1560</guid>
		<description><![CDATA[Este artigo em PDF Extirpar e expelir: sobre a administração penal dos migrantes pós-coloniais na União Européia Loïc Wacquant 1 [25-32] 1Loïc Wacquant é professor de Sociologia e pesquisador associado do Earl Warren Legal Institute, University of California, Berkeley, e pesquisador do Centre de Sociologie Européene, em Paris. Traduzido por Sérgio Lamarão &#160; Resumo Este [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" target="_blank" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p25-32.pdf">Este artigo em PDF</a></p>
<h5>Extirpar e expelir: sobre a administração penal dos<br />
migrantes pós-coloniais na União Européia</h5>
<h6>Loïc Wacquant <sup>1</sup> [25-32]</h6>
<p><strong><sup>1</sup>Loïc Wacquant</strong> é professor de Sociologia e pesquisador associado do Earl Warren Legal Institute, University of California, Berkeley, e pesquisador do Centre de Sociologie Européene, em Paris.</p>
<p>Traduzido por Sérgio Lamarão</p>
<div style="height:11px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Resumo</h3>
<p>Este artigo amplia o modelo teórico do elo entre a divisão etnorracial e o Estado penal nos Estados Unidos que eu elaborei em outro texto (Wacquant, 2001) para dar conta do formidável aumento no encarceramento de migrantes pós-coloniais na União Europeia, nas duas últimas décadas, isto é, na era do neoliberalismo triunfante. </p>
<p>Palavras-chave: estado penal, neoliberalismo, encarceramento, União Europeia, imigrantes</p>
<div style="height:17px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3>Abstract</h3>
<p>This paper extends the theoretical model of the linkage between ethnoracial division and the penal state in the United States I have elaborated elsewhere (Wacquant 2001) to cover the stupendous surge in the incarceration of postcolonial migrants in the European Union over the past two decades, that is, in the era of triumphant neoliberalism.</p>
<p>Keywords: penal state, neoliberalism, incarceration, European Union, migrants</p>
<div style="height:17px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h3></h3>
<p><strong>Ostracizando imigrantes ilegais</strong><br />
Permitam-me que eu apresente o argumento geral antecipadamente, em poucas palavras. A construção da “fortaleza Europa” na era da flexibilidade do trabalho e da insegurança social generalizada acelerou um duplo movimento de ostracização dos “trabalhadores convidados” indesejados, transformados em “imigrantes”. O primeiro atua através da remoção externa via expulsão dos migrantes irregulares. O segundo opera através da extirpação interna via expansão do encarceramento. Esses dois processos estão diretamente voltados para aquelas populações que corporificam o exterior social e simbólico da Europa pós-nacional emergente, nomeadamente os migrantes pós-coloniais e seus descendentes imediatos. </p>
<p>Indicadores empíricos mostram que a presença de estrangeiros nas casas de detenção europeias aumentou rapidamente nas duas últimas décadas e que ela excede, de longe, tanto seu peso na população como um todo da maioria dos Estados-nação do continente quanto à sobrerepresentação dos negros no sistema carcerário dos Estados Unidos. A União Europeia testemunhou uma proliferação de “áreas de espera” e de “centros de retenção” por todo o continente para conter uma população errante de migrantes indesejados e sem documentos. Enquanto isso, a expulsão em massa ritualizada de estrangeiros ilegais ou de condenados via “voos charter” serve como um espetáculo penal planejado não só para expressar a ressurgente determinação penal das autoridades, mas também para oferecer um veículo expressivo para a ampliação social e a legitimação cultural de sentimentos coletivos de ressentimento para com essas categorias.</p>
<p>A fixação na política da intrusão e da extrusão de estrangeiros extracomunitários serve como um substituto e um subterfúgio para a falta de uma política de incorporação de imigrantes e de categorias assimiladas. A penalização opera como um agente para a despolitização de questões – divisão etnorracial, incorporação dos imigrantes e relações internacionais com as ex-colônias – que são essencialmente políticas, na medida em que remete à definição de “integração” estrutural à comunidade nacional ou supranacional.</p>
<p>Antes, porém, de seguir adiante, adotarei como pressuposto três fatos que<br />
considero básicos: </p>
<p>1 – o rápido e maciço aumento do sobreencarceramento de estrangeiros nas prisões e cadeias europeias, superior, em dez países, ao sobreencarceramento sofrido pelos negros (em comparação aos brancos) nos Estados Unidos;</p>
<p>2 – esse sobreencarceramento é produzido não somente pelo excesso de criminalidade dos imigrantes, mas também através do alvo seletivo e do confinamento preferencial (no meu livro Deadly Symbiosis [Wacquant, 2008], apresento uma  avaliação crítica da literatura sociológica, criminológica e legal existente a esse respeito em meia dúzia de países); </p>
<p>3 – a Europa testemunhou uma rápida proliferação de “áreas de espera” e “centros de retenção”, nos quais são mantidas quantidades crescentes de estrangeiros sem documentos, que são detidos depois de cruzarem a fronteira, ou à espera da deportação, especialmente devido à generalização dos procedimentos do “duplo sentenciamento”, que une um decreto de expulsão a uma sanção penal. (Sob a legislação penal na França e em vários outros paíss europeus, os estrangeiros podem estar sujeitos à “double peine”: eles são sancionados, primeiro, porque são presos pela infração que cometeram – incluindo a entrada e a estada ilegais – e, em segundo lugar, pela expulsão do território europeu, depois de terem cumprido sua pena, no caso de imigrantes sem documentos ou de estrangeiros legais, considerados “como uma ameaça à ordem pública” – uma cláusula rotineiramente invocada pelas autoridades para deportar infratores contumazes.)</p>
<p><strong>Um novo ritual do estado penal: a “carta de expulsão”</strong><br />
 expulsão de estrangeiros não documentados e de prisioneiros estrangeiros sentenciados ao banimento territorial transformou-se num teatro midiático em cujo palco funcionários eleitos competem por exibir sua confessa determinação em “deter a imigração clandestina” – e, portanto, simbolicamente, reduzir a maré do desemprego, da delinquência, da dependência e de uma variedade de doenças culturais que normalmente lhe são atribuídas. Na França, por duas décadas sucessivas, ministros do Interior, tanto da esquerda quanto da direita, vangloriaram-se por terem incrementado o número de migrantes deportados e buscaram crédito público para uma deportação em massa compulsória via aviões especialmente fretados. A inauguração desse ritual burocrático-estatal de expulsões coletivas feitas pela mídia foi a infame “carta dos 101 malinenses”, despachada em 18 de outubro de 1986, na esteira da vitória legislativa dos conservadores, num esforço aberto para seduzir o eleitorado da Frente Nacional, que então despontava. Essa inovação de política foi endossada e mais tarde seguida pelos governos de esquerda de Edith Cresson e Lionel Jospin. No final dos anos 1990, diversos países europeus estavam cooperando em juntar seus deportados em voos fretados conjuntos e descarregando-os no Senegal, no Mali, no Zaire, na Romênia e na China.</p>
<p>Uma ilustração: uma noite, no final de setembro de 1996, 43 zairenses e 23 senegaleses, 18 dos quais embarcados na Holanda e três trazidos da Alemanha, foram levados à força em um jato da Euralair, no sexto voo de exilados, fretado, naquele ano, da Europa para Kinshasa, partindo de Roissy-Charles-de-Gaulle. Essas operações tornaram-se frequentes e amplas o bastante para alimentar a criação e assegurar a prosperidade de linhas aéreas especializadas no transporte, por demanda, de estrangeiros expulsos – algumas estimativas referem-se ao número total de estrangeiros então banidos da “Fortaleza Europa” em 200.000 anualmente.</p>
<p>Essas operações efetuam uma reductio ad absurdum da política de imigração, transformando-a numa simples cerimônia penal e num mito burocrático brutal. Elas não são ritos de passagem, que marcam uma transição de um “antes” para um “depois”, mas sim o que Pierre Bourdieu chama de ritos de instituição, que desenham uma fronteira precisa entre aqueles a quem o rito afeta – estrangeiros indesejados, sem documentos ou delinquentes, colocados todos juntos – e aqueles que não podem ser submetidos a ele – membros da comunidade de nacionais europeus, que, dessa maneira, é colocada à parte e consolidada. Elas pretendem dramatizar a capacidade de o Estado policiar suas fronteiras internas e proteger suas fronteiras externas através de dispositivos penais, do mesmo modo que ambas estão sendo descoladas sob a pressão da reestruturação econômica global, do lado do mercado, e da integração europeia, do lado da soberania política. Contudo, sob  cerrada inspeção, elas demonstram pouco mais do que o caráter patético dessa pretensão. </p>
<p>De um ponto de vista prático, as expulsões coletivas são extremamente pesadas, ineficazes e contraproducentes. Em primeiro lugar, são extraordinariamente caras: fretar um voo pode custar mais de 250 mil dólares, o que vale dizer que a meta da política do “um voo fretado por semana”, proclamada por ministros do Interior da França, é financeiramente insuportável. Em segundo lugar, elas não afetam, de forma marcante, a presença de migrantes sem documentos, uma vez que esses deportados via voos charters constituem menos de 10% do quantum de estrangeiros banidos anualmente, os quais, por sua vez, representam apenas uma fração da população total de estrangeiros ilegais presentes  no território francês (ou em outro país europeu). As expulsões penais têm como objetivo reafirmar a legalidade, mas acabam induzido à multiplicação de irregularidades administrativas e à rotinização de ilegalidades, bem como a uma violência sancionada pelo Estado que pode ganhar proporções homicidas (como no caso de Semira Adamu, uma nigeriana em busca de asilo, asfixiada até a morte em Bruxelas por dois guardas de fronteira, enquanto estava sendo mantida à força na poltrona do avião, num voo da Sabena para Lagos, em setembro de 1998).</p>
<p>Essas “cartas de estrangeiros” solapam o império da lei, dado que violam tanto o protocolo 4 da Convenção Europeia sobre Direitos Humanos, quanto o artigo 19 da Carta dos Direitos Fundamentais da União Europeia, que estipula que “as expulsões coletivas são proibidas” e que “ninguém pode ser mandado embora, expulso ou extraditado para um Estado onde existe um sério risco que ele [sic] estará sujeito à pena de morte, torturado, ou sofrerá outras sanções e tratamentos desumanos ou degradantes”.  As deportações em massa não exercem nenhum efeito dissuasivo perceptível nos fluxos de imigrantes. Finalmente, essas expulsões determinadas pelas cartas alimentam um profundo ressentimento nos países de emigração, onde são sentidas como uma humilhação coletiva, além de criarem uma fricção diplomática crônica com seus governos. </p>
<p><strong>Penalização, despolitização e racionalização</strong><br />
Em muitos aspectos, a difusão da expulsão de massa ritualizada de estrangeiros ilegais ou condenados na União Europeia como espetáculo penal equivale, enquanto analogia estrutural, à reintrodução dos grupos de presos acorrentados uns aos outros, dos uniformes listrados e de uma variedade de punições vergonhosas, que trazem de volta uma era passada de crueldade social para com os prisioneiros negros nos Estados Unidos. Em primeiro lugar, ela preenche a mesma função, a saber, levar ao conhecimento do público a ressurgente determinação penal das autoridades, mediante a revelação de seu compromisso em agir de uma maneira abertamente punitiva para com as categorias que obviamente perturbam a ordem simbólica (supra)nacional. E oferece um veículo expressivo para a ampliação social e para a legitimação cultural de sentimentos coletivos de ressentimento para com essas mesmas categorias.  Ademais, “as deportações por voos fretados” revelam-se apenas como financeiramente desastrosas, organizacionalmente ineficientes e penologicamente inúteis – se não contraproducentes –, do mesmo modo que os prisioneiros acorrentados. A expulsão sob o “duplo sentenciamento” é uma operação intensiva em trabalho, que absorve uma crescente parcela de recursos da polícia de fronteira, perturba o processamento normal de internos e agrava a superpopulação carcerária.</p>
<p>Tal como a reafirmação estilizada da punição pela punição que, temporariamente, previne a necessidade de enfrentar a ausência de uma filosofia de encarceramento operante nos Estados Unidos, a fixação na política de ingresso e expulsão de estrangeiros extracomunitários serve como um substituto e como um subterfúgio para a falta de uma política de incorporação de imigrantes e categorias assimiladas. A histérica obsessão com os primeiros contrasta fortemente com o “vertiginoso vazio de ação pública” no que concerne aos últimos, servindo-lhe, na verdade, como uma máscara (Faber, 2000). Do mesmo modo que a implantação do sistema carcerário para restringir e conter os segmentos problemáticos da comunidade afro-americana nos remanescentes dos históricos cinturões negros permite que os Estados Unidos continuem a não ter de levar em conta o tríplice legado da escravidão, do Jim Crow e do gueto urbano, o emprego do aparato penal para lidar com a imigração capacita a Europa a não ter de tratar com as situações embaraçosas e profundamente enraizadas que marcam o destino das sociedades pós-coloniais de seu antigo império, nem com as formas variadas de ostracização social e do Estado que continuam a perturbar a trajetória dos migrantes não europeus na vida nacional, mesmo quando eles conseguem obter o status legal.</p>
<p>Em seus inovadores estudos sobre as peregrinações de argelinos para e através da França, Adbelmalek Sayad mostrou como “a emigração-imigração sempre envolve duas ordens políticas, duas nações e duas nacionalidades, e não simplesmente dois países, duas sociedades ou duas economias, como estamos acostumados a considerar”. Isso quer dizer que ela expressa “uma relação de dominação entre diferentes formações socioeconômicas”; ela precipita a constituição de um nexo inter-Estados que é eminentemente político também naquilo que, necessariamente, causa “a transferência de cidadãos e, portanto, de nacionais, e, na análise final, de “sujeitos políticos”. Contudo, através desses rituais penais, como a expulsão coletiva, a “dobradinha” emigração-imigração é reduzida ao acontecimento singular da imigração, ela mesma reduz-se à presença ilícita e intolerável de estrangeiros pós-coloniais. Por intermédio dessas cerimônias de Esado, “a relação de Estado para Estado, que constitui a própria base da imigração [é] negada”, de modo que o fenômeno “se torna um assunto doméstico, pertencente unicamente à competência do Estado receptor” (Sayad, 1991). Esse Estado pode então agir (ou fingir que age) para extirpar e se ver livre de pessoas indesejadas, que, dessa maneira, estão eliminadas como nacionais e sujeitos politicos, assim como os condenados são removidos do mapa cívico dos Estados Unidos através de leis, abrangentes e irrestritas, de privação dos direitos civis. De ambos os lados do Atlântico, portanto, a penalização opera como um conduto para a despoliticização de problemas, para a divisão etnorracial e para a incorporação do imigrante, que são, essencialmente, políticas, uma vez que envolvem a definição de “integração” estrutural à comunidade nacional ou supranacional (como Seyla Benhabib e Michael Walzer mostraram).</p>
<p>Finalmente, a generalização das leis do “duplo sentenciamento” na Europa não apenas ajuda a produzir a própria criminalidade que essas leis supostamente deveriam suprimir, via “neutralização” geográfica dos aspirantes a infratores, visto que elas obrigam uma população cada vez maior e mais autocentrada de estrangeiros não documentados e deportados recorrentes a uma vida clandestina, que reúne emprego ilícito, subterfúgio administrativo, residência instável, manipulação de identidade e evitação das autoridades. Ela também institui um espaço jurídico bifurcado e assimétrico: os nacionais são sancionados uma vez pela infração criminal que perpetraram; já os estrangeiros são atingidos duas vezes, uma pelos atos que eles (elas) cometeram, e uma segunda vez por serem quem eles (elas) são. O fato de serem quem são determina uma dose extra de punição, enviando o sinal inequívoco de que ele (ela) não faz parte da comunidade cívica europeia emergente. Esse tratamento diferenciado faz parte da racialização de estrangeiros, na medida em que atribui à condição de estrangeiro uma propriedade inerentemente criminosa, o que justifica, automaticamente, um agravamento da punição. Por conseguinte, ser um estrangeiro extracomunitário funciona como uma desvantagem penal permanente e irremovível, muito próxima da maneira que vimos como o status do condenado funciona nos Estados Unidos.</p>
<p>Na verdade, os sentimentos anti-imigrantes nos países europeus têm uma história longa e prolífica. Estrangeiros e pessoas visivelmente “étnicas” foram recorrentemente associados, em todo o continente, e desde o advento da era urbano-industrial, à ocorrência de desordens, variando de ameaças à saúde pública e da dissidência política,<br />
à degeneração sexual e a crimes de ruas. A trajetória da migração transfronteira através do Velho Mundo é registrada pela interação, como contraponto, do nacionalismo ascendente e da explosiva xenofobia. Porém, se o rancor antiestrangeiro é uma constante relativa ou, pelo menos, um fator recorrente, a configuração que se cristaliza na virada do milênio difere de repetições anteriores da transformação capitalista e do conflito etnorracial em, ao menos, três importantes aspectos.</p>
<p>Em primeiro lugar, os nacionais do Velho Mundo enfrentam, atualmente, uma dupla ameaça: uma desponta de baixo, através da consolidação da “invasão estrangeira” não desejada nas regiões inferiores do espaço social, tornada palpável pela gradual conversão da migração por trabalho em migração permanente; a outra vem de cima, disfarçada de um processo jurídico e burocrático de integração europeia, que converge com a revolução global neoliberal para despojar o Estado nacional de sua capacidade de penetrar no corpo social e protegê-lo. Esse movimento em pinça exarceba o sentimento de vulnerabilidade e rivalidade de grupo na base da estrutura social e intensifica a busca por bodes-expiatórios coletivos, bem como a compulsão em excluí-los e não de absorvê-los.</p>
<p>Em segundo lugar, o emprego da polícia, dos tribunais e das prisões para lidar com os estrangeiros extracomunitários faz parte de uma mudança mais ampla, e historicamente datada, do bem-estar social para o tratamento penal das categorias e dos territórios problemáticos nas metrópoles dualizadas. Para ser mais preciso, a “expulsão” de imigrantes tanto dos bairros decadentes das camadas desfavorecidas (mediante uma intensidade desproporcional de detenções, julgamentos e encarceramentos), quanto do território nacional (mediante a expulsão criminal e o banimento administrativo) serve como uma ponta de lança para implementar a penalização da pobreza urbana, projetada para complementar a desregulamentação econômica e a redução das despesas de cunho social. Isso se dá porque a administração penal dos estrangeiros provoca menos resistência e até mesmo apoio às políticas punitivas por parte das frações precárias da classe trabalhadora nativa, que constituem seu principal contraponto.</p>
<p>E, finalmente, a penalização atinge categorias vulneráveis e estigmatizadas, tendo como pano de fundo a decomposição da classe trabalhadora e de seus territórios históricos, de modo que nenhuma força centrípeta de solidariedade pode agir, efetivamente, em contraposição a ela.  Em períodos anteriores de transformação econômica, o conflito industrial e a mobilização sindical forneciam tanto um veículo organizacional operante quanto um idioma poderoso, capaz de unificar os segmentos desagregados da força de trabalho de vários países, de fundir questões de trabalho e comunidade e de converter “estrangeiros em nacionais”. Misturando nacionalidade com classe no interior e nas imediações dos locais de trabalho, sindicatos e diversas associações de trabalhadores uniram-se a partidos de esquerda para configurar um bloco compacto, apresentando reivindicações coletivas ao Estado que transpuseram e mesmo apagaram supostas linhas étnicas na esfera pública. Hoje em dia, a fragmentação da classe trabalhadora em unidades domésticas atomizadas enfrenta, simultaneamente, uma crise estrutural de reprodução no mercado de trabalho, nos bairros e também no sistema escolar, e, ao mesmo tempo, os trabalhadores estão sendo privados de voz no campo político pela virada à direita dos partidos socialistas. Essa mudança retirou os imigrantes sem qualificação do espaço de proteção institucional e cultural com o qual contaram no período anterior de consolidação de classe, ancorado na aliança keynesiano-fordista.</p>
<h3>Conclusão</h3>
<p>Não é, pois, a hostilidade contra os estrangeiros que é nova, nem o grau de alteridade cultural ou de distintividade fenotípica da última onda de migrantes que explica a acentuada elevação na proeminência dos estrangeiros na cena criminal e sua maciça presença nas prisões da Europa. Não, o que assistimos é a uma capacidade e a uma propensão muito maiores do Estado em lançar mão de seus recursos penais, tanto no nível nacional, quanto no supranacional para “resolver” os problemas que os estrangeiros colocam ou corporificam, sejam eles reais ou imaginados, conectados à peregrinação trans-fronteira ou transferidos das arenas mais amplas e movimentadas do trabalho, do lugar e da identidade.</p>
<h3>Cite este artigo</h3>
<p>WACQUANT, Loïc. Extirpar e expelir: sobre a administração penal dos migrantes pós-coloniais na União Europeia. <strong>Revista Estudos Políticos:</strong> a publicação eletrônica semestral do Laboratório de Estudos Hum(e)anos (UFF) e do Núcleo de Estudos em Teoria Política (UFRJ). Rio de Janeiro, nº 5, pp. 25–32, Dezembro 2012. Disponível em: http://revistaestudospoliticos.com/. </p>
<h3>Notas</h3>
<p>* Artigo lido (<em>in absentia</em>) no Encontro da Associação Escocesa de Criminologia, realizado em 11-12 de setembro de 2003, na Universidade de Edinburgo, Escócia.</p>
<p>[1] N. do T. – O chamado “sistema de Jim Crow” foi o regime legal de discriminação e segregação que vigorou no Sul predominantemente agrário dos Estados Unidos, dos anos 1890 até a revolução, era dos direitos civis dos anos 1960. Esse sistema consistia em um conjunto de códigos sociais e legais que prescreviam a completa separação das “raças” e limitavam, de maneira drástica, as oportunidades dos afro-americanos, ligando-os aos brancos por uma relação de submissão difusa, apoiada na coerção jurídica e na violência.</p>
<h3>Referências bibliográficas</h3>
<p>Benhabib, Seyla. Citizens, Residents, and Aliens in a Changing World: PoliticalMembership in the Global Era. <em>Social Research</em>, 66, n. 3 (outono 1999): 709-744.</p>
<p>Bourdieu, Pierre. Rites of institution. In <em>Language and Symbolic Power</em>. Cambridge: Harvard University Press, [1982] 1991: 117-126.</p>
<p>Faber, Jean. <em>Les indesirables. L’integration à la française</em>. Paris: Grasset, 2000.</p>
<p>Sayad, Adbelmalek. <em>L’Immigration ou les paradoxes de l’altérité</em>. Bruxelas: DeBoeckUniversité, 1991.</p>
<p>Wacquant, Loïc. Deadly Symbiosis: When Ghetto and Prison Meet and Mesh. <em>Punishment &#038; Society</em> 3, n.1(inverno 2001): 95-133.</p>
<p>____. <em>Deadly Symbiosis: Race and the Rise of Neoliberal Penality</em>. Cambridge: Polity Press, 2008. </p>
<p>Walzer, Michael. Membership. In <em>Spheres of Justice</em>. Nova York: Basic Books, 1983: 31-63.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/extirpar-e-expelir-sobre-a-adminstracao-penal-dos-migrantes-pos-coloniais-na-uniao-europeia-por-loic-wacquant/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Interview with Noam Chomsky, by Cristina Buarque</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/interview-with-noam-chomsky-by-cristina-buarque/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/interview-with-noam-chomsky-by-cristina-buarque/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 17:45:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1558</guid>
		<description><![CDATA[Esta entrevista em PDF Interview with Noam Chomsky 1 Cristina Buarque 2 [14-24] 1Noam Chomsky is Professor Emeritus in the Department of Linguistics and Philosophy at the Massachussetts Institute of Technology and a political activist. 2Cristina Buarque is Professor in the Department of Political Science at the Federal University of Rio de Janeiro. A voice all but ignored by the mass [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p2-13.pdf" target="_blank">Esta entrevista em PDF</a></p>
<h5>Interview with Noam Chomsky <sup>1</sup></h5>
<h6>Cristina Buarque <sup>2</sup> [14-24]</h6>
<p><strong><sup>1</sup>Noam Chomsky </strong>is Professor Emeritus in the Department of Linguistics and Philosophy at the Massachussetts Institute of Technology and a political activist.<br />
<strong><sup>2</sup>Cristina Buarque </strong>is Professor in the Department of Political Science at the Federal University of Rio de Janeiro.</p>
<div style="height: 15px; overflow: hidden;"></div>
<h3></h3>
<p>A voice all but ignored by the mass media in the United States, in an ant-like effort of persistence, Noam Chomsky devotes two days every week to political militancy, even if his words barely make a ripple.<br />
During my stay as visiting researcher/professor at New York University, not too far from Chomsky’s office at the Massachusetts Institute of Technology, in Boston, I decided, very much the dilettante, to e-mail him requesting an interview for the <em>Revista de Estudos Políticos</em>. His e-mail was easily attainable through the faculty listing on the MIT website. “Why not give it a shot?” I thought. In my recent experience as the editor of the REP I have adopted a spirit of unabashed prodding and insistence, and learned to temper it by keeping expectations modest as a preemptive antidote for frustration. I have also learned to cope with a collection of answers in the negative as well as forgotten promises (not a few of them!). However, interspersed here and there, some have come in the positive and are not less celebrated. Chomsky’s personal reply, less than twenty-four hours later, therefore came as a complete and welcome surprise.<br />
Two months later I made the trip to Boston. An assistant in full control of his schedule had organized a neat line of interviewers in the hallway just outside his office that morning. I was the first one, and a young Muslim lady, tape cassette recorder in hand, stood beside me in second. I had been warned that the interview was not to go beyond the allotted forty minutes. And so it was.<br />
Taken by Chomsky’s soothing manner and tranquil elocution as we covered a range subjects, I began hoping there would be some leeway. But an abrupt interruption – vigorous knocks on the door – stranded me with a list of unanswered questions. Once again I tried my luck with digital correspondence. And once again it worked. I made one last question by e-mail and received an answer promptly.<br />
The interview now in the reader’s hands, begins with Chomsky’s more general reflections on the scope and boundaries of human knowledge concerning society. In order to discuss ideology, Chomsky shifts to aspects of US politics in the domestic and international context. He comments on the limitations of International Relations theory and its obliviousness to class interest. I then steer the interview to the subject of Brazil and the Dilma Rousseff administration. Chomsky underscores progress made under the leadership of Lula, of whom he seems to nurture a special fondness. He praises some Brazilian actions in the international scene, mentioning its role in Honduras and the attempt to intervene in Iran. However, he laments the UN-mandated mission in Haiti. Despite marked optimism, he underscores the persistence of two large issues: still staggering and social inequality and the alarming threats to the environment. The interview then returns to the United States, its trajectory of development and its waning power in Latin America. We briefly make a stop in the Arab world and its rapport with Iran, with Brazil as a potential mediator in negotiations. At which point the interview is interrupted by the abovementioned rapping at the door, but which continued for a few brief minutes, enough for interesting off the<br />
record remarks.<br />
Later, by e-mail, I received the e-mail containing the answer to my question: whether critiques aimed at him every made him reconsider his positions.<br />
Bev Stoll and Diogo Almeida made this encounter happen. Thiago Gomide Nasser transcribed and translated the interview into Portuguese.</p>
<p><strong>Cristina Buarque</strong><br />
Prof. Chomsky, thank you very much for agreeing to meet me today.<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Glad to.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
To start with, I would like to ask you a question about your views on human knowledge, and its relationship to social issues. You have said in the past that the so-called social sciences are in fact ideological disciplines. With this in mind, there are two parts to this question. The first one is: does this criticism stem from what you perceive to be inherent limitations of their object of study or is this criticism directed to how their object is actually approached?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong></p>
<p><iframe src="http://www.youtube.com/embed/hIegqJNeaJo" height="113" width="200" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe></p>
<p>Well, actually, in the latter sense, it would be a criticism. That is, they should be as free as possible in their investigations from the presuppositions and assumptions and framework of beliefs and goals, and so on, that they have. But to say that they have those presuppositions and assumptions and beliefs, is not a criticism&#8230; I mean, you can’t stop being a human being. And you&#8230; what you’re gonna look for, the kinds of questions you’ll ask, what you’ll put aside as irrelevant and so on, is always gonna reflect some&#8230;. you know, some framework of beliefs and understanding that you bring to the subject, and that’s true if you study quantum physics, it’s true if you study societies. When it’s a matter of studying societies, we tend to call it ideology, so you don’t call it ideology when you’re studying physics, but&#8230; you can’t&#8230;. there is no such thing as inquiry that doesn’t come from some framework that determines what you look at, what you don’t look at, what’s important&#8230;. it’s impossible&#8230; I mean, you can’t inquire otherwise.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
The second part of that same question is: do you think that learning more about these fields could be relevant to a non-academic who wants to understand the political scenery they live in?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong></p>
<p><iframe src="http://www.youtube.com/embed/uDO_4Y_acAw" height="113" width="200" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe></p>
<p>Well, I think there’s a lot to learn from the study of societies, economies and political systems&#8230; how they function, how popular will is related to public policy&#8230; I mean&#8230; endless number of questions, and the social sciences can – in fact do – contribute to a lot of very useful information&#8230; I mean, I use it all the time in my work.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
Ok, so there is a possible dialogue between these two worlds&#8230;?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Yeah, I mean&#8230;<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
&#8230;. non-academic and academic?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
If I read Political Science Quarterly, I usually learn something relevant, even if I don’t agree with the writers.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
I’d like to shift to a question concerned specifically with political science. Its current understanding was mainly shaped in the behaviorist revolution in the 50s, and this paradigm shift was allegedly motivated by an attempt to render political thinking more objective and less ideological. To that purpose, the dynamics of political institutions started being studied as a largely autonomous and independent phenomenon. What, if any, do you consider to have been the political consequences of this shift?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong></p>
<p><iframe src="http://www.youtube.com/embed/w1mobRmhvSM" height="113" width="200" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe></p>
<p>Well, for one thing, I don’t think it’s a shift towards being less ideological, it’s a shift towards being differently ideological. In fact, not really that different, but&#8230; So, again, there are issues that are discussed and aren’t, I mean&#8230; every issue of a journal you read, it becomes obvious. And so, for example, last night I just happened to be reading a&#8230; one of the&#8230; I think maybe the best journal of international affairs, diplomatic history, which is a very good open journal and they’re&#8230; they’re questioning the concept&#8230; there is a series of articles on regionalism, and they’re basically questioning the reliance in international relations theory, on notions like national interest, and they’re saying “well, this really is a&#8230; not a very clear notion, that’s omitting a lot of things”, and they study some of the things it’s omitting, like for example the differences of&#8230; in regions.<br />
So&#8230; the south in the United States tends to have different concerns than the northeast, which is true, but the crucial issue, the crucial reason why national interest IR theory is kind of missing the point – if you like – is it doesn’t consider class interest. So it doesn’t consider the crucial difference between&#8230; say&#8230; the corporate sector and the working class, and their concerns about what policy ought to be, and they’re very different. And furthermore, that difference affects policy very directly, because the former are the decision makers, not the latter. But that issue just&#8230; it is barely discussed&#8230; so you can discuss regional concerns, but as soon as you touch class issues, it’s&#8230; you’re kind of off the spectrum, even though those are critical ones.<br />
Well, that’s ideology, it’s a set of choices you’re making about what you think is important. And it’s one that’s very closely related to the nature of the society. And so as it shows up, for example, in the social movements, and take, say, the civil rights movement. If you want to study the civil rights – in the United States – if you want to study it seriously, you have to notice a major element of&#8230; a crucial element, right at the center.<br />
As long as&#8230; let’s take Martin Luther King as a symbol of the civil rights movement.<br />
As long as he was focusing attention on racist sheriffs in Alabama, it was fine for the elite opinion who was honored to&#8230;. you know&#8230; make a hero, this is Martin Luther King day&#8230;. and on Martin Luther King day everyone reads his I have a dream speech from 1963,<br />
and that’s fine.<br />
Well, what happened after 1963? Very quickly he turned attention to two things<br />
class issues and the Indochina war, and he was completely smashed, you know&#8230;. If you look at what happened after that&#8230; you don’t read his I have a dream speech in 1968. There was one, in fact, on the day he was assassinated. He was in Memphis, Tennessee, supporting a sanitation workers’ strike, and he was about to lead a march from Memphis to Washington, of civil rights activists, where they were organizing… going to organize a sort of a movement of the poor, which&#8230; you know there is a race issue, because there is a race-class correlation, but much broader. Well, he was assa&#8230; he gave his speech, an eloquent speech, in which he said – he used a biblical analogy – he said “ I feel that I’m like Moses, I can see the Promise land; I’m not going to get there, but you’ll get there. And the Promise land will be a land of justice and equality and freedom, and overcoming the class oppression”, and then he was assassinated.<br />
The march nevertheless took place, led by his wife, Coretta King, and they went through the contested regions of the south, the big struggles that they had&#8230; they ended up in Washington – I have to recall that this is the most liberal congress in American history – and they set up a tent city in Washington, Resurrection City&#8230; Congress ordered the security forces to go in the middle of the night and destroy it and kick it out of town, and they were driven out of town. Ok, that part&#8230; all this part of Martin Luther King’s legacy is not celebrated on Martin Luther King day, in fact it’s considered a kind of a blot on his record, along with his condemnation of the Vietnam war. And that shows, if you look at the effects of the civil rights movement in the north, there are some effects, but it basically goes&#8230; continued on very racist lines, because class issues were involved, and that you just<br />
don’t touch&#8230;<br />
In fact I think the United States, some years ago – maybe this is still true – but a few years ago, last time I looked, the United States was one of the very few countries where the Census bureau, which takes detailed statistics on everything you could imagine, doesn’t include class. If people try to do studies of, say, class-health relations, and the way they have to do it is by looking at race-health relations, which are studied, and then try to determine the class status of the people of the various races, by other criteria, and indirectly they can get class-health statistics. Well, that’s deeply embedded in the culture, for obvious reasons based in the system of power in the society&#8230; it affects all work that’s done in&#8230;in&#8230; just about every field. Including, for example, what I described yesterday, that I was reading yesterday; it’s just this&#8230; it’s kind of like a part&#8230; it’s part of the perspective that intellectuals bring to things. You don’t look at it, you know. And it’s, by now, deeply embedded in the general culture.<br />
And so, for example, I have a friend who teaches history at a state college, one of the better state colleges. And she told me that she asks – and she’s teaching an incoming class in world history – on the first day she asks students to identify their class, and she says “what class are you in?”, and they have two answers: if your father is a janitor, you’re middle class, if your father is in jail, you’re underclass. That’s&#8230; the class structure of the society. Is the national interest of the janitor the same as the CEO? Well, this question doesn’t come up in the study of international affairs and national policy. Ok, that’s&#8230; yeah&#8230; I mean&#8230; It’s not wrong to have a set of assumptions and perspectives, but you should be open and upfront about it. And as soon as you are you can see how much&#8230; how much the set of assumptions that’s generally – not universally – but generally brought to studies does reflect the structure of power inside the society. Well, that should be a central topic of study. It’s not&#8230; I don’t want to say it’s ignored, like you can find discussion of it – but it should be right<br />
at the center.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
So, I’d like to change gears a bit and talk about Brazil. It’s been ten years now that the Workers’ Party has been in power. Our former president, Lula, has ended his second term with record popularity ratings, and our current president, Dilma Rousseff, has been extremely popular since she was sworn in. And it does not seem unreasonable to imagine that we may still have another four years with Dilma from 2014 on. So&#8230; what challenges, if any, does such a long stay in power pose to the different segments of the Brazilian Left, such as the different social and environmental movements, unions, and so on?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong></p>
<p><iframe src="http://www.youtube.com/embed/RlxaygEvOt8" height="113" width="200" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe></p>
<p>Well, I knew Lula somewhat before he was elected and I have very high opinion of him, and… in the early&#8230; his early programs have&#8230; I did join those who were critical of them, felt they should have moved more towards social issues rather than paying off the banks. But, in retrospect, I think he made choices that were defensible, maybe not the best&#8230; But I think things have&#8230; you know, by comparative standards, I think, things worked out moderately well, could have been better, but&#8230; what couldn’t? Considering the pressures in the choices, maybe this was a reasonable thing to do. There are very serious issues, and they remain. I mean, for one thing, Brazil remains one of the most unequal societies in the world. I mean, it’s&#8230; little improved, because of the&#8230; the support programs, which didn’t help people. But the gulf between the very wealthy and the huge mass of impoverished people is enormous.<br />
The environmental problems are serious. I mean, the&#8230; destruction of the Amazonian region continues&#8230; yeah&#8230; it’s a problem not only for Brazil but for the world. The Amazon is kind of an oxygen source for the entire world. The logging is very dangerous, it’s very harmful to the indigenous people. There is some effort to protect the indigenous people, it’s good that there’s some effort, but it’s by no means enough. Before Lula’s election, I happened to meet with MST leaders, and I asked about their relation to the PT. They said that they’re not part of it, you know, they have the wrong goals and concerns, they may have sympathetic cooperation on some issues but they’re keeping separate from it. And I think their issues have not really been addressed; it’s the most important popular movement in the world, I think, has done very significant things, but it remains an outside movement which&#8230; with aspirations that are not fulfilled.<br />
And there are a lot of interesting things going on in Brazil, but aren’t necessarily&#8230; aren’t government policies, like participatory budgeting, for example, it’s an important development, things like that could spread and be significant&#8230; So it’s an exciting place.<br />
I think there are&#8230; there’s nothing new, but there are real problems with the development model. I mean, a development model that’s based on&#8230; primarily on&#8230; primary product&#8230;. The export is&#8230; first of all it’s not stable, but it also is&#8230;. it can be harmful. It yields what’s called the resource curse&#8230; you know, it distorts currencies, it undermines domestic production&#8230; you’re relying more and more on import of foreign goods and so on. I don’t think any developed country ever developed that way, certainly the United States didn’t&#8230; it’s a&#8230; and I think that’s a fundamental problem that has to be resolved.<br />
Actually, the US model is kind of an interesting one. For a century, Brazil has been called the potential colossus of the south, you know, corresponding to the colossus of the north. So how does the colossus of the north get to be colossus of the north? Well, it was given. Back at the time, in the American Revolution, there was economic advice given, advice on what’s called sound economics. In fact the principles that the IMF and the Washington, the Treasure’s Department, and that economics professors still give, it was given by Adam Smith, a good source. They instructed the colonies that they should follow the laws of sound economics, and they should keep to what was later called their comparative advantage, which was a production of primary products, and they should import from England, its superior industrial goods, manufactured goods, at that time primitive manufacturing, but it was there.<br />
They should certainly not try to impose tariffs and develop their own industry competitive with England. And crucially they should not try to monopolize the central commodities – and remember the essential commodity, in that period, was cotton. Cotton was the oil of the early industrial revolution, which took off from textiles and so on &#8211; so we shouldn’t monopolize cotton. That was the advice, and that’s sound economics, right out of the Washington consensus today. Well, the colonies were independent, and so they were free to violate all the principles of sound economics, which they did.<br />
They immediately established high tariffs, to bar superior British manufacturers, and that enabled the beginning of the textile industry, which is the beginning of economic development&#8230; The spin offs from that, the things that provide the industry with needed materials and so on&#8230; went on through developing a steel industry, rejecting superior British steel, developing their own steel industry. Meanwhile, they went on to try to monopolize cotton, and that was the reason for the&#8230; the primary reason for the annexation of Texas and the invading&#8230; the conquest of half of Mexico, it was an open effort to try to monopolize cotton&#8230; They didn’t quite make it but came close. And the purpose of that was&#8230; both for industrial development&#8230; for domestic development, but also for international reasons – you have to recall in those days the big enemy was Britain &#8211; they had the big Army and big Navy and so on, they were&#8230; constraining the colonies, that’s why… they tried several times but they never conquered Canada, because the British were on their way, they couldn’t conquer Cuba, because the British Navy was on the way&#8230;<br />
So if you look back in the 1840s, the presidents were openly saying “if we can monopolize cotton, we can bring Britain to our feet, because we’ll control their main economic resources”. In fact what they were trying to do, just what was charged ridiculously, to Saddam Hussein, when they invaded Kuwait, of course it was outlandish but (the charge) was trying to monopolize oil. Well that’s just what the American colonies did, exactly the opposite of the precepts of sound economics, and the country developed, by the late 19th century it was the richest country in the world, it had rich agricultural, mineral, other resources, but did develop industrially, and in fact, this is not unique. Every developed country, starting with England, has followed pretty much the same course. So, reliance on primary commodity production has never worked, and there’s no reason to believe it ever will, so I think&#8230; it’s a mixed story in Brazil, it does have industry and so on, but there’s a question about the direction the economy ought to take, and there’s plenty of questions about the fundamentally internal and social problems in Brazil. Some steps have been made, but&#8230; long way to go.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
As you have noted repeatedly in the past, the last ten years in Latin America have been characterized by increasing unification and integration, which you view as pre-requisites for independence. Brazil is undoubtedly a major element in this movement, and it has aspirations of leadership in the region, as can be seen, for instance, in the mediating role it took during the Honduran coup, and its presence in Haiti. In parallel to these regional aspirations, Brazil has also made explicit its global ambitions, as can be seen for instance in the bid for a permanent seat in the UN security council, and the mediating role it tried to take in 2010, during the dispute over Iran’s nuclear energy program. Considering there is a fine line between cooperative leadership and politics of imposition, how do you think Brazil’s regional and global aspirations will affect the integration process in Latin America?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong></p>
<p><iframe src="http://www.youtube.com/embed/Ydnzfp5AZHo" height="113" width="200" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe></p>
<p>Well, as always, I think it’s a mixed record, so I think a lot of the things you mentioned are quite positive and constructive, like with regard to Honduras&#8230; it didn’t work, but Brazil did have a positive role, same with regard to agreement with Turkey and Iran on low enriched uranium&#8230; which was actually an interesting incident, because Brazil was following a policy recommended by the United States, in fact, after the diplomatic flap, Brazil released a letter that Obama had written to Lula recommending exactly what they did. As soon as they did it, the US backed off and rammed through a security council resolution which undermined the effort, which could have resolved – or at least mitigated – whatever conflict there is over Iran but&#8230; it was a failed step but a good one.<br />
On the other hand, Haiti is a different story. I think the multinational force in Haiti, the MINUSTAH, has a very spotty and quite negative role, in fact a large part of the population wants them out, because they are a destructive occupying force, so that’s a different, different issue. Quite apart from the fact that it did introduce cholera into the country&#8230; not Brazil, but the force did. So it’s, it’s&#8230; generally&#8230;. again, by comparative standards, one of the better records in the world, maybe the best, but not spotless. As far as Latin America is concerned, I think it’s quite dramatic what’s happened in the past ten years&#8230; it has&#8230; you said&#8230; you know, this used to be the US backyard, used to be that&#8230; we have practical sovereignty over the continent and our law is fiat over the continent, Richard Olney, which was only&#8230; as late as 1973, when the Nixon administration was planning the overthrow of the Chilean government, the National Security Council warned that&#8230; if we can’t control Latin America, how are we gonna control the rest of the world?<br />
Well, that’s all in the past. In the last ten years, the United States has not controlled of Latin America&#8230; and South America has pulled out very extensively; there’s no military basis left, for example. The United States still has plenty of military personnel operating, mainly in Colombia, and in fact building it up, but it’s a very different picture from what it was 15 years ago. And in fact it became very striking at the Cartagena conference just a couple of weeks ago, the hemispheric conference and the summit which was held in Colombia, it never came out with a formal declaration, and the reason is they couldn’t reach agreement on the major issues, and one major issue was admission of Cuba, which the US just vetoed&#8230;. rest of the hemisphere wanted them in&#8230; not Canada, US and Canada rejected it, over the overwhelming support of the rest of the hemisphere – Brazil leading the way – and it’s very unlikely that there will be another meeting, unless Cuba is admitted, so that was one thing; the other was drugs. Most of the hemisphere wants to move towards decriminalization, the United States and Canada flatly reject it.<br />
Now, the drug problem is very serious for Latin America. I mean, Mexico&#8230; it’s a monstrosity&#8230; in Colombia is part of the&#8230; is one major part of the reason why maybe 150,000 people have been killed by paramilitaries in recent years, according to the attorney general&#8230; not a small thing. Same elsewhere. But the US is adamant, and the problem is, in the United States, both a demand problem for drugs, and a supply problem, something which is rarely discussed&#8230; that the guns mostly come from the United States. And we have statistics for Mexico, because it studied the bureau of alcohol and tobacco and fire arms, the US government bureau does collect guns in Mexico that are confiscated and studied, and their latest report found that about 70% are coming from the United States. And, furthermore, their composition has changed. So, a couple of years ago, they maybe were pistols, now they’re assault riffles, and next year there’ll be more.<br />
That’s a problem internal to the United States; you and I can walk into a store in Arizona and pick up an assault riffle and hand it over to our friendly Mexican cartel member, who will pay for it and ship it across the border, and Mexico’s suffering from that; there are 50.000 people killed in the country, being thorn to shreds, and it goes right down the hemisphere, so&#8230; the Mexican Presidents&#8230; I haven’t seen a poll, but I assume a large part of the population wants to move towards decriminalization. US flatly refuses&#8230; end result&#8230; no&#8230; no announcement from the conference. Well, I think this is a step towards what’s likely to happen, namely, it’s very likely that the OAS &#8211; Organization of American States – will decline or maybe disappear, US-run basically, and will be replaced by something like CELAC – the recently formed organization of Caribbean and Latin American countries – which excludes the US and Canada. But that would have been unimaginable, 15 or 20 years ago, let alone 50 years ago.<br />
That’s a major change in world affairs, and for Latin America, it’s really of historic importance; this is after all the first time since the Spanish and Portuguese explorers came, some 500 years ago&#8230; it’s the first time that there are successful moves, there have been attempts, but the first time there’s successful moves towards some kind of integration, like UNASAUR or commercial relations and so on, and a degree of&#8230; a significant degree of independence. It’s a major change in world affairs and, for Latin America, extremely important. And it could be&#8230; and partially is, the basis for facing the real scandal of Latin America. I mean, Latin America is very rich, it’s potentially a very rich area. So for example if you compare it with east Asia, it has enormous advantages&#8230; resources, no conflicts, no major conflicts, and so on. But East Asia has&#8230; developed, and Latin America hasn’t. And if you look at the reasons, which have been studied, they’re pretty straightforward. In Latin America&#8230; the internal structure of the societies is&#8230; over&#8230; quite generally is a very wealthy, a very small, Europeanized&#8230; sometimes white, elite, and a huge mass of poverty. And the Europeanized elite is internationally-oriented, not domestically-oriented.<br />
One consequence is that the countries don’t have much to do with each other. Even the road systems&#8230; I was in northern Chile a couple of years ago, in a meeting with Aymara indians, who were very concerned that their community may in fact disappear and maybe the language will disappear; you take a look where they are&#8230; now there’s a road that goes right into Bolivia, where the Aymara indians are running the country, but the connections are so&#8230; so much broken, you know, due to war, you know, won by England, a century ago, that they don’t even communicate, you know&#8230; That’s being overcome&#8230; Others effects are revealed simply by comparing import. So imports into East Asia tend to be capital goods, designated for industrial development; imports into Latin America have typically been concentrated in luxury goods, and for the tiny elite.<br />
And same with capital flight, capital export&#8230; where you send your children to go to college or whatever it may be&#8230; So East Asia developed pretty much the United States did, by violating all the laws of sound economics, while Latin America has maybe been the most faithful servant of the IMF, and earlier colonial arrangements were not very different, and we see the results… and there was a period of growth in Latin America, there was the period of&#8230; basically&#8230; import substitution industrialization&#8230; but that ended with this neo-liberal shift in the 1980s, and now it’s beginning to resume.<br />
It, it&#8230; took place under very ugly conditions, like, in Brazil, there was economic growth, but under kind of like&#8230; neo-Nazi, military dictatorship&#8230; substantially&#8230; very strongly supported by the US, even its imposition. But there was growth&#8230; and the same throughout the hemisphere. It changed very shortly in the 80s, with the imposition of what’s called sound economics, and now there’s a kind of liberation from that. And maybe these internal problems can be seriously faced. They’re very striking. You see, every country, so take let’s say Bolivia, what happened in Bolivia is quite remarkable, the most repressed part of the population in the continent – indigenous population – actually took over.<br />
That’s pretty remarkable. But there’s a quick, an immediate backlash from the eastern area, where the&#8230; most of the resources happen to be in, which is under the control of the traditional Europeanized, partially white elite, and they want to&#8230; actually they want to succeed, but they certainly want at least autonomy, they want to block the indigenous-based development model, and it became pretty brutal, and then there were dozens of peasants killed and so on, looked like a civil war might break out. At that point there was an intervention by UNSAUR, which Brazil led in many ways, which was pretty successful, it prevented it and restored governmental authority. These things don’t end, but there are moves in a positive direction, and all of that is enormously significant, I mean the US, at this point, doesn’t even try to control Latin America, as you could see at Cartagena.<br />
It may be excluded from the hemisphere, which is a really dramatic change. It’s a… actually things like that have been happening for a long time&#8230; the US domination of the world, which was overwhelming in the 1940s, has been declining ever since. It started declining in the 1940s, in fact, with China moving towards independence but&#8230; it’s been continuing since&#8230; it’s still overwhelming, but nothing like it was, and the&#8230; what’s called the “loss of Latin America”, meaning the move towards independence in Latin America, is a real significant part of it – not just for Latin Americans, for the whole world system – and Brazil was, to get back to your point, Brazil’s efforts to assume a more significant role in the international system are part of this. So far they haven’t really succeeded very much, but there are steps, I think, in a good direction. Examples include: what you described, like the Turkish agreement with Iran, which was abortive, but a very a positive move. Others were&#8230; it’s happening all the time&#8230; and so for example in the Libya&#8230; attack on Libya, which was really just the three imperial powers, traditional imperial powers, France, England and the United States&#8230; there was overwhelming opposition in the world, in favor of at least an effort to undertake diplomacy and negotiations, to try to head off a humanitarian crisis, which in fact took place, and Brazil was a leading part of it&#8230; the BRICs countries, with Brazil playing a major role, were opposed, South Africa was opposed, Turkey was opposed, and similar in the case of Iran, which is a major issue that could break out into a horrible war&#8230; and once again, the United States and Europe are pretty isolated, if you look at world opinion, it isn’t&#8230; it’s almost never reported, but if you actually look at how the world lines up on this issue, the United States and its European Allies are on one side, on the other side is virtually the rest of the world.<br />
China and Russia complain they aren’t part of it, India flatly rejects it, in fact it’s increasing its development trade relations with Iran, Turkey is increasing its commercial relations&#8230; The Arab world is extremely interesting, and what’s reported is that the Arabs support the United States on Iran, but that’s a reference to the Arab dictators. The&#8230; sort of contempt for democracy among intellectual elites – we’re back to ideology again – the contempt for democracy is so profound that if the dictators support us that means the Arab support us, but what about public opinion? Well, if you have real contempt for democracy, you don’t care&#8230; but we know a lot about Arab public opinion, it’s studied regularly by the leading western polling agencies, indigenous ones as well, and they come out with essentially the same results&#8230; the Arab world doesn’t like Iran, there are old conflicts that go back to Persian- Arab conflicts way back&#8230; they don’t like Iran, but they don’t regard Iran as a threat, a few percent regard Iran as a threat. They regard the United States as a threat. And in fact oposition… and Israel – which they regard as kind of like an appendage to the United States – … and in fact opposition to US policy is so strong, that a majority – and in some countries like Egypt a considerable majority – think that the region would be better off if Iran had nuclear weapons.<br />
The isolation of the traditional imperial powers is quite extreme&#8230; you would not guess this from reading either the media or even the professional literature. Professional, say Foreign Policy and Political Science literature, it’s not the impression they give&#8230; But it’s a fact. With Libya it was similar, and Brazil has a significant role in this&#8230; Could have a more significant role. Let’s take, say, the Israel-Palestine conflict&#8230; it’s never discussed in the west, but the fact is that there is an&#8230; there has been for decades&#8230; an international consensus on the solution, not a solution&#8230; at least a settlement, a short-term settlement, two-state settlement&#8230; it’s been blocked by the United States, and cannot get anywhere, because the US and Israel impose crucial pre-conditions on negotiations. Now, that’s not what’s said, because the ideology is the United States is a neutral, arbiter and full of good will and so on, that’s a kind of dogma, so you can’t discuss it&#8230; But the fact of the matter is the US rejection has been blocking the settlement.<br />
The pre-condition for negotiation is the US must run them. Well, that makes about as much sense as saying that let’s say Shiite – Sunni conflicts in Iraq should be mediated by Iran&#8230; if anybody said that you’d laugh, and well, this is quite similar. That pre-condition guarantees that nothing will happen. If there was a serious negotiating process, it would be managed by some neutral party that has some international credibility, and theres no better choice than Brazil. It has a lot of international credibility, it’s kind of a neutral party, but you can’t&#8230; to even mention that in the west would elicit total incomprehension, you know&#8230; another sign of the depth of imperial ideology, you just can’t conceive that anything can happen unless the traditional imperial powers run it, which makes it neutral, you know. Well, these ideological commitments are very profound, and they are pervasive you find them everywhere&#8230; But Brazil could help lead the way in breaking that down, I think it is already doing so, even if early attempts have been abortive.</p>
<h3>Afterword</h3>
<p>Many questions were left behind because of the short time and I decided to choose one of them, which allowed a quick answer, to ask him by e-mail. The question was “In your extensive career as a public intellectual, have you ever reconsidered your opinions on any particular political issue? If so, which ones, and what made you reconsider? ” The following day I received his answer: “Often. To pick an early example, in speaking about the Vietnam war in the early ‘60s I criticized the US decision to intervene in a civil war.  The veteran non-violent peace activist Barbara Deming pointed out to me that was actually a US invasion of South Vietnam, and since then I’ve kept to that accurate designation.”</p>
<h3>Quote this interview</h3>
<p>BUARQUE, Cristina. Interwiew with Noam Chomsky. <strong>Journal of Political Studies </strong>(<em>Revista Estudos Políticos</em>): online journal published twice a year by the Laboratory for the Hum(e)an Studies (<em>Laboratório de Estudos Hum(e)anos, Fluminense</em> Federal University, Brazil), and the Center for the Study of Political Theory (<em>Núcleo de Estudos em Teoria Política</em>, Federal University of Rio de Janeiro, Brazil). Rio de Janeiro, no 5, pp. 14–24, December 2012. At: http://revistaestudospoliticos.com/.</p>
<h3>Note</h3>
<p>[1] Chomsky NT paraphrases here Richard Olney, who occupied the Attorney General to the Secretary of State during the Grover Cleveland administration, besides other public offices and the position of Ambassador. The passage alluded by Chomsky, delivered when Olney was Secretary of State, refered to a border dispute between Venezuela and England, which became known as the Olney interpretation of the Monroe Doctrine, extending to the rest of the American continent the rejection of European interference. In full: “Today the United States is sovereign on this continent Practically and its fiat is law upon the subjects to which it confines its interposition &#8230;. its infinite resources combined with its isolated position render it master of the situation and the Practically invulnerable against any or all other powers.”</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/interview-with-noam-chomsky-by-cristina-buarque/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Entrevista com Noam Chomsky, por Cristina Buarque</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/entrevista-com-noam-chomsky-por-cristina-buarque/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/entrevista-com-noam-chomsky-por-cristina-buarque/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 17:07:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1553</guid>
		<description><![CDATA[Esta entrevista em PDF Entrevista com Noam Chomsky 1 Cristina Buarque 2 [2-13] 1Noam Chomsky é professor emérito do Departamento de Linguística e Filosofia do Massachussetts Institute of Technology e ativista político. 2Cristina Buarque é professora do Departamento de Ciência Política da Universidade Federal do Rio de Janeiro. Sem eco nos grandes e médios meios de comunicação [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p14-24.pdf" target="_blank">Esta entrevista em PDF</a></p>
<h5>Entrevista com Noam Chomsky <sup>1</sup></h5>
<h6>Cristina Buarque <sup>2</sup> [2-13]</h6>
<p><strong><sup>1</sup>Noam Chomsky </strong>é professor emérito do Departamento de Linguística e Filosofia do Massachussetts Institute of Technology e ativista político.<br />
<strong><sup>2</sup>Cristina Buarque </strong>é professora do Departamento de Ciência Política da Universidade Federal do Rio de Janeiro.</p>
<div style="height: 15px; overflow: hidden;"></div>
<h3></h3>
<p>Sem eco nos grandes e médios meios de comunicação nos Estados Unidos, Noam Chomsky dedica dois dias da semana a uma militância formiguinha, de pequeno ou mínimo alcance. Esta rotina abnegada foi o que me permitiu chegar até ele. Em temporada na New York University, relativamente próxima do seu escritório no Massachusetts Institute of Technology, em Boston, decidi, por puro diletantismo, enviar um e-mail com solicitação de entrevista para a Revista Estudos Políticos. Encontrei sem dificuldade o seu endereço na página do MIT, em meio à lista do corpo docente. Não custa tentar, pensei. Na recente experiência como editora da REP, acostumei-me a um espírito de tentativa e insistência, diluído em expectativas moderadas como antídoto para frustrações. Acostumei-me também a colecionar nãos e promessas esquecidas (tantas!) em meio a escassos e comemorados sims. A resposta de Chomsky, de próprio punho, menos de vinte e quatro horas depois da minha primeira tentativa de contato, veio, portanto, como<br />
surpresa completa.<br />
Cerca de dois meses depois, apresentei-me no seu escritório. A assistente que tem controle completo sobre sua agenda organizava no pequeno corredor no lado de fora da sala a fila de entrevistadores daquela manhã. Fui a primeira. Depois de mim, uma jovem muçulmana com gravador em mãos, daqueles com fita cassete. Eu havia sido alertada que teria rigorosamente quarenta minutos para a entrevista. E assim foi. Embalada pelos modos calmos e pela fala tranquila de Chomsky, que passeava por assuntos vários, cheguei a acreditar que o tempo seria mais elástico. E o corte abrupto – precipitado por vigorosas batidas na porta – me deixou com uma lista de perguntas por fazer. Saí de lá entre excitada e frustrada. Mais uma vez, arrisquei a comunicação eletrônica. Mais uma vez, deu certo. Fiz uma última pergunta por e-mail e recebi a resposta em tempo brevíssimo.<br />
A entrevista que o leitor tem em mãos, e nos ouvidos também, começa com uma reflexão mais geral sobre os alcances e os limites do conhecimento humano sobre a sociedade. Para tratar o tema da ideologia, Chomsky desloca sua fala para aspectos da política norte-americana nos contextos nacional e internacional. Comenta restrições da teoria das relações internacionais, alheia à realidade dos interesses de classe. Conduzo-o então ao Brasil e ao governo Dilma Roussef. Ele ressalta avanços da era Lula, por quem parece nutrir especial apreço. Destaca atuações acertadas no cenário internacional, como o caso Honduras e a tentativa da intervenção junto ao Irã. Lamenta, contudo, a missão no Haiti. A despeito de marcado otimismo, destaca a persistência de dois grandes problemas no país: a desigualdade social ainda alarmante e os maus-tratos ao meio ambiente. Volta aos Estados Unidos, comenta sua trajetória de desenvolvimento e sua perda de poderes sobre a América Latina. Aporta no mundo árabe e suas relações com o Irã, assinalando o Brasil como mediador potencial de negociações com o país. As batidas na porta encerram a conversa, que ainda seguiu breves minutos com interessante declaração off-camera. Depois, por e-mail, recebi resposta para a pergunta sobre se alguma crítica dirigida a ele já o fez repensar suas posições.<br />
Bev Stoll e Diogo Almeida tornaram este encontro possível. Thiago Nasser transcreveu e traduziu para o português.</p>
<p><strong>Cristina Buarque</strong><br />
Professor Chomsky, muito obrigada por ter aceito me receber hoje.<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Fico feliz em fazê-lo.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
Para começar, eu gostaria de fazer uma pergunta sobre sua visão a respeito do conhecimento humano e sua relação com questões sociais. O senhor afirmou repetidas vezes que as chamadas Ciências Sociais são na verdade disciplinas ideológicas. A partir desta ideia, esta pergunta se desdobra em duas partes. A primeira delas é essa crítica tem origem em limitações inerentes ao objeto de estudo das Ciências Sociais ou está direcionada à maneira como este objeto é de fato abordado?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Bem, na verdade, nesse segundo sentido, seria uma crítica. Isto é, elas devem ser tão livres quanto possível em suas investigações de pressuposições e pressupostos e da estruturação de crenças e metas, e assim em diante. Mas dizer que elas têm tais pressupostos e hipóteses e crenças não é uma crítica. Quero dizer, você não pode deixar de ser humano. E você&#8230; o que você vai buscar, os tipos de questões que você vai perguntar, o que você vai deixar de lado como irrelevante e assim por diante, sempre refletirá alguma estrutura de crenças e compreensão que você traz consigo ao tema, e isto é verdade se você estuda física quântica e é verdade se você estuda sociedades. Quando é o caso de se estudar sociedades, nós temos a tendência de dar o nome de ideologia, e você não chama de ideologia quando está estudando física, mas&#8230; você não pode&#8230; não existe algo como uma indagação ou pesquisa que não venha de alguma estrutura que determina o que você observa, o que você não observa, o que é importante&#8230; é impossível. Não existe qualquer outra alternativa de investigação.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
A segunda parte da mesma pergunta é<br />
o senhor acha que aprender mais sobre estas áreas do conhecimento poderia ser relevante para uma pessoa posicionada fora da academia que queira entender o cenário político no qual ela vive?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Bem, eu acho que há muito a se aprender com o estudo das sociedades, economias e sistemas políticos&#8230; como funcionam, como a vontade popular está relacionada às políticas públicas&#8230; há um número infinito de questões, e as ciências sociais podem – e de fato o fazem – contribuir com muitas informações bastante úteis&#8230; Quero dizer, eu as uso o tempo todo em meu trabalho.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
Ok, então existe um diálogo possível entre estes dois mundos&#8230;?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Sim, quero dizer&#8230;<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
&#8230;o não-acadêmico e o acadêmico?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Se leio o Political Science Quarterly geralmente aprendo algo relevante, mesmo se não concordo com os autores.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
Gostaria de deslocar o foco para uma questão relacionada especificamente com a ciência política. Sua atual concepção foi moldada principalmente na revolução behaviorista da década de 1950, e esta mudança de paradigma foi supostamente motivada por uma tentativa de tornar o pensamento político mais objetivo e menos ideológico. Com esse propósito, a dinâmica das instituições políticas começou a ser estudada como fenômeno em grande medida autônomo e independente. O senhor enxerga consequências políticas<br />
nesta mudança?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Bem, em primeiro lugar, não acho que seja uma mudança na direção de ser menos ideológico, trata-se de uma mudança na direção de ser ideologicamente diferente. Na verdade, nem tão diferente assim, mas&#8230; Então, retomando, existem questões que são discutidas e que não são, quero dizer&#8230;. toda vez que você lê um número de uma revista científica isso se torna óbvio. Por exemplo, ontem à noite eu estava lendo uma&#8230; uma das&#8230; eu acho que talvez a melhor revista na área de assuntos internacionais, história diplomática, que é uma revista aberta muito boa e eles&#8230; eles estavam questionando o conceito&#8230; há uma série de artigos sobre regionalismo, e eles estavam basicamente questionando a dependência, na teoria de relações internacionais, em noções como interesse nacional, e chegaram à conclusão que “na verdade essa não é uma noção muito clara, muitas coisas estão sendo omitidas”, e eles estudam algumas das coisas que estão sendo omitidas, como por exemplo as diferenças [dentro das] regiões.<br />
Então&#8230; o sul dos Estados Unidos tende a ter preocupações diferentes das da região nordeste, o que é verdade, mas a questão crucial, a razão crucial pela qual a teoria das relações internacionais baseada no conceito de interesse nacional está de alguma forma passando ao largo do ponto essencial – se posso dizer assim – é que os interesses de classe não são levados em conta. Portanto, ela não considera a diferença crucial entre&#8230; digamos&#8230; o setor empresarial e a classe trabalhadora, as suas preocupações em relação às políticas públicas e como elas devem ser, são visões muito diferentes. E, além disso, esta diferença afeta as políticas públicas muito diretamente, porque o setor empresarial é quem toma as decisões, e não os trabalhadores. Mas essa questão&#8230; quase não é discutida&#8230; você pode discutir questões regionais, mas assim que você toca em questões de classe, é&#8230; você está meio que fora do radar, apesar destas questões serem as mais críticas.<br />
Bem, ideologia é isso, um conjunto de escolhas que você faz a respeito do que acredita ser importante. E é uma escolha que está intimamente relacionada à natureza da sociedade. E como aparece, por exemplo, nos movimentos sociais, e se tomemos como exemplo, digamos, o movimento pelos direitos civis. Se você quer estudar o movimento pelos direitos civis – nos Estados Unidos – se você quer estudá-lo seriamente, deve perceber um elemento crucial, no centro da questão. Tomemos Martin Luther King como um símbolo do movimento pelos direitos civis. Enquanto ele estava focando a atenção nos xerifes racistas do Alabama, estava tudo bem na opinião da elite, que se sentia honrada de&#8230; sabe&#8230; fazer dele um herói: “temos o dia [feriado] de Martin Luther King”&#8230; e no dia de Martin Luther King todo mundo lê seu discurso I have a dream de 1963, e está tudo bem.<br />
Bem, o que aconteceu depois de 1963? Muito rapidamente ele voltou sua atenção para duas coisas: questões de classe e a guerra da Indochina, e foi completamente esmagado. Se você olhar para o que aconteceu depois disso&#8230; você não lê seu discurso em 1968. Houve um, de fato, no dia em que ele foi assassinado. Ele estava em Memphis, no Tennessee, apoiando uma greve de trabalhadores do setor de saneamento, e estava prestes a liderar uma marcha de Memphis a Washington de ativistas de direitos civis, onde eles estavam organizando&#8230; iam organizar uma espécie de movimento dos pobres, que&#8230; você sabe, há uma questão de classe, porque há uma correlação raça-classe, mas muito mais ampla. Bem, ele foi assassi&#8230; ele proferiu seu discurso, no qual ele disse – ele usou uma analogia bíblica – ele disse “Eu sinto que sou como Moisés, posso ver a Terra Prometida; não vou chegar lá, mas vocês vão chegar lá. E a Terra Prometida será uma terra de justiça e igualdade e liberdade, e superação da opressão de classe” e logo depois foi assassinado.<br />
A marcha ainda assim aconteceu, liderada por sua esposa, Coretta King, e atravessou as regiões no sul onde havia contestações, as grandes dificuldades que eles tiveram&#8230; eles acabaram em Washington – devo lembrar que aquela legislatura era a mais liberal da história americana até então – e eles montaram um acampamento em Washington, apelidada de Cidade da Ressurreição&#8230; O Congresso ordenou que as forças de segurança invadissem no meio da noite e a destruíssem e expulsassem todos de lá. Ok, esta parte&#8230; toda esta parte do legado de Martin Luther King não é celebrada no dia de Martin Luther King. Na verdade, é considerada uma espécie de mancha em sua história, junto com sua condenação da guerra do Vietnã. E isto mostra, se você olha para os efeitos do movimento pelos direitos civis no norte, existem alguns efeitos, mas basicamente&#8230; a coisa continuou em linhas muito racistas, porque questões de classe estavam envolvidas, e simplesmente não se deve tocar nesse assunto&#8230;<br />
De fato, creio que os Estados Unidos, há alguns anos – talvez isso ainda seja verdade – mas há alguns anos, da última vez que olhei, os Estados Unidos eram um dos pouquíssimos países onde o Censo, que coleta estatísticas detalhadas sobre tudo que você possa imaginar, não inclui classe. Se as pessoas tentarem fazer estudos sobre, digamos, relações entre classe e saúde, o que elas têm que fazer é olhar para as relações entre raça e saúde, o que se estuda, para depois tentar determinar a classe das pessoas das diversas raças, através de outros critérios, e desse modo, indiretamente, obter estatísticas da relação entre classe e saúde. Bem, isto está profundamente impregnado na cultura, por razões óbvias baseadas no sistema de poder na sociedade. Isto afeta todo o trabalho que é feito em quase todas as áreas. Incluindo, por exemplo, o que eu descrevi acerca do que estava lendo ontem; faz parte da perspectiva que os intelectuais trazem em suas abordagens. Você não olha para aquilo, sabe. E a essa altura é algo profundamente incorporado na cultura geral.<br />
Por exemplo, eu tenho uma amiga que é professora de história em uma universidade estadual, uma das melhores universidades estaduais. Ela é professora de história mundial para uma turma de calouros e me disse que no primeiro dia de aula ela pede aos alunos que identifiquem sua classe, ela pergunta “a qual classe vocês pertencem?”, e eles têm duas respostas: se seu pai é um zelador, você é de classe média, se seu pai está na prisão, você é de classe baixa. Essa é a estrutura de classes na sociedade. O interesse nacional para o zelador é o mesmo que para o executivo chefe de empresa? Bem, esta pergunta não aparece no estudo de relações internacionais e política nacional. Não é errado ter um conjunto de suposições e perspectivas, mas você deve ser aberto e direto com relação a isso. E a partir do momento em que você pode ver o quanto&#8230;. o quanto o conjunto de suposições que é comumente –não universalmente – mas comumente trazido para os estudos reflete a estrutura de poder dentro da sociedade. Bem, esse deveria ser um tópico central de estudo. Não é. Não quero dizer que seja ignorado, é possível encontrar discussões sobre isto, porém elas deveriam estar bem no centro.<br />
<strong>Cristina Buarque</strong><br />
Bom, eu gostaria de mudar de tema e falar sobre o Brasil. Há dez anos o Partido dos Trabalhadores está no poder. Nosso último presidente, Lula, terminou seu segundo mandato com índices recordes de popularidade, e nossa presidente atual, Dilma Rousseff, tem sido extremamente popular desde que tomou posse. E não parece exagerado imaginar que ainda podemos ter mais quatro anos com Dilma a partir de 2014. Quais os desafios que uma permanência tão longa no poder colocam para os diferentes segmentos da esquerda brasileira, tais como os diferentes movimentos sociais e ambientais, sindicatos e assim<br />
por diante?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Bem, eu conheci um pouco o Lula antes de sua eleição e tenho uma opinião muito positiva a seu respeito. No começo, seus programas foram&#8230; Eu estava entre aqueles que o criticavam, que sentiam que ele deveria ter se voltado mais para questões sociais ao invés de pagar os bancos. Mas, em retrospectiva, acho que ele fez escolhas que eram defensáveis, talvez não as melhores. Em perspectiva comparada, as coisas funcionaram relativamente bem, poderia ter sido melhor, mas&#8230;. o que não poderia? Considerando as pressões nas escolhas, talvez esta tenha sido uma coisa razoável a se fazer. Existem questões muito sérias, e elas permanecem. Quero dizer, uma delas é que o Brasil continua sendo uma das sociedades mais desiguais do mundo. Houve uma melhora, ainda que pequena, por causa dos programas de assistência, que não ajudavam as pessoas. Mas o abismo entre os muito ricos e a grande massa de pessoas empobrecidas é enorme.<br />
Os problemas ambientais são sérios. A destruição da região Amazônica continua. Sim, trata-se de um problema não só para o Brasil mas para o mundo. A Amazônia é uma espécie de fonte de oxigênio para o mundo inteiro. O corte de árvores é muito perigoso, é muito prejudicial para a população indígena. Existe algum esforço para proteger a população indígena, é bom que exista algum esforço, mas não é de forma alguma suficiente. Antes da eleição do Lula, eu me encontrei com líderes do MST, e eu lhes perguntei sobre sua relação com o PT. Eles disseram que não fazem parte do partido, que [o partido] tem objetivos e preocupações equivocadas. Eles podem sustentar uma cooperação solidária em algumas questões, no entanto, estão se mantendo separados. E eu acho que suas questões não foram realmente abordadas; é o movimento popular mais importante do mundo, eu acho, fez várias coisas significativas, mas permanece um movimento “de fora”, com aspirações que não estão realizadas.<br />
E há muitas coisas interessantes acontecendo no Brasil, mas não são necessariamente&#8230; não são políticas governamentais, como o orçamento participativo, por exemplo. Trata-se de uma novidade importante, coisas assim podem se espalhar e se tornar significativas. Então é um lugar excitante. Eu acho que existem&#8230; não há nada novo, mas existem problemas reais com o modelo de desenvolvimento. Quero dizer, um modelo de desenvolvimento que é baseado principalmente em produtos primários&#8230; A exportação em primeiro lugar não é estável, e é também&#8230; ou pode ser prejudicial. Resulta no que é chamado de “a maldição dos recursos”&#8230; você sabe, ela distorce o câmbio, enfraquece a produção doméstica&#8230; você passa a depender cada vez mais da importação de bens estrangeiros e assim por diante. Não acho que nenhum país desenvolvido tenha se desenvolvido desta forma, certamente não os Estados Unidos. Eu acho que este é um problema fundamental que precisa ser resolvido.<br />
Na verdade, o modelo dos Estados Unidos é interessante. Há um século o Brasil tem sido chamado de potencial colosso do sul, em analogia ao colosso do norte. Como o colosso do norte se tornou o colosso do norte? Naquela época, na Revolução Americana, recomendações econômicas eram dadas, recomendações a serem seguidas em supostos princípios de “economia sólida” (sound economy). Na verdade, os princípios que o FMI e Washington, o Departamento de Tesouro, e os professores de economia ainda dão, foi dado por Adam Smith, uma boa fonte. Eles instruíam as colônias, dizendo que elas deviam seguir as leis da economia sólida, e elas deviam continuar com o que foi chamado posteriormente de vantagem comparativa, que era uma produção de produtos primários, e elas deveriam importar da Inglaterra seus bens industriais superiores, bens manufaturados, naquela época manufatura primitiva, mas estava lá.<br />
Elas certamente não deveriam impor tarifas e desenvolver sua própria indústria capaz de competir com a da Inglaterra. E, crucialmente, elas não deveriam tentar monopolizar as principais commodities, lembrando que a mercadoria essencial naquele período era o algodão. O algodão foi o motor do início da Revolução Industrial, que decolou a partir dos têxteis e assim por diante. Enfim, não devíamos monopolizar o algodão. Estas eram as recomendações, e isto é economia sólida, um conselho que poderia ser diretamente extraído do Consenso de Washington nos dias de hoje. Bem, as colônias eram independentes, e portanto elas eram livres para violar todos os princípios da economia sólida. E foi o que fizeram.<br />
Imediatamente estabeleceram tarifas altas, com o intuito de barrar a manufatura britânica de maior qualidade, e isto possibilitou o começo da indústria têxtil, que é o início do desenvolvimento econômico. Os efeitos disto, o desenvolvimento de indústrias paralelas de fornecimento e assim por diante, continuaram através do desenvolvimento de uma indústria de aço, da rejeição do aço britânico superior, do desenvolvimento de sua própria indústria de aço. Enquanto isso, eles começaram a tentar monopolizar o algodão, e esta foi a razão para, a principal razão para a anexação do Texas e a invasão e a conquista de metade do México. Foi um esforço aberto para tentar assegurar o monopólio do algodão. Não conseguiram, mas chegaram perto. E o propósito disso visava tanto o desenvolvimento industrial, o desenvolvimento interno, mas também tinha um escopo internacional. É preciso lembrar que naquela época o grande inimigo era a Grã-Bretanha. Eles tinham o grande exército, a grande força naval, e assim por diante, eles estavam&#8230; restringindo as colônias. Por esse motivo tentaram várias vezes sem sucesso conquistar o Canadá, pois a Marinha britânica estava a caminho. Não puderam conquistar Cuba, porque a marinha britânica estava a caminho&#8230;<br />
Se você olhar para trás, lá por volta da década de 1840, verá que os presidentes estavam dizendo abertamente “se nós pudermos monopolizar o algodão, podemos trazer a Grã-Bretanha aos nossos pés, pois controlaremos seus principais recursos econômicos”. Na verdade, o que eles estavam tentando fazer foi [o mesmo] que ridiculamente acusaram Saddam Hussein de estar fazendo quando da invasão do Kuwait, a absurda acusação de estar tentando monopolizar o petróleo. Bem, isto foi exatamente o que as colônias americanas fizeram, exatamente o contrário do que dizem os princípios de economia sólida, e o país se desenvolveu. Já no final do século XIX era o país mais rico do mundo, possuía riqueza de recursos agrícolas, minerais e outros, entretanto, se desenvolveu industrialmente. De fato, isso não é um caso único. Todo país desenvolvido, a começar pela Inglaterra, seguiu basicamente o mesmo caminho. Portanto, apoiar-se exclusivamente na produção de bens primários nunca funcionou, e não há motivos para acreditar que jamais vá funcionar, então eu acho&#8230; a história brasileira é misturada, o país possui indústria e tal, mas existe uma questão fundamental quanto ao rumo que a economia deve tomar, e existem muitas questões sobre os problemas internos e sociais fundamentais no país. Alguns passos foram dados, mas há um longo caminho a ser percorrido.</p>
<p><strong>Cristina Buarque</strong><br />
Como o senhor já observou diversas vezes, os últimos dez anos na América Latina foram caracterizados por crescente unificação e integração, que seriam pré-requisitos para a independência. O Brasil é sem dúvida um dos principais fatores deste movimento, e tem aspirações de liderança na região, a exemplo do papel mediador que exerceu durante o golpe em Honduras e também da sua presença no Haiti. Paralelamente a estas aspirações regionais, o Brasil também tornou explícitas suas ambições globais, o que é visível, por exemplo, na reivindicação de um assento permanente no Conselho de Segurança das Nações Unidas, e no papel mediador que tentou assumir em 2010, durante a disputa relacionada ao programa de energia nuclear do Irã. Considerando que existe uma linha tênue entre liderança cooperativa e política impositiva, como o senhor acha que as aspirações regionais e globais do Brasil vão afetar o processo de integração na<br />
América Latina?<br />
<strong>Noam Chomsky</strong><br />
Bem, como sempre, eu acho que o histórico é misto, logo, na minha opinião, muitas das coisas que você mencionou são bastante positivas e construtivas, como no que diz respeito a Honduras&#8230; não funcionou, mas o Brasil teve um papel positivo, o mesmo vale para o acordo com a Turquia e o Irã em relação ao urânio enriquecido. Foi de fato um incidente interessante, porque o Brasil estava seguindo uma política recomendada pelos Estados Unidos, na verdade, depois da crise diplomática, o Brasil liberou uma carta que o Obama havia escrito a Lula recomendando exatamente o que eles fizeram. Assim que o fizeram, os Estados Unidos deram para trás e forçaram uma resolução do conselho de segurança que minava o esforço, que poderia ter sido resolvido – ou pelo menos mitigado – o conflito com relação ao Irã mas&#8230; foi um passo que falhou, mas foi um bom passo.<br />
O Haiti, por outro lado, é uma estória diferente. Penso que a força multinacional no Haiti, a MINUSTAH, tem um papel duvidoso e negativo. É fato que uma grande parte da população os quer fora de lá, porque eles são uma força de ocupação destrutiva, então é diferente, é uma questão diferente. Bem, a parte o fato de que introduziram a cólera no país&#8230; não o Brasil, mas a força o fez. Então é&#8230; é&#8230; em geral&#8230; de novo, em termos relativos, é um dos melhores históricos no mundo, talvez não o melhor, mas não é imaculado. No que diz respeito à América Latina, penso que o que aconteceu nos últimos dez anos representa uma mudança dramática. A América Latina costumava ser o quintal dos Estados Unidos, como disse Richard Olney, temos soberania prática sobre o continente e seu <em>fiat</em> é lei no continente. Não faz muito tempo, em 1973, quando o governo Nixon estava planejando a deposição do governo chileno, era possível ainda ouvir coisas como o National Security Council alertando “se não podemos controlar a América Latina, como podemos controlar o resto do mundo?”<br />
Bem, isso tudo está no passado. Nos últimos dez anos, os Estados Unidos não têm controlado a América Latina&#8230; e a América do Sul se afastou significativamente; não resta nenhuma base militar, por exemplo. Os Estados Unidos ainda têm um grande efetivo militar em operação, principalmente na Colômbia, um efetivo militar crescente, mas é um cenário muito diferente do que era há 15 anos. E na verdade isto ficou muito evidente na conferência de Cartagena ocorrida há duas semanas. A conferência hemisférica e cúpula, sediadas na Colômbia, não foi conclusa com uma declaração formal, e o motivo foi que eles não conseguiram chegar a um acordo a respeito das questões principais, e uma das questões principais era a entrada de Cuba, que os Estados Unidos vetaram&#8230; o resto do hemisfério os queria dentro&#8230;. não o Canadá, os Estados Unidos e o Canadá rejeitaram, a despeito do acachapante apoio do resto do hemisfério – com o Brasil liderando – e é muito improvável que haja outra reunião, a não ser que Cuba seja admitida&#8230; então isso foi uma coisa; a outra coisa foi a questão das drogas. A maior parte do hemisfério quer ir na direção da descriminalização, os Estados Unidos e o Canadá rejeitam isso terminantemente.<br />
Então, o problema das drogas é muito grave para a América Latina. Quero dizer, no México&#8230; é uma monstruosidade&#8230; na Colômbia é parte do&#8230; é uma grande parte do motivo pelo qual talvez 150 mil pessoas foram mortas por paramilitares em anos recentes, de acordo com o procurador-geral&#8230; não é uma coisa pequena. O mesmo em outros lugares. Mas os Estados Unidos são determinados, e o problema é que, nos Estados Unidos, há tanto um problema de demanda de drogas, e um problema de fornecimento, o que raramente é discutido&#8230; as armas vêm principalmente dos Estados Unidos. E temos estatísticas para o México, porque há estudos do Departamento de Álcool, Tabaco e Armas de Fogo, o governo americano coleta armas no México que são confiscadas, e estudou&#8230; e seu último relatório revelou que em torno de 70% vieram dos Estados Unidos. E, além disso, sua composição se modificou. Então, há poucos anos, eram talvez pistolas, agora são fuzis, e ano que vem<br />
será mais.<br />
Este é um problema interno dos Estados Unidos. Você e eu podemos entrar numa loja no Arizona e comprar um fuzil e entregá-lo a um amigável membro de cartel, que vai pagar por ele e enviá-lo através da fronteira, e o México está sofrendo com isso; existem 50 mil pessoas que são mortas no país, sendo reduzidas a pó, e descendo no hemisfério acontece o mesmo, então&#8230; os presidentes mexicanos&#8230; eu não vi uma votação, mas presumo que uma grande parte da população queira mudar na direção da descriminalização. Os Estados Unidos recusam veementemente&#8230; resultado final&#8230; nenhum&#8230; nenhum anúncio na conferência. Bem, eu acho que esse é um passo na direção do que é provável que aconteça, a saber, é muito provável que a Organização dos Estados Americanos, a OEA, entre em decadência ou até mesmo desapareça, ou apenas sucumba ao controle dos Estados Unidos, e seja substituída por algo como a CELAC – a organização dos países caribenhos e da América Latina formada recentemente – que exclui os Estados Unidos e o Canadá. Isso seria inimaginável, 15 ou 20 anos atrás, que dirá 50 anos atrás.<br />
Esta é uma mudança enorme nas relações mundiais, e para a América Latina é de importância verdadeiramente histórica; esta é, afinal de contas, a primeira vez desde que os exploradores espanhóis e portugueses chegaram, há uns 500 anos&#8230; é a primeira vez que são dados passos com sucesso, houve tentativas, mas é a primeira vez que passos com sucesso são dados na direção de alguma espécie de integração, como a UNASAUR ou relações comerciais e assim em diante, e um grau de&#8230; um grau significativo de independência. É uma mudança enorme nas relações mundiais, e para a América Latina, extremamente importante. E poderia ser, e parcialmente é, a base para se encarar o real escândalo da América Latina. Quero dizer, a América Latina é muito rica, é potencialmente uma área muito rica. Por exemplo, se você comparar com o Leste Asiático, a América Latina tem vantagens enormes&#8230; recursos, sem conflitos&#8230; sem grandes conflitos, e assim por diante. Mas o Leste Asiático&#8230; se desenvolveu, e a América Latina não. E se você olhar para os motivos, que foram estudados, o recado é bem claro. Na América Latina a estrutura interna das sociedades é composta basicamente por uma elite, uma elite muito rica, muito pequena, europeizada, às vezes branca e uma grande massa de pobreza. A elite europeizada é voltada para o exterior, não é orientada domesticamente.<br />
Uma consequência é que os países não têm muita ligação entre si. Até mesmo os sistemas rodoviários [não são integrados]. Eu estive no norte do Chile há alguns anos, em um encontro com os índios Aymara, que estavam muito preocupados com a possibilidade de sua comunidade desaparecer e talvez sua língua desaparecer; se você olha onde eles estão, agora existe uma estrada que vai diretamente para a Bolívia, onde os índios Aymara estão comandando o país, mas as conexões são tão quebradas, devido à guerra, vencida pela Inglaterra, há um século, que eles nem se comunicam. Isso está sendo superado. Outros efeitos são revelados simplesmente fazendo uma comparação das pautas de importação. As importações no Leste Asiático tendem a ser bens de capital, designados para o desenvolvimento da indústria; importações para a América Latina são tipicamante concentradas em bens de luxo, e para a minúscula elite.<br />
E o mesmo vale para a fuga de capital, exportação de capital, para onde você manda seus filhos para a universidade ou o que quer que seja. O Leste Asiático se desenvolveu de forma bem parecida aos Estados Unidos, violando todas as leis da tal economia sólida, enquanto a América Latina talvez tenha sido o servo mais fiel do FMI, e arranjos coloniais antigos não eram muito diferentes, e nós vemos os resultados. E houve um período de crescimento na América Latina, houve o período de industrialização por substituição de importações, mas isso acabou com esta virada neo-liberal na década de 1980, e agora está começando a ser retomado.<br />
Isto&#8230; isto se deu em condições muito feias. No Brasil, houve crescimento econômico, mas sob uma ditadura militar, meio neo-nazista&#8230; substancialmente&#8230; fortemente apoiada pelos Estados Unidos, mesmo imposta por eles. Mas houve crescimento, e o mesmo aconteceu em todo o hemisfério. Isto mudou muito rapidamente na década de 1980, com a imposição dos chamados princípios econômicos sólidos, e agora há uma espécie de liberação em relação a ela. E talvez esses problemas internos possam ser seriamente encarados. Eles são muito impressionantes. Você vê, todo país, tome por exemplo a Bolívia, o que aconteceu na Bolívia foi bastante notável, a parte mais reprimida da população no continente – a população indígena – de fato assumiu o controle.<br />
É algo realmente notável. Mas houve uma reação rápida e imediata por parte da tradicional elite branca e europeizada do leste da Bolívia, onde por acaso está a maioria dos recursos naturais. Eles querem a secessão, ou pelo menos autonomia, eles querem bloquear o modelo de desenvolvimento indígena. A situação ficou violenta e dezenas de camponeses foram mortos. Parecia que uma Guerra civil estava para eclodir. Naquela altura, houve uma intervenção da UNASUR, liderada pelo Brasil de diversas maneiras, que teve bastante sucesso. Ela evitou a guerra civil e restaurou uma autoridade governmental. Essas coisas não acabam, mas há movimentos numa direção positiva e tudo isso é significativo. A essa altura, os Estados Unidos nem tentam mais controlar a América Latina, como ficou nítido em Cartagena.<br />
Os Estados Unidos podem ser excluídos do hemisfério, o que é uma mudança dramática. Isso vem acontecendo há um bom tempo. O domínio dos EUA, que era absoluto na década de 1940, desde então vem declinando. Começou a declinar na década de 1940 com a China seguindo uma orientação independente. E continua desde então. Sua influência continua fortíssima, mas nada comparado ao que era. O que tem sido chamado de “a perda da América Latina”, isto é, os deslocamentos no sentido de maior independência na América Latina, é uma parte significativa disso. Não apenas para a América Latina, mas para todo sistema-mundo. E o Brasil foi, voltando ao ponto que você propôs&#8230; os esforços do Brasil no sentido de assumir um papel mais significativo no sistema internacional se inserem nesse contexto. Até agora eles não tiveram tanto sucesso, mas são passos, creio eu, na direção correta. Exemplos são, como você descreveu, o acordo da Turquia com o Irã, que foi abortado, mas que representa algo positivo. Outros foram, isso acontece o tempo todo, por exemplo a Líbia, o ataque na Líbia, que foi encabeçado apenas pelos poderes imperiais tradicionais, a França, a Inglaterra e os Estados Unidos. Havia ampla oposição no resto do mundo, ou pelo menos havia um esforço diplomático e de negociação para tentar evitar uma crise humanitária, que acabou acontecendo, e o Brasil teve um papel de liderança, os países BRIC se opuseram, a África do Sul, a Turquia. Foi semelhante no caso do Irã, uma grande questão que poderia levar a uma terrível guerra. E, mais uma vez, os Estados Unidos e a Europa estiveram numa posição de isolamento. Se você olhar para a opinião mundial quase não há relatos disso. Todavia, se observamos como o mundo se alinha em relação a essa questão, os Estados Unidos e seus aliados europeus estão de um lado e virtualmente o resto do mundo está de outro.<br />
A China e a Rússia reclamam não integrar essa frente. A Índia a rejeita categoricamente e está de fato aumentando sua relação comercial com o Irã. O mesmo em relação à Turquia. O mundo árabe é extremamente interessante e o que se relata é que os árabes apoiam os Estados Unidos com relação ao Irã, mas isso na verdade é uma referência apenas aos ditadores árabes. O desprezo pela democracia entre elites intelectuais – o que nos traz de volta à ideologia – o desprezo é tão profundo que, se os ditadores nos apoiam, isto significa que os árabes nos apoiam. Mas, e a opinião pública? Bem, se você tem verdadeiro desprezo pela democracia, não importa. Temos muita informação sobre a opinião pública árabe, ela é estudada com regularidade pelos principais institutos ocidentais de pesquisa de opinião, institutos da própria região também, e os resultados obtidos são praticamente os mesmos&#8230; o mundo árabe não gosta do Irã, há conflitos que remontam aos conflitos entre persas e árabes. No entanto, eles não enxergam o Irã como uma ameaça. Apenas uma pequena porcentagem pensa assim. A ameaça real para eles são os Estados Unidos.<br />
E Israel, que para eles não passa de um apanágio dos Estados Unidos. E a oposição à política dos EUA é tão forte que uma maioria – e, em países como o Egito, uma ampla maioria – acredita que o mundo seria melhor se o Irã detivesse armas nucleares.<br />
O isolamento dos poderes imperiais tradicionais é muito extremo, você não suporia isso a partir da leitura da imprensa ou até mesmo de literatura especializada. A impressão dada por exemplo pela literatura de relações internacionais ou ciência política é outra. Mas se trata de um fato. Foi semelhante com a Líbia, e o Brasil teve um papel importante. E pode ter um papel mais importante. Vamos pegar por exemplo o conflito Israel-Palestina – isso nunca é discutido no Ocidente, mas o fato é que há um consenso internacional quanto a uma solução, não uma solução definitiva, mas um arranjo, um arranjo de curto prazo de dois estados que tem sido barrado pelos Estados Unidos e não vai a lugar nenhum porque os Estados Unidos e Israel impõem condições cruciais. Agora, isso é o não dito, pois a ideologia nos diz que os Estados Unidos adotam uma postura neutra, são um árbitro cheio de boa vontade e por aí vai, e isso é uma espécie de dogma, então isso não se discute.<br />
Mas o fato é que a rejeição dos Estados Unidos bloqueia esse acordo. A condição para que os Estados Unidos aceitem negociar é que eles controlem a negociação. Bem, isso faz tanto sentido quando achar que o conflito entre xiitas e sunitas possa ser mediado pelo Irã. Se alguém dissesse isso, você riria. Mas isso é bem semelhante. Essa condição assegura que tudo continue como está. Se houvesse um processo de negociação sério, uma das partes seria neutra e teria credibilidade internacional. E não há escolha melhor que o Brasil, que tem credibilidade e é de certo modo neutro. No entanto, isso nunca pode ser mencionado no mundo ocidental pois suscitaria total incompreensão. Outro sinal da profundidade da ideologia imperial. Você simplesmente não pode conceber que nada aconteça sem que as rédeas estejam nas mãos dos poderes imperiais, o que as tornam neutras segundo essa ideologia. Bem, esses compromissos ideológicos estão por toda parte, são profundos. Mas o Brasil pode ajudar a desconstruir isso, e creio que isso já esteja acontecendo, mesmo que as primeiras tentativas tenham sido abortadas.</p>
<h3>Posfácio</h3>
<p>Muitas perguntas foram deixadas de lado por causa do pouco tempo e decidi escolher uma delas, que permitia resposta rápida, para fazer por e-mail. A pergunta foi<br />
“Na sua longa carreira como intelectual público, o senhor já reconsiderou suas opiniões em algum assunto em particular? Caso positivo, quais assuntos e o que o fez reconsiderá-las?” No dia seguinte recebi sua resposta: “Com frequência. Para dar um exemplo antigo, ao falar sobre a Guerra do Vietnam no princípio dos anos 60, eu critiquei a decisão dos Estados de intervir numa guerra civil. Barbara Deming, ativista pacifista veterana assinalou que aquilo era na verdade uma invasão dos Estados Unidos no Vietnam do Sul, e desde então eu me atenho a esta designação acurada.”</p>
<h3>Cite esta entrevista</h3>
<p>BUARQUE, Cristina. Entrevista com Noam Chomsky<br />
<strong>Revista Estudos Políticos:</strong> a publicação eletrônica semestral do Laboratório de Estudos Hum(e)anos (UFF) e do Núcleo de Estudos em Teoria Política (UFRJ). Rio de Janeiro, nº 5, pp. 02–13, Dezembro 2012. Disponível em: http://revistaestudospoliticos.com/.</p>
<h3>Notas</h3>
<p>[1] N.T. Chomsky parafraseia aqui Richard Olney, que ocupou a Procuradoria Geral a Secretaria de Estado, durante o governo Grover Cleveland, além de outros cargos públicos e posto de embaixador. O trecho aludido por Chomsky, proferido quando Olney era Secretario de Estado a respeito de um disputa de fronteiras entre Venezuela e Inglaterra, ficou conhecido como a Interpretação Olney da Doutrina Monroe, efetivamente estendendo para o resto do continente americano a invectiva de não interferência europeia no hemisfério ocidental. Na íntegra: “Today the United States is practically sovereign on this continent and its fiat is law upon the subjects to which it confines its interposition&#8230;. its infinite resources combined with its isolated position render it master of the situation and practically invulnerable as against any or all other powers.” / “Hoje os Estados Unidos são praticamente soberanos nesse continente e seu fiat é lei sobre os sujeitos aos quais confina sua interposição . . . seu recursos infinitos combinados à sua posição isolada os torna mestre da situação e praticamente invulnerável contra qualquer ou todos poderes”.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/entrevista-com-noam-chomsky-por-cristina-buarque/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Editorial 5, 2012/02</title>
		<link>http://revistaestudospoliticos.com/editorial-5-201202/</link>
		<comments>http://revistaestudospoliticos.com/editorial-5-201202/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 16:56:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Kiraly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nº 5 (2012/2)]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistaestudospoliticos.com/?p=1546</guid>
		<description><![CDATA[Este Editorial em PDF Editorial 5, 2012/02 &#160; O quinto número da Revista Estudos Políticos tem cara nova. Ele inaugura o terceiro ano de edição da revista com a novidade do financiamento da Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado do Rio de Janeiro. Os editores deixam de ser faz-tudo e ganham uma equipe profissional [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a class="link_pdf" title="Editorial 5, 2012/02" target="_blank" href="http://revistaestudospoliticos.com/wp-content/uploads/2012/12/5p1.pdf">Este Editorial em PDF</a></p>
<h5>Editorial 5, 2012/02</h5>
<div style="height:99px;overflow:hidden;">&nbsp;</div>
<h4></h4>
<p>O quinto número da Revista Estudos Políticos tem cara nova. Ele inaugura o terceiro ano de edição da revista com a novidade do financiamento da Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado do Rio de Janeiro. Os editores deixam de ser <em>faz-tudo</em> e ganham uma equipe profissional para lidar com as diversas etapas da produção editorial.<br />
Há muito o que comemorar! </p>
<p>Na seção que inicia este número, Noam Chomsky é entrevistado por Cristina Buarque. O emblemático intelectual norte-americano trata de temas vários. Entre eles: ciência, ideologia, América Latina, governo Lula, questão ambiental e política exterior norte-americana. Ao final, Chomsky aponta o Brasil como mediador potencial do conflito Israel-Palestina.  </p>
<p>Na seção de artigos, Loïc Wacquant trata a questão da imigração pós-colonial nos países da União Europeia, com atenção para as práticas de expulsão e encarceramento desta população que corporifica o “exterior social e simbólico da Europa pós-nacional emergente”. Em seguida, o texto de Jessé de Souza aborda um tema-chave da obra de Marx, pertinente para a reflexão sobre a experiência social e política contemporânea: a dominação simbólica no capitalismo. No artigo subsequente, Malaia recupera os Jogos Sul-Americanos de 1922 a partir da extensa cobertura pela imprensa. Em meio às comemorações do centenário da Independência, o autor apresenta os termos da crítica política da época: “defesa das cores nacionais” ou “campeonato internacional das futilidades”? Em artigo sobre administração governamental dos interesses, Deluchey aponta os Conselhos Paritários, que concentram altos níveis de expectativa democrática, como “espaços de controle e desqualificação da participação da sociedade civil organizada”. Por fim, Victoria Haidar aborda o neoliberalismo a partir de um ângulo pouco usual: o problema do “como viver juntos”, normalmente ofuscado pela ênfase no individualismo. Com esta preocupação em mente, a autora se dedica à teoria muldimensional da comunidade na obra de Friedrich Hayek. </p>
<p>O novo design da Revista Estudos Políticos é assinado por Glória Aflalo. Este número contou com revisão técnica e de texto de Andressa Teixeira, traduções de Sérgio Lamarão e Thiago Nasser e assistência de edição de Bárbara Rossin.</p>
<p>Por fim, fazemos registrar que colaboraram com a Revista Estudos Políticos, até o seu terceiro número, seja na forma de trabalhos técnicos ou pareceres, os seguintes colegas: Belém Lopes, Bruno Sciberras de Carvalho, Carlos Sávio Teixeira, Celia Lessa Kerstenetzky, Dawisson Raphael Millet, Fernando Roberto de Freitas Almeida, Gabriel Tupinambá, Paulo Pereira, Renato Lessa e Sabrina Medeiros, a quem agradecemos muitíssimo por acreditarem no projeto e tornarem-no possível. </p>
<p>Cesar Kiraly e Cristina Buarque</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistaestudospoliticos.com/editorial-5-201202/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
